La máquina del tiempo

Antiguos balnearios de Torremolinos (I)

En las playas de Torremolinos, sobre todo en El Bajondillo, desde hacía muchos años había instalaciones balnearias

09.08.2015 | 05:00
Fachada y alzado del hotel balneario hidroterápico del doctor Abelló en La Carihuela.

Las playas de Torremolinos tienen una extensión de nueve kilómetros, desde la desembocadura del río Guadalhorce hasta la minúscula ensenada de la Fuente de la Salud. En los años treinta-cuarenta, época en la que empezaron a establecerse los primeros balnearios, había dos sectores de playa más nombrados: La Carihuela, donde se instaló el hotel Montemar, y uno hidroterápico propiedad de Abelló; y El Bajondillo, situado en el barrio del Castillo, donde se bañaban habitualmente los nativos. Se instaló un balneario en 1934, y en 1945, el propietario del hotel La Roca, Enrique Bolín, estableció otro para sus clientes.

En un principio, Torremolinos fue descubierto por los malagueños como zona ideal para el descanso, el ocio y para tomar las aguas del mar a las que se atribuían propiedades benéficas contra muchas enfermedades: de la piel, reuma, tórax, etc. De ahí arranca la creación del antiguo sanatorio antituberculoso junto a la playa, denominado después Sanatorio Marítimo de Torremolinos. Luego vinieron los gibraltareños, que abrieron el camino a los ingleses.

Carlota Alessandri Aymar –madre de Ángeles Rubio Argüelles–, propietaria del Cortijo de Cucazorra y de numerosas tierras en el sector de La Carihuela, decidió convertir este cortijo situado en Montemar en un parador del mismo nombre en el año 1934, con ingleses como primeros clientes. Esto podemos considerarlo como el inicio, el origen del turismo en Torremolinos fuera de nuestras fronteras. En 1942 tuvo lugar la apertura del hotel La Roca, con lo que hizo su aparición la primera propaganda escrita, la primera promoción no sólo del hotel La Roca, sino también de Torremolinos. Estos dos hoteles pidieron permiso en 1944-45 para acotar unos metros de playa y establecer balnearios para el exclusivo uso de sus huéspedes.

Sin embargo, ya en 1934, Antonio Gálvez Gambero había instalado un balneario en el barrio de El Castillo, en El Bajondillo, lo que demuestra que antes de que se edificaran hoteles en Torremolinos y acudieran forasteros, los nativos de este pueblo –entonces barriada de Málaga–, se bañaban en sus playas, y de ahí surgió la necesidad de un balneario. Con el paso de los años se fueron inaugurando nuevos hoteles: Los Nidos, en 1955; Pez Espada, en 1959; Carihuela Palace, en 1960, entre otros.

Pero las necesidades de los balnearios iban cambiando con los años. Paulatinamente se impuso la modalidad de los baños de mar, al aire libre, al sol; por esta causa habían surgido los Baños del Carmen en 1918, al estilo de los de San Sebastián y Santander.

Los balnearios de Torremolinos eran distintos a los establecidos en Málaga, con excepción del instalado por Gálvez Gambero, ya que éste fue creado para los nativos de esta barriada, normalmente pescadores. Años después, la norma era que fueran anejos de los hoteles para disfrute de sus huéspedes, y sólo los utilizaban para cambiarse de ropa y ducharse, las demás actividades recreativas las realizaban en los hoteles.

Aunque, a partir de 1955 y hasta 1970 fueron surgiendo en las playas de Torremolinos numerosos balnearios, cuya estructura había variado; ahora solían tener un restaurante o un bar; o las dos cosas, y casetas para cambiarse de ropa, a un lado para caballeros y al otro para señoras y familias, y otras con duchas. Si el proyecto era más ambicioso y el balneario pertenecía a un gran hotel o urbanización, tenían también zona de deportes y jardines.

En las playas de Torremolinos, sobre todo en El Bajondillo, desde hacía muchos años había una serie de instalaciones balnearias con permisos temporales, pero desde que el proyecto de reglamentación y ordenación de dichas playas de Torremolinos fue aprobado en febrero de 1969, empezaron las solicitudes de concesiones permanentes.

Con el tiempo, estas instalaciones fueron reduciéndose, y en los años 80-90, sólo permanecía el restaurante como vestigio del antiguo balneario. Debido a las nuevas leyes que impedían acotar playa alguna, a la vez que permitía el acceso libre, y a la ordenación del nuevo Paseo Marítimo de Torremolinos, Demarcación de Costas fue ordenando la demolición de todos estos restaurantes o chiringuitos, restos de los antiguos balnearios, conforme iba venciendo el plazo de la concesión.

