Premios Goya

´Es ridículo pensar que podemos competir con Pixar´

Manuel González Mauricio está nominado a los Goya por su película de animación 'Hiroku'

27.01.2014 | 19:55
El director canario Manuel González Mauricio.
El director canario Manuel González Mauricio.

Manuel González Mauricio (Las Palmas de Gran Canaria, 1961), a su vez director de Equipamiento Científico de la Universidad de La Laguna (Tenerife) y con una nominación a los Goya ya en 2007 por el cortometraje 'La noche de los feos', ha logrado pasar el corte de los Goya y finalmente ha resultado ser nominada en la categoría de Mejor Película de Animación.

Hiroku y su amigo Joe son testigos del asesinato del científico que ha dado con una tecnología capaz de controlar el clima, fundamental para tener bajo control el planeta. Ambos huyen y llegan a Canarias, pues bajo el Teide es donde se encuentra la base desde la cual podrán defender la Tierra. ¿De qué está más orgulloso de la película?

Lo que más emociona es la respuesta de los niños, que después de verla nos dan idea de cómo continuarla. O nos dicen elementos que podríamos sumar, como un submarino a prueba de lava. A los niños les fascina la película. Y eso es una de las dudas principales que teníamos. Como ellos están más acostumbrados a las series, lo ven mejor que los que buscan más un filme con un final cerrado.

El científico es asesinado por el magnate Kane en un mundo post-apocalíptico que recuerda a los de Blade Runner y Starship Troopers. El filme está lleno de referencias cinéfilas.

Muchos de mi generación me dicen que está lleno de golpes típicos de las películas de los años ochenta. Debo llevarlo en el ADN. Fue muy curioso lo de los dos policías, que remiten a los personajes de El Gordo y El Flaco. Porque en la versión española el doblador del policía gordo era el mismo que hacía el doblaje al personaje encarnado por Oliver Hardy en la serie de dibujos animados. Así que ese guiño fue totalmente espontáneo. Otros guiños como el del nombre de Joe Logan, inspirado la película La fuga de Logan, sí que son intencionados.

¿Qué expectativas tenía ante las nominaciones de los premios Goya?

Estaba ilusionado. Estar nominado ayudará a la comercialización de la película. Pero tenemos claro que ganar es muy difícil, porque están Futbolín y Justin y la espada del valor, que son producciones que, económicamente, valen veinte veces más que la nuestra.

¿Cómo se enfrenta uno a la posibilidad de quedarse fuera habiendo solo cinco candida-tos y cuatro nominaciones posibles?

Es trágico, realmente. Por supuesto, no queremos ser nosotros. Hay dos producciones de animación en 2-D que en principio no deberían hacernos sombra, pero nunca sabes los contactos académicos que tienen. En la medida que podemos estamos haciendo campaña a través de redes sociales. Confío en la película. Ahora mismo está en la plataforma para miembros de la Academia. Y pienso que estaremos si los académicos valoran las distintas opciones con justicia.

La película termina sin un final que cierre la historia. Parece el final del capítulo piloto de una serie.

Es cierto. Hiroku se acaba cuando se acabó el dinero. Teníamos unos veinte minutos más hechos, pero nos vencían los plazos de entrega que nos marcaban las ayudas públicas recibidas y tuvimos que dejarlo ahí, con ese final que sí, quizás es excesivamente abierto. A mí me hace gracia compararlo con el famoso rollo de película perdido del primer largometraje canario de la historia, El ladrón de los guantes blancos.

¿Cómo era el final original?

Seguía siendo abierto, pero no tanto como el de ahora. Concluía la historia, pero con la opción de continuar. La idea es hacer una segunda parte. O convertirla en una serie de varios episodios. Según cómo nos vaya en la fase de comercialización, donde esta-mos dando los primeros pasos a través de un programa del ICEX para la internacionalización de productos.

El esfuerzo que se advierte para llevar a buen puerto la producción es descomunal. La música de Raúl Capote, con ecos de mainstream durante todo el metraje y espagueti western en los créditos, resuelve con nota alta los requerimientos de una historia que quiere emular a las grandes producciones. ¿De qué está más satisfecho?

Cuando haces animación estás en la escala del fotograma a fotograma. Por eso mismo temes que la película falle en el ritmo. Y aunque hay partes que podrían mejorarse, creo que en general el ritmo se aguanta muy bien durante los ochenta minutos.

¿Cuál es su secuencia favorita?

