Apuntes

Léanla, tras la emoción queda el talento

11.10.2013 | 00:58

Había anunciado su adiós definitivo a la literatura. Ahora soñamos que el Nobel no sea el galardón final a una carrera prodigiosa y si en cambio, la llave que vuelva a abrir de nuevo el mundo fascinante de Munro. Queremos seguir disfrutando de sus pequeñas obras maestras. El Nobel es el talismán que nos devolverá a esta maestra del relato corto.

Pero sobre todo el Nobel va a permitir que muchos lectores se acerquen y conozcan a partir de ahora la obra de Munro. Su universo, la emoción conmovedora que transmiten sus historias conquistarán nuevas almas.

Mis primeros conocimientos literarios de Munro datan de unos quince años atrás. Hasta entonces sólo había oído hablar de ella. En España su obra se abrió camino lentamente hasta que irrumpió con trabajos de una fuerza superior. Leí por primera vez a Munro en Escapada, la vida de Juliet en tres cuentos, en tres momentos distintos de su vida de joven mujer, de madre y de anciana. Confieso que me dejó perplejo y asombrado. Nunca antes había conocido una literatura tan simple en su exposición y de tanta hondura en sus revelaciones.

Las grandes obras de la literatura universal no están solo en los vastos relatos con alma de epopeya, también y de forma más compleja, en los pequeños relatos de la vida diaria de las personas, esa más prosaica y en apariencia desprovista de pasiones de tensión. Munro descubrió desde sus inicios la grandeza de lo ordinario. Qué difícil es contar la simple visita de una mujer a casa de sus ancianos padres, o la vida diaria en una granja. Munro supo poner la lupa en los personajes que protagonizan estas escenas cotidianas y extraer la emoción, la tensión, las pasiones que terminan poniendo esas vidas al borde de decisiones inesperadas.

Tras leer Escapada hice llegar otros títulos a mis manos y la convertí en una amante literaria sin devaneos. Grandiosa su La vista desde Castle Rock, donde se aleja del cuento para dar paso a la historia de sus generaciones anteriores.

Pero Munro descubrió en la mujer el personaje genérico y esencial de sus relatos. La hizo su heroína, el corazón latente de su actividad literaria. Cada vez más sus relatos tienen a la mujer como fuerza hegemónica. Así en La vida de las mujeres, Demasiada felicidad o Mi vida querida, la mujer es inicio y final de todos sus relatos. Son mujeres aparentemente frágiles, pero que terminan dominando sus vidas con golpes de decisiones drásticas.

Munro ha hecho más por la mujer, por su condición central en el mundo, que legiones de feministas. Sin cupos y sin listas cremallera.

Acérquense sin miedo a leer a Munro. Es una maravilla de fácil acceso. Cuando conozcan, tras un lenguaje fácil y una prosa elegante, la hondura del mundo emotivo que se adensa en cada página se sentirán gratamente reconfortados/a de haber hallado, gracias al Nobel a una gran escritora. Se sentirán conmocionados, pero la conmoción pasará y quedará para siempre el sabor dulce de su talento.

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