Cristina Consuegra
Nunca había reparado en este término hasta que se lo escuché a Santiago Auserón durante uno de los actos centrales del décimo aniversario de La Música Contada, en 2010. Un año más tarde, recupere esta palabra gracias a Claroscuro (Contraseña, 2011), de Nella Larsen. Y mucho más cercano a este presente huidizo, el martes pasado, la negritud regresó con contundencia gracias al funk voraz del concierto de Maceo Parker y los suyos, directo integrado en la programación del Terral 2012. Un funk incendiario que arrasó la tarima del Teatro Cervantes a golpe de saxo, pasos de baile improvisados y caderas indómitas que aplaudieron hasta la extenuación aguantando las casi tres horas de concierto que el de Kingston dejó para la historia del principal escenario municipal.
Nella Larsen, seudónimo de la escritora Nellie Walker, es uno de los nombres propios que conformó el denominado Renacimiento de Harlem, movimiento artístico que aconteció en el barrio neoyorquino durante la década de los años veinte del siglo pasado, junto con otros tan ilustres como Duke Ellington, Louis Armstrong y Jessie Fauset. La obra de esta autora nacida en Chicago naturaliza el enfoque promulgado desde la crítica feminista angloamericana, especialmente defendido por Elaine Showalter, desde el que se reclama la necesidad de estudiar la literatura firmada por autoras como un grupo independiente del canon oficial. Para escribir sobre Nella Larsen, para llegar al latir de su entramado narrativo, hace falta más aliento que pensamiento, hay que respirar a través de su desolación, pensar a través de su sufrimiento. En Claroscuro, su autora despliega una historia dura y áspera, un drama narrado a través de las vidas de dos amigas que comparten identidad racial pero diferentes formas de asimilarla: mientras que la una la engrandece, la otra la disimula. Es irremediable no encontrar a Larsen entre las acciones y palabras de la protagonista que edulcora su negritud. Pero también es inevitable no encontrarnos; no pensar en quién es uno, en cómo eso que somos influye en lo que nos rodea y construimos a diario. Cómo cada una de las palabras escritas, escuchadas o leídas, puede llegar a significar algo más que un mero signo o sonido. Saber quién se es a través de todo lo que no somos o nunca seremos. Creo que esa es la grandeza de Claroscuro. Y al mismo tiempo saber quién se es a través de lo que ya es. La grandeza de Maceo Parker. Como dos alteridades del libro editado por Contraseña –e ilustrado magistralmente por Sara Morante–, Parker y Larsen se debaten entre distintas formas de entender la negritud, algo que nos puede resultar ajeno pero al mismo tiempo encaja en nuestra realidad. Y es que en este descifrar perpetuo de la realidad, de un tiempo y espacio imprecisos, saber quién se es resulta tan urgente como saber aquello que no queremos ser.