Estoy especialmente contento con la parte del principio de la ciudad y la huida. También con haber demostrado que las islas son escenarios perfectos para producciones de este tipo. Hay quien no ha visto bien que usemos guanches, pero eso fuera ha sido muy bien recibido. Además, los nuestros son neo-guanches, como sacados de una película de Mad Max.

¿El personaje de Moira no es quizás una mala demasiado obvia?

A mí me gustan las películas de buenos y malos, del tipo Fu Manchu. Que se sepa quién es el bueno y quien es malo nada más verlo. Moira atrae. Tenemos a los personajes principales de la película como perfiles en redes sociales y es curioso que con ella el otro día le tuve que parar los pies a uno que quería mantener en el chat una conversación propia de línea caliente.

¿Cuál es el personaje al que tiene más cariño?

Hiroku es el personaje central, aunque a veces de tan perfecta que es te puede parecer repelente. Pero me quedo con ella.

Pensé que después de seis años dedicados a Hiroku había acabado con un "nunca más".

No hay que tirar la toalla nunca. Hay casi veinte minutos más terminados y guionizados unos sesenta más. Pero habrá que esperar a cuando lo permita la situación financiera.

¿Cómo ha sido el proceso desde los inicios?

La idea de hacer el primer largo de animación que se hace en Canarias fue tanto mía como del codirector, Saúl Barreto. Eso fue hace unos seis años. Nos llevó casi dos años buscar los recursos necesarios y cuatro la producción. Empezamos bien, pero con la crisis llegaron los recortes, se complicó todo. Pensábamos tener apoyo a nivel privado, pero eso nunca se materializó. También hubo más presión por parte de las ayudas públicas, que en muchos casos te las ingresan cuan- do entregas el producto. Empezamos con la película financiada al 80%, pensando que llegaríamos fácilmente al 100% viéndose los resultados.

Pero no fue así.

No. Fuimos más lentos de lo que pensábamos. Un largometraje de animación es la cosa más terrible que hay, y este ha sido el primero para nosotros.

Las limitaciones de Hiroku no están en el guión o la dirección de arte. Están en la animación. Es ahí donde el filme debe superar el mayor escollo, pues los avances que en este terreno experimenta la tecnología año a año son portentosos. ¿Qué fue lo más arduo?

Teníamos claro que la película no era para la difusión en salas, tal y como está hoy ese segmento. Sería ridículo pensar que podemos competir con la última de Pixar. Los niveles de calidad y presupuesto son distintos. Pero sabemos también que es un producto muy digno para el mercado internacional de televisión y nuevos medios. Encontrar en Canarias la gente con la formación técnica suficiente fue imposible. Por ese motivo teníamos un equipo muy reducido, sin los especialistas que este tipo de producciones suele tener. Era poca gente, pero muy polivante. Así que el proceso fue tortura y disfrute a la vez. El trabajo ha sido una proeza.

Poco que ver con la forma en que se llevan a cabo las grandes producciones.

Cuando ves los títulos de crédito de las grandes producciones hay cuatrocientas personas. Hasta que no te metes en la producción de un largometraje no entiendes por qué hacen falta. Cada objeto que sale en la pantalla, por pequeño que sea, ha debido de ser construido, iluminado, texturizado, como si estuviéramos ante una maqueta real. Y la suma de todos esos objetos más la animación de los personajes, cada gesto cuando hablan, da una idea de lo laborioso del trabajo. Solo con los tiempos que se tarda para renderizar un fotograma (con nuestra intención además de darle un plus de calidad, con lo que estos tiempos se disparan), ya sabíamos que el proceso nos llevaría años.

¿Y el principal logro técnico?

Adquirir un sistema de captura de movimiento con veinticuatro cámaras estereoscópicas y unos trajes con led gracias al cual la interpretación de las acciones de los personajes la hacen actores. Queda grabado y lo transfieres a los personajes. Para esto contamos con la Escuela de Actores de Canarias. Esos equipos están ahora disponibles para otras productoras y grupos de investigación que los quieran usar. Se han utilizado en varios proyectos y en la web de la Fundación Canaria Animática se pueden presentar proyectos. Los equipos se ceden de forma gratuita.

Este sistema se habrá llevado un buen pellizco de los dos millones de euros del presupuesto del rodaje.

Unos doscientos mil. La partida grande en una producción de animación se va en las nóminas durante cuatro años de todo el equipo técnico.

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