Rafael Aldehuela
Parece mentira, pero aquel 16 de julio del año 1916, la exposición de Las Señoritas de Aviñón, del genial Pablo Picasso fue absolutamente criticada y totalmente incomprendida. Pintado en 1907, este oleo sobre lienzo, es el inicio del cubismo, quizás el modo pictórico que engrandeció e hizo universal a nuestro hijo más famoso. Este cuadro, expuesto permanentemente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, rompía definitivamente con el realismo, en un guiño a la historia de la pintura y un pulso al mundo del arte genialmente sostenido por Picasso. Tras el fracaso que supuso su exposición el la Galerie d’Antin de Paris, Picasso la reservó para él, hasta que en torno a 1925 fue adquirida por Jacques Doucet que la exhibió en el Petit Palais. Al poco tiempo de ser adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York fue considerada como la obra precursora del arte moderno. Picasso no tenía por costumbre poner título a sus obras. Fue el poeta francés y buen amigo de Picasso, André Simon, quien le otorgo nombre. Se inspiró para ello en un prostíbulo barcelonés de la calle de Avinyó y por ello lo tituló Les demoiselles d’Avinyó, sin embargo, cuando se presentó se hizo con el nombre de Aviñón, es decir, el de la célebre ciudad francesa. Sin duda un error histórico que cambió el nombre de uno de los cuadros más importantes, si no el que más, del arte moderno mundial, aunque la pregunta más intrigante es, ¿Qué movió al modisto Doucet a comprar tan polémica pintura? Picasso y Doudet, dos visionarios…
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