Jesús Zotano
Mientras aún resuena entre las paredes del patio del colegio Los Llanos de Ojén el éxito alcanzado en la pasada edición del Ojeando Festival, otra nueva cita musical regresa al señalado escenario. Se trata de la Torre del Cante de Ojén, un festival que mañana cumple su trigésimo octava edición con un rotundo cartel protagonizado por las dos figuras flamencas más aclamadas del momento: Miguel Poveda y Arcángel.
La voz de ambos cantaores sonará al unísono en un mano a mano de fin de fiesta que se intuye insuperable. Antes, cada uno saldrá al escenario a defender por separado su repertorio. El alcalde de Ojén, José Antonio Gómez, destacó que las cerca de mil localidades disponibles están casi agotadas, «aunque quedan algunas y todas aquellas que por ley deben reservarse para la venta en taquilla». Igualmente, el edil quiso llamar la atención sobre el cuidado que desde el ayuntamiento ojeneta han puesto en todos los detalles de la velada, donde los asistentes podrán incluso descubrir «los olores del tomillo y el romero», plantas típicas de la zona.
Por su parte, el consejero de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, reiteró el compromiso de la Junta respecto a la tutela, conservación, estudio y protección del flamenco, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, a la vez que indicó que «quien quiera ver buen flamenco, debe ir a Ojén».
Teatro Romano. Preguntado por la situación del Teatro Romano de Málaga, Alonso aseguró que la Junta estudia llevar elaborar una programación para darle vida escénica «en la próxima primavera-otoño». «Nos gustaría convertir los teatros romanos de Andalucía en espacios escénicos interesantes. Con espectáculos que hagan a estos escenarios atractivos y diferenciadores. Lo que no me parece lógico es que acojan obras normales que puedan verse en cualquier teatro».
Igualmente, Alonso afirmó que si el compromiso de la Junta de Andalucía con el patrimonio eclesiástico hubiera estado bien valorado por el Obispado de Málaga, la respuesta de la Iglesia hubiera sido «de solidaridad y compromiso», permitiéndoles continuar en la sala expositiva del Palacio Episcopal hasta que se pudiera inaugurar el Museo de Málaga.