Curiosamente, hacia 1985 en el hotel Meliá Costa del Sol se instaló un centro de Talasoterapia. En 1988 solicitó permiso para dotarlo de un equipo de captación y retorno de agua de mar para dicho centro. Un siglo y medio después –en 1843 se construyó en nuestra ciudad el primer balneario de agua de mar, delante de la Aduana: Diana–, volvía a creerse en las propiedades profilácticas y curativas de los baños de mar, calientes, templados o fríos.

Balneario en el barrio de El Castillo (Playa de El Bajondillo)

En enero de 1934 Antonio Gálvez Gambero proyectó un «establecimiento estacional de baños de mar en las playas de Torremolinos, en el barrio de El Castillo, en la parte denominada La Caletilla, rada formada por el morro de dicho nombre».

Adjuntaba a la instancia un croquis acotado de la construcción y situación del establecimiento que se pretendía instalar, Memoria y una fotografía del lugar del emplazamiento.

El balneario estaría enclavado en una superficie total acotada de 217 metros cuadrados, donde iría emplazada una plataforma de hierro y madera desmontable. Sobre ella serían construidos tres departamentos, dos para cambiarse de ropa y el tercero destinado a ropero.

En años sucesivos se le fue renovando dicha autorización hasta 1937, fecha en la que cesó la explotación. Pero en 1945 pretendió volver a instalar el balneario en el mismo emplazamiento, autorización que le fue concedida el 21 de marzo, con las mismas condiciones expresadas en el año 1934.

Balneario Hidroterápico en las playas de La Carihuela

En septiembre de 1944 el doctor José Abelló Pascual solicitaba permiso para instalar un balneario en la playa de La Carihuela. Adjuntaba una Memoria, planos del arquitecto R. Aníbal Álvarez y presupuesto general de la obra que ascendía a 176.500 pesetas. Pedía la concesión de 300 metros de playa. El edificio tendría unas habitaciones sencillas y fácilmente desmontables, en previsión de que cualquier día la Comandancia de Marina tuviese la necesidad de ocupar aquella zona. Adosadas a ellas habría unas grandes naves también fáciles de desarmar, dedicadas a los baños de mar y a todas las instalaciones de tratamiento terapéuticos. Tendría además dos piscinas, una de verano y otra de invierno, aprovechando la ventaja que ofrecía la proximidad del mar para la renovación del agua. La capacidad del balneario sería, en principio, de 25 a 30 habitaciones.

Insistía el Dr. Abelló en que en dicho balneario no se tratarían enfermos infecto-contagiosos ni de tipo tuberculoso, ya que en la ciudad existían dos o tres establecimientos de esa clase. En diciembre de 1945 las obras de edificación no habían comenzado, ya que al proceder al replanteo, fue presentada una reclamación por Carlota Alessandri, viuda de Rubio Argüelles, propietaria del hotel Montemar.

Dos años después, en enero de 1947, el director general del Ministerio de Obras Públicas, después de extensas consideraciones, acordó desestimar el recurso interpuesto por Carlota Alessandri.

Desconocemos la trayectoria de este balneario por carecer de datos en las hemerotecas malagueñas. Incluso nos atrevemos a deducir que el propietario, después de tres años de espera desde que inició el expediente, desistiera de su proyecto de balneario.

Balneario en La Carihuela

En mayo de 1945, Carlota Alessandri, propietaria de la finca y hotel Montemar, solicitaba «autorización para acotar unos ochenta metros de la playa situada delante del citado hotel para servicio de baños de los huéspedes del mismo, en la actual temporada de verano».

El 11 de junio el ingeniero jefe de Obras Públicas autorizaba la petición bajo una serie de condiciones:

1º) El permiso servía para acotar 80 metros de playa de La Carihuela para el servicio de baños de los huéspedes del hotel Montemar, pero con la condición de dejar espacio lo suficientemente ancho para el paso y ejercicio de la pesca.

2º) La instalación no podría ser dedicada a otros fines distintos de los especificados en la instancia, y la concesionaria estaría obligada a levantar dichas vallas al terminar la temporada de baños.

Días después, Carlota Alessandri solicitaba en esta ocasión que le fuesen delimitadas las lindes de la expresada finca de Montemar, de lo que se consideraba playa y zona de Obras Públicas. Le contestaron que para ello remitiera a aquella dependencia los títulos que acreditasen la propiedad de los mencionados terrenos e ingresase en caja la suma de 251,018 pesetas, cantidad a la que ascendía el replanteo.

Existían ya dos concesiones permanentes en dicha playa: una a José Abelló Pascual para construir un balneario hidroterápico, y otro a Palmira Gallo Rodelos para ocupar una parcela para un edificio dedicado a industria textil pesquera.

Finalmente no fue necesario efectuar el replanteo de los terrenos, y se le devolvió a la propietaria el dinero depositado a cuenta. Estas instalaciones balnearias permanecieron hasta 1955.

