Toros

Clase magistral del catedrático del toreo Enrique Ponce

Tres alumnos de escuelas taurinas reciben las enseñanzas del diestro en una tarde con gran ambiente

20.07.2015 | 02:36
Clase magistral del catedrático del toreo Enrique Ponce

La clase magistral que desde hace tres años viene acogiendo la plaza de toros de La Malagueta se está convirtiendo en una cita ineludible para los aficionados malagueños durante julio. Tras las lecciones ofrecidas por Juan José Padilla en 2013 y El Juli en 2014, este año le correspondía impartir su maestría a una indudable figura del toreo: Enrique Ponce.

El VI Certamen «Doctor Juan Pedro de Luna», antesala del IX Certamen Internacional de Escuelas Taurinas que servirá una vez más de prólogo a la Feria de Agosto, llenaba de ambiente los tendidos del coso del paseo de Réding, con lleno en los de sombra, cumpliendo su objetivo de servir de promoción tanto para los jóvenes aspirantes a torero, como a la afición. Así, La Malagueta se transformaba en la gran Universidad del Toreo. La única nota discordante fue la herida que sufrió una fotógrafa a la que le cayó un vaso arrojado por un turista sueco.

Público de todas las edades daba una calurosa ovación durante el paseíllo a Ponce, que gentilmente aceptaba la invitación cursada por la Escuela Taurina de la Diputación de Málaga. El cariño que en nuestra capital se tiene hacia el torero de Chiva desde hace más de dos décadas se veía acrecentado en esta ocasión por el hecho de ser uno de los grandes ausentes de los carteles presentados hace apenas una semana.

Fuera de esa feria de la que tantas veces ha sido el gran triunfador (cuenta con dos Estoques de Plata de la Diputación y cinco Capotes de Paseo del Ayuntamiento) cumplía con su cita anual con esta plaza, aunque en esta ocasión fuera sin vestir de luces, con un simple traje de corto. Además, ejercía la doble función de ganadero, ya que las reses lidiadas pertenecían a su propia ganadería, que pasta en la localidad jiennense de Navas de San Juan.

Unos días antes, el diestro tuvo la gentileza de invitar a los alumnos que compartían cartel con él a su finca para reseñar las reses que ayer saltaron al ruedo de La Malagueta, escogiendo para él el eral de mayor presencia. Fue el primero de los muchos gestos de cariño que tuvo en esta clase magistral, en la que ayudado por la megafonía instalada para la ocasión (ejerció de maestro de ceremonia el periodista Santi Souvirón), fue dando indicaciones a sus privilegiados alumnos, que pudieron comprobar cómo, también en el toreo, la veteranía es un grado.

Los elegidos para recibir las enseñanzas de Enrique Ponce fueron Juan Antonio Navas, de la Escuela Taurina de Valencia, «El Castellano III», de la de Albacete, y Romera y José Antonio «El Lauri», ambos de la escuela malagueña. Demostraron estar preparados para un compromiso de esta envergadura, con una plaza con gran ambiente, y con un maestro que ha sentado cátedra a lo largo de su carrera. Así, el balance de ellos fue de palmas para Navas, oreja para «El Castellano», ovación para Romera y otro apéndice para «El Lauri», a pesar de corresponderle el astado más deslucido.

Finalmente, el quinto de la tarde era el de Ponce, que puso en práctica todas las enseñanzas ofrecidas con anterioridad a sus alumnos para deleitar a los aficionados con esta tauromaquia de marcada técnica con la que lleva triunfando por las plazas de Europa y América en los últimos veinticinco años. Tras recetar una estocada, el entusiasta público exigía dos orejas que pese a ser concedidas no llegó a pasear porque aún tenía reservada una última sorpresa: regalar el sobrero. Entre todos los actuantes, maestro y alumnos, se fueron desarrollando todos los tercios a modo de repaso general. Ponce le recetó el estoconazo final que permitía a todos salir a hombros rodeados de chavales que sueñan, algún día, surcar también esa Puerta Grande Manolo Segura.

Incidente y detenido

El susto y la nota discordante la puso un turista sueco que fue detenido tras arrojar desde un hotel cercano un vaso que hirió a una fotógrafa. La mujer tuvo que ser atendida por los servicios médicos de la plaza por una herida en la cabeza. Al poco se encontraba ya restablecida. Los cristales impactaron también contra otras personas del público y de la prensa que se encontraban cerca, en el tendido siete.

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