Tribunales

Condenado a 24 años por apuñalar 131 veces a su pareja, directora del Museo de Nerja

El jurado consideró probado que meses antes del crimen le dio un mordisco y la golpeó en distintas ocasiones

25.11.2015 | 13:34
Miguel Martínez Alba, junto a su abogado, el día del juicio.

La vecina del piso superior que escuchó a la mujer llorar y decirle al asesino «¿pero qué te he hecho yo?» llamó a la Guardia Civil.

El Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de Málaga ha condenado a 24 años de prisión por un delito de asesinato y otro de maltrato a Miguel Martínez Alba, pareja de Ana María Márquez, exdirectora del Museo de Historia Natural de Nerja, a la que le arrebató la vida dándole 131 cuchilladas y varios botellazos en la cabeza en su casa de Torrox Costa.

Según consta en el apartado de hechos probados del fallo, ambos se encontraban a las 10.30 horas del 8 de agosto de 2014 en la casa que ella tenía en Torrox Costa. En ese momento, se produjo una discusión en el curso de la cual el acusado se acercó por la espalda a su novia, que se encontraba en el dormitorio, «y le golpeó varias veces con una botella de vino en la parte posterior de la cabeza, debido a lo cual la víctima quedó, cuando menos, aturdida y sin posibilidad real de defenderse».

De ello se aprovechó el acusado para conseguir su propósito, dice el jurado, «que no era otro que el de acabar con la vida de Ana María». Seguidamente, la agarró del pelo y la arrastró hasta el cuarto de baño anexo al dormitorio, «arrancándole debido a ello numerosos mechones, mientras le decía: «¿Ya no quieres pelea, verdad».

Una vez allí, «la comenzó a apuñalar en el lado izquierdo del abdomen y en otras partes del cuerpo, para posteriormente arrojarla de espaldas dentro de la bañera, donde continuó asestándole cuchilladas», consta en el apartado de hechos probados.

En total, el encausado clavó el cuchillo en la víctima en 131 ocasiones, «con lo que pretendía no sólo causarle la muerte, sino también, de manera deliberada, producirle un sufrimiento adicional de carácter físico y moral, lo que efectivamente ocurrió».

A consecuencia de las heridas, especialmente las que afectaron al cuello y al tórax, «algunas de las cuales seccionaron vasos sanguíneos y produjeron una gran salida de sangre, Ana María, que sufrió un shock hipovolémico hemorrágico, falleció poco después». Además de las 131 cuchilladas, presentaba 29 contusiones.

Una joven que trabajaba en el piso superior y escuchó voces de auxilio avisó a los agentes de la Guardia Civil, que se personaron rápidamente en el inmueble, aunque los funcionarios tuvieron que penetrar en la vivienda a través de la terraza, ya que el encausado no «atendió las llamadas para que abriera la puerta» y encontraron a Miguel Martínez Alba en la puerta del baño, «ensangrentado». Así, éste les manifestó: «Ahí está, ya lo he hecho».

Los agentes se percataron de que el acusado presentaba heridas en su mano derecha que precisaron de puntos de sutura y que «se las había ocasionado él mismo al apuñalar a la mujer y deslizarse su mano sobre el cuchillo ensangrentado y resbaladizo».

La sentencia también tiene en cuenta que no era «la primera vez que el acusado agredía a Ana María, pues desde julio de 2013 tenía frente a ella reacciones violentas y exageradas ante cualquier desencuentro de la pareja». En concreto, considera probado el jurado, «meses antes le había dado un mordisco en la nariz y, fechas antes de acabar con su vida, la golpeó, provocándole contusiones que fueron descubiertas por los médicos forenses que practicaron la autopsia».

Además de los 24 años de prisión, el acusado deberá indemnizar en 120.000 euros al hermano de la fallecida, único heredero.

El procesado declaró que la noche anterior y esa madrugada había ingerido mucho alcohol y cocaína y que, tras el inicio de la discusión, fue ella la que le atacó con un cuchillo, tratando de apuñalarlo en el costado, pero él se hizo con el arma y «respondió». A partir de ahí, precisó, no se acordaba de nada.

La joven que avisó a la Guardia Civil recuerda haber escuchado a la víctima decir: «¿Pero qué te he hecho yo?», mientras lloraba y sollozaba y el volumen de su voz era cada vez más bajo.

Los médicos forenses que hicieron la autopsia de Ana María declararon que el acusado sometió a la víctima, antes de acabar con su vida, a «un sufrimiento casi inhumano».

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