Teatro

Culebrón costumbrista

Crítica de la obra 'La copla negra', escrita y dirigida por Antonio Álamo

20.10.2013 | 16:08

La Copla Negra

Compañía: Las Chirigóticas.

Autor y director: Antonio Álamo

Intervienen: Alejandra López, Ana López Segovia, Teresa

En el Teatro Cervantes, se presentó la compañía Las Chirigóticas con La Copla Negra del autor y en este caso también director Antonio Álamo. La Copla Negra es también el nombre de un local gaditano donde se ofrece espectáculo flamenco al más rancio estilo: tanto, como sus personajes, individuos que existen todavía pero que son la coletilla de una sociedad anclada en un costumbrismo añejo y añorante de pasadas glorias.

Cádiz se cae a cachos. Sus casas apuntaladas están por todas partes, pero eso no impide que la vida siga entre sus entrañas. Una vida que oculta miserias a ritmo de chirigota. Y ahí están entrañables los personajes de esta historia, entre ruinas morales y urbanísticas, cantando coplas que hablan de travestismo, lesbianismo, y enroscados dolores.

El argumento, sencillo, habla de traiciones y amoríos, amistades y enemistades. Los personajes fácilmente detectables, están creados en base al tópico lugareño y a la clase social representativa.

Ingenio

El ambiente, el decorado en que se mueven, ingenioso y claro. El texto, excelente. Está claro que el señor Álamo se ha servido de su propia inspiración y de la aportación de las actuantes. Tres integrantes, un trío femenino, que arriesga en sus producciones para lograr un buen trabajo. Y está claro que el autor ha sabido aprovecharse de las valías interpretativas de cada una de ellas para extraer lo más genuino y lograr, como autor y como director, un trabajo coherente. Esta mezcla de autor, director y encargo personalizado tiene esa ventaja, si la sabes ver. Y evidentemente el resultado colectivo ha dado sus frutos con un espectáculo que permite reír gracias a la desenvoltura con que se manejan las actrices. Tal vez haya un exceso en cuanto al uso, no de palabras malsonantes, sino en su intención de impactar.

A estas alturas no parece que mucha gente se vaya a escandalizar por según qué discurso lingüístico. Otra cosa sería si lo que tocamos son convicciones y tradiciones. Y ahí también hay un intento, pero tan amable que dudo mucho que nadie se vaya a sentir ofendido.

Tal vez, también esa sea la intención, no molestar, más bien utilizar esa parte picante y grosera, popular pero ligera, del costumbrismo.

Pero tal vez, puede que también, ese sea el inconveniente, que se nos presentan tantos argumentos posibles, tantos apuntes de crítica social, y tantísimos dramas personales que no profundizan, que nos quedamos con ganas de ver el fondo y no sólo la forma, conocer la opinión, el compromiso, lo que diferencia un drama de un culebrón.

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