texto de EUGENIO FUENTES
Es usted libanés cristiano, árabe francófono, tiene familia musulmana y cristiana. ¿Esa diversidad es la clave de su interés por la pluralidad cultural?
Sin duda. Nacer en Líbano da una relación muy íntima con un abanico de culturas diferentes. Esto resultaba muy evidente en el medio en el que crecí, el entorno de la Universidad Americana de Beirut, rodeado de gente de muchos países.
Un ambiente así predispone a la amplitud de miras.
Tenía una conciencia permanente de las diferentes percepciones y de lo fácil que era vivir juntos. Sin embargo, no me daba cuenta de hasta qué punto era frágil e inestable todo aquello. Me resultaba natural. Luego, a medida que fui descubriendo el mundo, comprendí que no era lo habitual, que había tensiones y guerras. Pero siempre he llevado conmigo el sentimiento de que gente diferente puede vivir junta con normalidad.
Aunque a menudo parezca imposible convivir.
Es que no basta con poner a la gente junta. Es algo que se tiene que enseñar de un modo pedagógico.
Líbano era un ejemplo.
Es un país que tiene un gran mérito. Otros países se negaban, no tenían en cuenta los derechos de las pequeñas comunidades. En Líbano se las reconoce a todas, aunque la solución se basa en algo peligroso: las cuotas.
¿Por qué es peligroso?
Porque, en vez de ser un sistema provisional, se ha convertido en permanente, reforzando el sentimiento de pertenencia a una comunidad por encima del sentimiento de ser ciudadano del país. Hoy los libaneses están más vinculados a sus comunidades que hace 30 ó 40 años. Esta actitud antes era impensable, se veía incluso de mal gusto.
En Francia, donde usted vive desde hace décadas, tampoco ha funcionado la integración, en este caso de los inmigrantes
El caso francés es diferente. Es un país más sólido, abierto y democrático. Lo que ocurre en Francia con los inmigrantes no es realmente peligroso. Sin embargo, en Líbano es el país el que está en juego.
¿Qué ha fallado en Francia?
No se ha gestionado bien la integración de unas personas que llegan con una cultura y una religión diferentes. Francia creía que podía integrarlos fácilmente y, aunque no ha sido un fracaso completo, hoy los inmigrantes están menos integrados que hace 30 años.
Tiende a culparse al islam.
Ésa es la idea dominante, pero yo pienso que, aunque una religión diferente pueda dificultar la integración, hay algo más. Cuando un inmigrante llega hoy a Europa se encuentra con que no es muy integradora. No lo es ni siquiera en el interior de la UE. Europa tiene que pensar la integración de una manera completamente nueva.
¿Debería aprender Europa de América, nacida de la inmigración?
América tiene vocación de integración, mientras que Europa no. Europa tuvo que plantearse la integración por razones históricas, pero no está en su naturaleza. Hay que dejar de pensar a corto plazo y por motivaciones electorales.
¿Es inevitable el choque entre Occidente y el islam?
Tras el final de la Guerra Fría ha crecido la hostilidad hasta un punto que es muy difícil de revertir. En primer lugar, hay que resolver el conflicto entre Israel y los palestinos con una solución justa en la que cada persona de Oriente Medio tenga un país y un pasaporte propios. Es la única forma de poner fin a la espiral continua de violencia.