Entrevista

"Mi literatura no tendría el más mínimo interés si no leyese y viviese a fondo"

El malagueño Rafael García Maldonado novela la historia real de un alcalde franquista que, jugándose la vida, escondió al último primer edil republicano, amigo suyo

03.09.2015 | 05:00
Rafael García Maldonado, con su libro.

El autor coíno, "farmacéutico de pueblo" de profesión, sorprendió con 'El trapero del tiempo', un ambicioso debut literario que buscaba condensar el siglo XX a través de personajes reales e inventados. Ahora regresa con 'Tras la guarida', una historia más pequeña pero también con el peso de la historia

­­Evalúe la experiencia de El trapero del tiempo: ¿el saldo es positivo, tanto en lo artístico como en lo, digamos, comercial?
El trapero del tiempo me hizo visible, me puso en el mapa literario, y las reseñas fueron excelentes todas. Creo que fue una muy buena primera novela que, para colmo, funcionó muy bien en las librerías y sigue funcionando todavía, dos años y algo después, con el boca a boca. A los lectores les gustó mucho, y eso es lo más importante.

Y de aquel tocho realmente complejo y profusamente documentado, pasamos a un libro mucho más modesto en principio, Tras la guarida [Playa de Ákaba]. ¿Teme que alguien diga que ha dado un paso atrás en sus ambiciones y haya redimensionado un tanto su empeño, o es que realmente necesitaba contar una historia más íntima, más pequeña?
El trapero era un tocho que contenía tres novelas diferentes que confluían en un final común. Dos personajes antagonistas que recorrían el siglo XX, todos los acontecimientos importantes de ese siglo. Sin embargo, era un narrador omnisciente el que hablaba en tercera persona, y no creo que a nadie le haya supuesto dificultad alguna su lectura, más allá de que eran casi 500 páginas. Tras la guarida tiene 145 páginas, y yo creía que no se entendería muy bien, dado la complejidad de la estructura. He sido más ambicioso con una novela polifónica, de monólogos interiores, en la que el lector es fundamental para terminar la historia, para armarla. Aquí necesitaba un lector cómplice y lo he encontrado. Hay casi cien personas que ya la han leído, y veo más entusiasmo que con la primera. Me equivoqué, pero bendita equivocación.

La historia no abarca un siglo como El trapero, desde luego, en ella el contexto histórico es fundamental. Si en El trapero el proceso de documentación fue casi obsesivo, ¿cómo se ha planteado este regreso al oscuro franquismo en ese momento tan determinado en el que transcurre Tras la guarida?
Aquí no ha habido documentación alguna, sino mucho homenaje a mis mitos y muchas ganas de aprender técnicas complejas de narrativa. De hecho, esta novela está escrita entre la primera y otra novela de largo aliento. Verás, yo amo a Onetti más que a nadie en el siglo XX, y a Conrad, que es mi favorito, mi Dios. Creo que, junto con Faulkner y el primer Cela, están muy presentes en Tras la guarida. No es una novela de la Guerra Civil, más bien de la postguerra, y es en el fondo una historia de amor con forma de thriller. Una historia de amor y dolor en tiempos oscuros.

Es usted un auténtico escuchador profesional de historias; en su botica se ha convertido en un experto en oír las peripecias personales de los clientes, y ésta, la de Tras la guarida, aunque ficción, suena a algo que podría haber sucedido. ¿Cuánto hay de ficción y de realidad?
Antes que la escritura está para mí la lectura y está la vida. Y cuando hablo de vida es mi trabajo, mis viajes, mis relaciones personales. Mi literatura no tendría el menor interés si yo no viviese y leyese a fondo. Soy novelista porque me gusta leer y porque me gusta vivir. Mi trabajo me encanta, y es el mejor lugar posible para mirar, para aprehender y para dejar que la vida te golpee en la cara. Veo de todo, y me implico mucho con la gente. Esta novela nace, sin embargo, en Sevilla, en el pueblo de mi mujer, Mairena del Alcor. Un anciano me contó que su padre, primer alcalde franquista de otra localidad cercana, escondió en una choza al último alcalde republicano durante cinco años, jugándose la vida. Eran íntimos amigos. Ahí surgió la chispa, en ese momento supe que tenía una novela en la mochila.

«No pretendo vivir de la literatura; mi profesión es otra», suele decir usted...
Yo vivo para la literatura, no de ella. De ella pueden vivir muy pocos, y si lo hacen, salvo cuatro autores best sellers, lo hacen con dificultad. Yo tengo una profesión noble, como decía Benet de la suya, y cuando puedo escribo un par de horas, normalmente a medio día, de 3 a 5, y alguna madrugada. El resto del tiempo estoy leyendo, de viaje o paseando con mis perros.

¿Y ahora qué? ¿Qué historia le espera en su despacho para ser escrita?
Terminé a comienzos de verano una novela policiaca, que he presentado a un premio importante en Barcelona. Ése es mi proyecto inmediato. Ése y un par de antologías donde aparecen dos relatos míos, que salen en octubre, una en Tropo Editores y otra en Playa de Ákaba, la editorial de Tras la guarida.

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