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HEMEROTECA » |
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Víctor a. Gómez. málaga. La ciudad había comprometido buena parte de su futuro cultural a un sueño ya roto. El «no» a la Capitalidad Europea debe servir de cura de humildad, acicate para paliar nuestras carencias y como base de un nuevo compromiso ciudadano.
Un examen de conciencia | La ciudad debe mirarse al espejo. Toca cura de humildad
Hoy la ciudad tiene una dura tarea por delante, la de mirarse al espejo, examinar las arrugas sin misericordia. Sólo si se emprende una labor así se podrán enmendar los errores y multiplicar las proyecciones futuras. Hoy, la ciudad debe mirar al 2010, al 2011 y sucesivos, pero sin el horizonte del 2016 como primera piedra de un nuevo comienzo. A partir de hoy la ciudad debe analizar, por ejemplo, por qué ha perdido o rebajado recientemente el caché de tantas citas tradicionales de su agenda cultural. También pensar en que ya no nos valen sólo los embajadores culturales convertidos en tópicos para este tipo de concursos como Pablo Ruiz Picasso –y eso que, inteligentemente, el proyecto abanderado por López Cohard evitó esta trampa– o que tampoco una sólida red de infraestructuras de transporte y hostelería garantiza el atractivo cultural. Hoy es el día en que Málaga debe deshacerse de muchos prejuicios que tiene de sí misma, como que su nombre es mundialmente conocido por unas u otras razones. En resumidas cuentas, hoy empieza un nuevo examen, mucho más profundo y quizás severo, que el que el jurado de la Capitalidad puso al proyecto malagueño. Una cura de humildad.
El proyecto | Buenas ideas, demasiado éter. Faltó contenido
Por lo poco que se sabe del proyecto capitalino malagueño, se ha jugado a la innovación y a zafarse de los lugares comunes –sin duda, dos recetas más que acertadas para asegurar el futuro de la ciudad–. Otra cosa ha sido la organización de todo ello: sin duda, ha faltado visibilidad –lo desarrollaremos más adelante en esta página–, y, sobre todo, también ese gran evento –que estaba pergeñado casi al detalle pero que, a última hora, fue fulminado– que quizás habría dado alas; en definitiva, ha faltado una venta de ilusión con más contenido y menos éter. En el concurso europeo resultaba fundamental la implicación de la ciudadanía y ésta requería de algo así para subirse al carro. Ayer, en Córdoba, el Ayuntamiento instaló pantallas gigantes para que los ciudadanos siguieran en directo el fallo del jurado. ¿Y en Málaga?
Los malagueños | ¿Ha estado la ciudadanía a la altura?. Indolencia y derrotismo
Si hay que hacer un examen de conciencia, una cura de humildad, todos, la ciudadanía malagueña en su conjunto, debemos entrar en ella. ¿Hemos estado a la altura del sueño del 2016? Aunque sea injusto, como siempre, generalizar, lamentablemente creo que no. Por supuesto que ha habido muchísimos puntos a favor: el compromiso del mundo de la cultura con la Capitalidad –comprobable en las ideas y el tiempo que ha aportado gratuitamente–, que tantos ciudadanos hayan remitido iniciativas personales para enriquecer la candidatura... Pero también han surgido, quizás aún no pueda ser de otra forma, algunas características muy malagueñas, precisamente las que, en mi opinión, impiden el crecimiento de nuestra ciudad: cierta indolencia, despreocupación y pasividad por la cosa local –cuando no el derrotismo masoquista: cuántas veces hemos escuchado estos meses frases del tipo «¿Cómo va a ser una ciudad como Málaga Capital Europea de la Cultura?»–; también se ha dejado ver cierto cainismo, el proverbial deporte de tumbar a quien quiere aportar alguna idea o iniciativa.
Por supuesto que la ciudadanía debe exigir alianza y espíritu de equipo a los diversos, múltiples gobernantes que la rigen, pero también nosotros debemos ofrecer más que criticar, unirnos para caminar en una dirección en vez de esta ruta diaspórica que, llevamos muchos años viéndolo, no conduce a nada reamente bueno.
