Agricultura

La vendimia más artesanal

La comarca de la Axarquía vuelve a recoger la uva moscatel de la manera más tradicional, con animales de tiro y sin maquinaria

06.09.2015 | 05:00

En pleno siglo XXI, la Costa del Sol cuida las vides como dictan costumbres de antaño

­­Seis de la mañana. Suena el despertador en Almáchar, El Borge, Moclinejo o Cómpeta. En el corazón de la comarca malagueña de la Axarquía, ese ancestral cruce de caminos fijado por los habitantes de Al-Andalus para separar un enclave de temperaturas extraordinariamente templadas durante todo el año, cientos de vendimiadores se preparan en pleno agosto para vivir una nueva jornada laboral. La mayoría conoce bien el oficio. Muchos de estos trabajadores lo aprendieron todavía niños y hoy por hoy lo consideran un excelente sobresueldo.

Suena el reloj. Son ya las siete. El sol «tardará en picar». Es la hora perfecta para empezar a vendimiar. Listos están los mulos, amigos inseparables para poder conducir la carga por empinadas laderas hasta los cortijos. Es tiempo de verano. Un periodo estival más seco que de costumbre. Mucha uva ha perdido parte de su jugo, si bien explican los expertos que el vino volverá a ser extraordinario, de entre los más premiados del mundo en cuanto a las bodegas más pujantes que atesora la Axarquía –Dimobe u Ordóñez–.

Jesús María Claros nos acompaña, pendiente arriba, por una de las fincas que en Almáchar destaca por la excelsa calidad de sus uvas. «Soy de Almayate, pero desde hace años me he especializado en la transformación de la uva en vino y puedo presumir hoy por hoy de tener en mi poder un máster en enología y viticultura; además de ser miembro de la Asociación de Sumilleres de Málaga Costa del Sol», relata.

Como colaborador de la marca Sabor a Málaga, nos sirve de guía extraordinario mientras se recogen las uvas que terminarán en las botellas de algunos de los más prestigiosos caldos de Andalucía. «El secreto de esta vendimia, además de que es temprana frente a la de otros rincones de la provincia de Málaga, está en la uva moscatel de Alejandría, la de grano gordo, la que da nombre a nuestra provincia y que se distingue de otras cercanas, como la de Manilva».

Coincide en este aspecto la opinión de Juan Muñoz, vendimiador pero sobre todo productor de algunos de los vinos que han otorgado fama internacional a su municipio, Moclinejo. En su caso, las uvas recogidas en localidades vecinas como Almáchar o El Borge, además de en Cómpeta, contribuirán a generar 200.000 botellas que terminarán en muchos casos en las mejores mesas de países como China o Sudáfrica.

«Ya se conoce en todo el mundo el hecho de que tenemos la mejor uva moscatel de todas. Aquí no se emplean medios mecánicos para sacarla de las viñas, nos servimos como desde hace siglos de mulos para que llegue en un estado óptimo», manifiesta. Jesús María añade que de esa forma se logra extraer en su estado óptimo «la perla de monte, la única uva, la moscatel de la Axarquía, que se puede tomar al natural, hecha vino y como pasas».

Como la viña que hoy pisamos, hasta otras 32 propiedades pertenecientes a otros tantos viticultores, se realiza la vendimia que terminará con la uva en una misma firma de vino. «Es el futuro de la comarca, de estas tierras. El caldo de calidad excepcional ha evitado que se sustituyan estas cepas que en algunos casos tienen siglos, con hasta tres metros de raíces, por otras variedades agrícolas», indica Muñoz. Para Claros otro secreto está en que las nuevas bodegas propician que el agricultor afronte la vendimia u otras tareas «a la carta». Muñoz controla los viñedos casi a diario, indica cuándo sarmentar o cuándo cortar determinados racimos para una u otra variante de vino.

Entre las peculiaridades de la vendimia de este año, las altas temperaturas. De hecho, la vendimia se adelantó unos días en la Axarquía, respecto a 2014. Este aspecto incrementó el mimo de los vendimiadores «para que las uvas fueran recogidas bien temprano». Muchas de las bodegas poseen cámaras en las que mantener el racimo «sin que coja temperatura». De hecho, cuando el sol empieza a caldear el ambiente, el vendimiador abandona la finca.

Miguel García, vendimiador de Vélez Málaga que suele desarrollar su labor en El Borge como complemento económico a su trabajo como auxiliar administrativo, nos confiesa que el denominado mosto flor, «extracto de la uva recién prensada», es de una calidad única en esta parte de la Costa del Sol. «Se acercan hasta nuestra zona viticultores norteamericanos, de media Europa y de otros países. Cuando ven lo que tenemos ya no lo dudan. La base de nuestros vinos es de una calidad única. Por eso seguimos pegados a las fincas que ya cultivaban nuestros bisabuelos, porque las viñas son las mismas. No hemos sembrado nuevas posturas», agrega.

Terrenos de «pizarra rota»

Por qué el moscatel elaborado con la uva de la variedad Alejandría es también diferente. Jesús María Claros incide en que las cepas se conservan desde hace décadas y décadas, hasta superar en algunos casos el siglo, sobre terrenos «de pizarra en descomposición», con una producción que no suele ser abundante, pero de calidad extraordinaria. «La poca agua que cae se mete entre la pizarra y se mete hasta muchos metros de profundidad, pero la raíces son largas y consiguen producir una uva única. Además, las pendientes de un 40 y 50 por ciento también logran unas características singulares, por la forma en la que las viñas están soleadas».

Algunos agricultores como él la llaman «vendimia heroica». Otros a esa pizarra tan singular, la denominan «rota». De una u otra forma, la vendimia en la Axarquía, ya finalizada, dará paso a las de otros territorios malagueños, como es el caso de Ronda. Una vez concluido este proceso, en cuanto a los responsables de las bodegas, quedará otro no menos apasionante: los seis meses que permitirán darle volumen en boca tras lograr homogeneizar el vino.

No ha sido un año cualquiera. Se temió por los estragos que podría producir el calor de julio o las escasas lluvias de este año. Pero finalmente la uva recogida en la Costa del Sol más oriental ha ofrecido unos aromas que prometen caldos óptimos. Así es que no volverá a defraudar, como casi siempre, la vendimia más singular de Europa, la única que se hace completamente a mano y sirviéndose de mulas para conducir la materia prima por las inclinadas pendientes de tan bello «cruce de caminos».

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