Balneario en La Caletilla (Playa de El Bajondillo)

En marzo de 1945 Enrique Bolín Bidwell solicitaba la concesión de un trozo de playa para instalar un pequeño balneario. Con la misma fecha entregaba una Memoria con el título de «Anteproyecto de cerramiento e instalación de un balneario en la playa de La Caletilla». Adjuntaba plano del proyecto y presupuesto del mismo, cuyo valor ascendía a la cantidad de 15.000 pesetas.

Enrique Bolín en su instancia decía que era el propietario del hotel La Roca, enclavado en un promontorio sobre el mar. Poseía el hotel grandes extensiones de terrenos dedicados a jardines, pistas de juego, campo de fútbol, y estaban separados los terrenos propiedad del mencionado hotel de la orilla del mar únicamente por la parte de zona marina-terrestre que comprendía una pequeña playita inaccesible por la parte de Levante, y casi cerrada por un cúmulo de rocas por la de Poniente, lo que daba el carácter de una playa cerrada, la cual no tenía más acceso fácil que por un camino que discurría por los terrenos ya descritos, propiedad del mencionado hotel La Roca.

La playita, denominada La Caletilla, venía utilizándose desde hacía varios años como balneario natural por el referido hotel, pero ocurría con frecuencia, que por los intersticios de la acumulación de rocas que cierran las playas por Poniente, sobre todo en la marea baja, entraban personas que ocasionaban molestias a los huéspedes.

Para evitarlo, pretendía cerrarla totalmente con un muro de unión a las rocas, e instalar una pequeña pista para deportes, toldos y sombrillas. Finalmente, después de seguir el expediente los trámites administrativos oportunos, en junio de 1946 le fue concedida la autorización.

Balneario Poseidón en el Pasaje denominado El Tajo, playa El Lido

En octubre de 1956 Juan Marín Andújar solicitó autorización para ocupar con carácter permanente una parcela de 1.000 metros cuadrados en la playa de El Tajo para construir un balneario según el proyecto del arquitecto José María Garnica Navarro. Mientras el proceso administrativo seguía su curso, el Sr. Marín instalo un balneario que venía explotando en virtud de concesiones temporales.

El 12 de noviembre de 1962 se le otorgó la concesión a título precario, sin plazo limitado, y se le impuso un canon anual de 24.900 pesetas por año. Al mencionado balneario se le impuso el nombre de Poseidón.

Al balneario le efectuaron, con el paso de los años, varias reformas; y en 1972 el propietario por escritura pública ante notario le transfirió los derechos a Willy Muhlenkamp. En 1975 solo quedaba el restaurante como resto del antiguo balneario. Años después, con motivo de la reordenación de servicios de las playas, hubo que revocar las concesiones otorgadas, y así, el 26 de marzo de 1993, Costas inició el rescate de la referida concesión.

Balneario en el Cortijo de El Tajo

En la playa de El Tajo, en los años cincuenta se instalaron varios balnearios; el segundo de los que tenemos noticias fue un proyecto que se inició en abril de 1957 cuando en la Memoria firmada por el arquitecto Andrés Escassi Corbacho decía que George Withal Gordon, en una parcela de 950 metros cuadrados construía en aquel entonces un bar-restaurante con instalaciones de cabinas, vestuarios y duchas. El presupuesto de las obras ascendía a 47.061´38 pesetas.

Después de una serie de trámites administrativos, el 21 de noviembre de 1963, por una orden ministerial se le otorgó la referida concesión. En 1964 presentaba un nuevo proyecto, ahora quería una concesión en tierra firme para establecer un balneario desmontable, el cual había venido estableciendo desde 1957 por medio de permiso temporales. El balneario constaba de dieciséis casetas de baños de las cuales, dos serían destinadas a duchas y otras dos a W. C., el resto de la superficie cubierta que era de 200 metros cuadrados, su finalidad era una terraza para situar mesas. El presupuesto de las obras ascendía a 303.656´70 pesetas. El reconocimiento de las instalaciones fue aprobado el 29 de abril de 1967. En ese mismo año el propietario transfirió los derechos de la concesión a Instalaciones Balnearias Lido S. A. Dicha transferencia fue aprobada en 1970 fijando el plazo de la concesión en quince años. La concedida a Sr. Whital era sin límite de plazo. En 1975 le cambiaron el nombre al restaurante, el cual se llamaría a partir de entonces La Chalana.

En 1989 Costas resolvió recuperar la concesión y demoler las instalaciones; entonces se inició un proceso que finalizó en julio de 1993. Con la demolición del restaurante –último vestigio de aquel conjunto de edificaciones–, terminó la historia de este antiguo balneario.

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