La imagen pública del proyecto | Nuevo enfoque para abordar la cultura. Faltó inventiva y sobró convencionalidad
Repetimos: los medios de comunicación no hemos tenido acceso al proyecto malagueño en pos de la Capitalidad –no es una crítica: cuando uno juega al póker jamás debe mostrar su mano–, así que sólo podemos hablar de sus alrededores. Y lo que, desde el punto de vista institucional, podemos concluir es que no se ha vendido bien el proyecto desde el punto de vista formal; en realidad, suele pasar con todo lo relacionado con la cultura en esta ciudad: trata de fomentarse siguiendo los mismos parámetros que se aplican a la presentación de iniciativas de VPO. En la cultura no valen las cifras, no vale el sumar adhesiones sin ton ni son, eso no puede resumir o sustentar un propósito cultural; debe primar otra lógica, la del atrevimiento, la sagacidad, la inventiva. Una vez me lo comentó Fernando Huici, uno de los ideólogos de la campaña malagueña: cuando la delegación europea visitó la depauperada y muy mal vista Marsella, tras superar ésta el primer corte, les llevaron, sin darle ninguna explicación, a una cárcel; allí vieron los avances de un taller de cortometrajes que habían puesto en marcha con los internos. Eso es cultura. Y no dudo de que aquí se habría desarrollado una iniciativa así, pero, en un marasmo de convocatorias para prensa de escaso calado y proyección, de interés exclusivamente localista, no se ha sabido comunicar la intención.
Las cabezas de la campaña | Las instituciones: apariencia de unidad. Diferencias de última hora
Las instituciones anexas al Ayuntamiento de Málaga, el líder de la carrera europea, merecen un capítulo aparte. La Junta de Andalucía ha quedado maniatada por la lucha fratricida con Córdoba (un aspecto que no ha favorecido en absoluto a nuestra ciudad), no ha podido poner en marcha su maquinaria promocional y, quizás, los recursos económicos que han faltado para desarrollar la ambición. La Diputación Provincial ha aportado poco y ha restado más: la ausencia de Salvador Pendón en la delegación malagueña que viajó a Madrid para defender el proyecto –como a la hora de ultimar la presentación ante el jurado se determinó que no iba a tener turno de palabra, para qué ir– nos revela, de nuevo, la palmaria incapacidad de crear alianzas estables en nuestra individualista Málaga. Sí, los señores y señoras del traje y la corbata han hablado de unidad, pero supongo que se referirán a una unidad protocolaria, de fotos de familia, de manos unidas como símbolo de compromiso por la victoria. Pero eso no es unidad, sino, en realidad, apariencia de ella. Las disputas entre Juan López Cohard y Javier Ferrer, presidente y gerente, respectivamente, de la Fundación Málaga Ciudad Cultural, entran dentro de la lógica disparidad de criterios, pero ha habido una extraña locuacidad al respecto; se han publicitado demasiado las diferencias, y, lo peor, a pocos días de la defensa madrileña de la candidatura. Aparte de la imagen de desunión, ha faltado discreción, ha sobrado la transparencia que no ha habido en otros aspectos del proyecto, ha habido demasiados dimes y diretes personales en detrimento del objetivo general.
Dar la talla | En nuestras manos está el futuro. Manos a la obra
¿Y ahora qué? Pues a ponerse manos a la obra. Una de las claves, repetida hasta la saciedad por los responsables de la candidatura malagueña, era que las ideas y actividades sembradas, en el campo de la teoría, a lo largo de estos meses se pondrían en práctica independientemente del «sí» o del «no» del Viejo Continente a nuestras aspiraciones; o sea, que esto era un plan a largo plazo, con el 2016 como estímulo, no como destino. Los próximos meses, por tanto, nos servirán para comprobar cuán rigurosa y profunda era la apuesta europea de nuestra ciudad, si se quedaba en el «pillo dinerito de aquí y de allí, invierto del mío y, voilá, multiplicaremos los turistas», o si la cosa se trataba desde el principio del resurgir cultural de una ciudad que necesita del conocimiento, el saber y el aprender como del aire que respira. Los políticos deben dar ahí la talla, cumplir con su compromiso, como también los gestores y actores culturales, acostumbrados a los sinsabores de estos asuntos: ellos deben tomar esta carrera truncada por el 2016 como el principio de algo que construir. En nuestras manos está.
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