Crítica

El buen teatro en el cabaret

18.11.2014 | 05:00
Un momento de «El escenario ambulante».
Un momento de «El escenario ambulante».

El espectáculo El escenario ambulante, de la compañía granadina Laviebel Cabaret, tuvo su estreno en el escenario del Teatro Echegaray de Málaga. Conocidos por su amplia trayectoria, no dejan sin embargo de resultarnos cada vez más atractivos con sus nuevas producciones. Y en esta ocasión una dramaturgia altamente poética plagada de textos que navegan entre una tierna sátira de la condición humana y destellos de un surrealismo daliniano. La historia es la de un espacio escénico, un teatro, un cabaret, las tablas que lo forman y lo que contiene, que tienen, digamos, la facultad de trasladarse íntegramente por el espacio en busca de otros escenarios, más o menos importantes, más o menos bohemios, incluso cutres, donde los tres artistas atrapados, como en El ángel exterminador, viven sólo para entretener a posibles espectadores. Las imágenes son potentes, la idea atractiva, pero sin duda lo que logra mayor nivel es la intensidad con que los intérpretes se entregan en el escenario. Los números musicales inagotables, y las composiciones musicales de alto nivel se completan con excelentes letras que describen las vivencias, sentimientos, y apasionamientos de los personajes. Son estos personajes los que lanzan el anzuelo para atrapar al espectador, y detrás de ellos tres artistas sobresalientes. Una frenética y dinámica hora y veinte, en la que éstos no paran de hacer gala de sus virtuosismos. Hay momentos deliciosos por que representan cierta ternura y momentos donde la picaresca sobresale, todos bien dirigidos a impactar en la platea. Larisa Ramos, además de su gran voz y facilidad para desenvolverse en el escenario cabaretero, le infunde un aire entre socarrón y punzante que aprovecha a la perfección con la obvia sintonía de su partener. Porque en el escenario son tres artista, la pareja músico cómica y el pianista acompañante, Walter Sabolo, maestro musical que también aporta su granito de arena a la interpretación, con momentos divertidos, sin dejar de lado la faceta principal. El tercer componente es Antonio Leiva, espléndido. Además de sus dotes vocales e interpretativas, hace en esta ocasión de un impresionante alarde de mutabilidad ofreciendo una gama de personajes pintorescos y heterogéneos, en un número pensado para su máximo aprovechamiento, que dan fe de su excelente momento artístico y valía.

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