En el recuerdo

Hasse Ekman: el hombre que dijo "no"

El hombre que le disputó durante años la corona del cine sueco a Ingmar Bergman decidió un día dejarlo todo y 'exiliarse' voluntariamente en Fuengirola

14.09.2015 | 10:22
Hasse Ekman, uno de los grandes autores del cine sueco.

Vendió su colección de arte en 1965 y se compró una casa en la Costa del Sol

­Entre los años 1965 y 2004 fue uno de los muchos guiris que se recorrían a diario el paseo marítimo de Fuengirola. Aquella era casi toda la escasísima vida al aire libre que Hasse Ekman hacía entre nosotros; el resto del tiempo lo dedicaba a ver películas y la televisión, a estar con su mujer –en realidad, fueron dos en esas casi cuatro décadas–. No muchos, por no decir casi nadie, le recuerda en el pueblo –tampoco en Benalmádena, adonde recaló antes–; ni su nombre le dice demasiado a muchos de los connoisseurs del cine. Pero lo cierto es que Ekman fue uno de los más grandes realizadores suecos, el único que pudo hacerle sombra al intocable Ingmar Bergman. Estos días, el MoMA de Nueva York realiza una completa retrospectiva de su filmografía y recuerda a un hombre que se exilió voluntariamente entre nosotros.

Hasse Ekman rodó 25 películas entre 1940 y 1965. Entonces, decidió vender su magnífica colección de arte –su otra pasión, aparte del cine y el teatro– para pagarse con ella su huida. En la Costa del Sol, cuando contaba sólo 50 años y se podría haber encontrado en su plenitud creativa, se refugió y nadie supo demasiado de él, a pesar de que, de tanto en tanto, volaba a su país para dirigir a un grupo de amigos en montajes teatrales o realizar proyectos bastante subterráneos. Sólo cuando se lo pedía el cuerpo: «Cuando Ekman sintió que no tenía nada más que ofrecer, se retiró para vivir una vida tranquila y feliz, muy lejos de aquella vida en la que estaría escribiendo guiones en servilletas en bares en un estado de frenesí creativo», cuenta Nick Pinkerton en sus notas para el ciclo del MoMA.

Hasse Ekman fue admirado por Ingmar Bergman –de él dijo el autor de De la vida de las marionetas en 1992: «Fue uno de los grandes talentos del cine sueco»; y destacó siempre su película Flicka och hyacinter, «una obra maestra absoluta, de 24 quilates»–. Entre ambos realizadores se vivió una competición creativa a lo largo de la primera mitad de los años 50, un concurso tan fílmico como de popularidad que terminó en 1956, cuando Ekman estrenó su «película anti-Bergman», Flickan fran tredje raden. En realidad, fue una respuesta a Prison, una cinta de Bergman protagonizada por el propio Hasse Ekman, en el papel de un director de cine no demasiado talentoso. Su colega seguía ascendiendo peldaños en la escena internacional, mientras Ekman seguía siendo nada más que una celebridad cinematográfica local, con cada vez peores reseñas y siendo comparado, negativamente, con su competidor. Se cansó: Ekman le envió un telegrama a Ingmar: «Para que lo sepas, lo dejo». En realidad, no dejó de rodar pero sí de disfrutar haciéndolo.

Y se terminó. El hombre que fue votado el mejor vestido del año, que salía a recorrer las calles de su ciudad en un deportivo amarillo –eligió el amarillo porque nadie de los alrededores tenía un coche en ese color, el seductor que se empeñaba en superar en conquistas femeninas también a Bergman y el coleccionista que presumía de su stock de arte al enseñarlo en sus películas murió de alguna manera. Resucitó en la Costa del Sol un hombre tranquilo y discreto. Como escribió Fredrik Gustaffsson: «Mientras Ingmar Bergman iba recogiendo Palmas de Oro y premios en festivales de todo el mundo, Ekman se dedicaba a jugar a la petanca». Quizás ésa era la felicidad que necesitaba.

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