JESÚS ZOTANO
Mientras el mundo entero celebraba el pasado domingo, 8 de enero, el septuagésimo séptimo aniversario del nacimiento de Elvis Presley, el responsable de festival Rockin´ Race Jamboree, Guillermo Jiménez Pou, colgaba el cartel de «sold out» en los más de 250 apartahoteles de Torremolinos que el certamen tenía ofertados a los visitantes de este año.
Tras el gesto, que representa el éxito de la convocatoria, hay toda una historia de amor al rock and roll seminal –género al que está dedicada la cita–, esfuerzo económico, espíritu emprendedor, constancia y miles y miles de horas de trabajo. El resultado no puede ser más esperanzador: con la celebración de su edición número 18 –del 2 al 5 de febrero próximo–, el Rockin´ Race Jamboree cumple la mayoría de edad convertido en un reclamo cultural y turístico de primera categoría.
Las reservas para acudir al festival, que comenzaron a llegar en marzo de 2011, provienen de Japón, Australia, Noruega, Suecia, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia, entre otros países. Y la organización espera convocar a cerca de 3.000 personas frente a las 19 bandas que forman el cartel de actuaciones de este año, encabezado por el mítico saxofonista Big Jay McNeely, el cantante y guitarrista Sonny Burgess y The Planet Rockers, liderados por el guitarrista de Straitjackets, Eddie Angel.
En plena temporada baja, esta cita musical centrada en el rock y el rockabilly de los años cincuenta y sesenta reactiva la economía de hoteles, restaurantes y comercios de Torremolinos sin recibir contraprestación a cambio, ya que el ayuntamiento de la localidad sólo les ofrece a la organización un descuento del 50% en el alquiler del Palacio de Congresos y Exposiciones. Tampoco la Junta de Andalucía ni la Diputación le han tendido la mano. «Aunque parezca increíble, no contamos con ningún tipo de apoyo ni colaboración», confiesa Jiménez Pou, que no descarta trasladar la cita a otra localidad costera el próximo año.
Novios no le faltan a este certamen que arrancó en 1997 y que a día de hoy es uno de los principales festivales especializados a nivel europeo. De hecho, un 80% de los que acuden al Rockin´ Race son extranjeros o visitantes de otros puntos de la geografía española. «No queremos abandonar Torremolinos, pero cada vez nos resulta más insostenible organizarlo todo sin contar con ayuda. Así que ya barajamos la oferta de otros lugares para la edición de 2013».
Guillermo Jiménez, también responsable del sello discográfico Sleazy Records, recuerda cómo el Rockin´ Race nació en el bar Pink Elephant, frente al hotel Pez Espada, con un presupuesto de 100.000 pesetas (600 euros). Esa primera edición estuvo amenizada por sólo tres grupos, los portugueses The Tennesse Boys, los madrileños Little Boy Arnold & The Moolighters y los malagueños Mike Hillman & The Latin Hillbillies. Actualmente, la estrategia de promoción del certamen, cuyo presupuesto alcanza los 60.000 euros, imprime el nombre de Torremolinos en publicaciones de ciudades como Las Vegas, Turnhout (Bélgica) o Estocolmo, y posee puntos de ventas de localidades en Alemania e Inglaterra.
Los artistas que durante estos años han pasado por el escenario del Rockin´ Race son verdaderos mitos «por los que la gente recorre el mundo entero para verlos en directo», matiza Jiménez. Entre los más destacados, The Comet´s, banda de uno de los padres del género, Bill Haley; el dúo The Collins Kids; la reina del rockabilly Wanda Jackson, Sleepy Labeef y Robert Gordon.
Entre el bar Pink Elephant y el Palacio de Congresos, el certamen celebró seis ediciones (de la séptima a la décimo segunda) en la Caseta Municipal del recinto ferial de Torremolinos. Fueron los años de la consolidación. Y la caseta se les quedó pequeña. Desde hace varios años, la marca Rockin´ Race Jamboree no necesita ninguna presentación. Se da por hecho que la oferta musical y la organización son serias y dedicadas. Como industria cultural ha logrado lo que parecía imposible: crecer en tiempos de retrocesos y pérdidas. «Es como la lucha de David contra Goliat: tienes una idea que ves que sirve pero en la que nadie cree, sólo nosotros», señala Guillermo Jiménez, cuya ejemplar manera de promover la cultura debería ser objeto de conferencias para escapar de la crisis.