JOSÉ ANTONIO SAU
Los tres acusados de acabar con la vida de un narcotraficante rival en Benalmádena el 5 de abril de 2007 reconocieron ayer los hechos y admitieron haber metido el cuerpo de la víctima en una maleta, de la que se deshicieron tirándola a un arroyo de la zona mijeña conocida como El Higuerón. El autor material, alias El Cubano, aseguró que se puso nervioso al ver que su socio metía la mano en una bolsa, por lo que disparó. A preguntas de la fiscal, aclaró: «Dios me libre de trocear el cuerpo, lo doblamos y lo metimos en una maleta».
El juicio arrancó ayer en el Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial, y la Fiscalía pide para cada uno de los tres acusados 18 años de cárcel por asesinato. Los tres acusados: Lorenzo R. A. T., Diego F. S. R. y Alberto G. C. C. admitieron el relato de hechos del fiscal, aunque a grandes rasgos negaron haber planificado el crimen. Todo fue producto de los nervios por el hecho de que la operación de compraventa de un kilo de cocaína que iban a realizar en un piso de Benalmádena se acabó convirtiendo en una discusión por desavenencias en el precio.
Lorenzo R. A. T., alias El Cubano, aseguró estar arrepentido de lo sucedido, y explicó: «Abrimos el paquete, pero no era de la calidad ni traía la cantidad que habíamos dispuesto, quería negociar el precio porque no estábamos de acuerdo. Él hizo ademán de recoger el paquete, y metió la mano en la bolsa. Me puse nervioso, lo siento, no sé qué pasó». Lo que ocurrió es que sacó su arma y disparó, reconoció. La víctima presentaba dos orificios de bala en su cráneo, uno de entrada y otro de salida.
Lorenzo se llevó a su cuñado, Diego E. S. R., para que lo protegiera. Alberto G. C. C. llevó al lugar al narco asesinado. Tras el suceso, el tercer acusado salió corriendo de la casa, y Lorenzo le pidió a Diego que lo ayudase a limpiar la casa, a meter en una maleta el cuerpo y a deshacerse de él en una zona cercana a El Higuerón. «Esa droga no era lo que esperábamos, era sintética», dijo El Cubano, quien añadió: «Venían a timarme». «Estoy arrepentido», aseguró. Diego, el vigilante, estaba en otra habitación contando el dinero: «Yo no estaba en el lugar de los hechos, yo tenía el dinero, que no se iba a dejar ver hasta que no viéramos la mercancía: él chillaba diciendo: ´¿Dónde está el dinero? Me quieren hacer la pirula´, y escuché como el ruido de una mesa».
El tercer procesado en liza, Alberto G. C. C., mostró claramente su arrepentimiento, al igual que sus compañeros: «No hay día que pase que no piense en ello, hablamos de un Miércoles Santo, eso me va a acompañar toda la vida». Él llevó a la víctima al piso, pero no esperaba que ocurriera una «tragedia». Luego, según la Fiscalía, se repartieron la droga y la vendieron. «No habíamos llegado a un acuerdo con el precio, él –por el fallecido–?era temperamental, algo nervioso, las cosas se salieron de quicio, intentó sacar el arma y se produjo un disparo. Me agaché y salí corriendo», apuntó.
Hay un acuerdo entre todas las partes, lo que supondrá una considerable rebaja en la pena final: sólo se discute si se trata de asesinato, como dice la Fiscalía, o de homicidio, como especifican las defensas. El cuerpo fue descubierto en noviembre de 2008 por un fontanero que paseaba junto a su perro por un arroyo cercano a El Higuerón.