Teatro

Grande María Barranco

Crítica de la obra 'Legionaria', presentada en el Teatro Cervantes

12.10.2015 | 15:46

Legionaria

Autor: Fernando Quiñones.
Adaptación y dirección: Manuel Iborra.
Intervienen: María Barranco.
Lugar y fecha: 9 de octubre, Teatro Alameda

Legionaria de Fernando Quiñones, con María Barranco, se presentó en el Teatro Alameda este fin de semana. Legionaria es el apodo de Hortensia Ramírez, una mujer de las de armas tomar. Su apodo le viene de uno de sus primeros amantes, con el que huyó después de un traspié desde su barrio hasta la Alameda de Hércules sevillana. Allí comienza la carrera de una prostituta de las de antes. De las de antes por el tiempo en que se sitúa la acción. Es igual, se trata de una persona que no encuentra otra salida para sobrevivir que vender su cuerpo por dinero. Hortensia, sin embargo, siempre ha presumido de disfrutar de su profesión. Tal vez esa defensa de mujer, en otro tiempo, cuando se escribió, la ensalzaba como mujer fuerte que ha sabido sobreponerse a las circunstancias con una entereza especial. Casi un símbolo. La mujer que maneja los hilos de su vida frente a una sociedad que la margina. No creo que hoy tenga tanto sentido esa visión poética de la prostituta, y tal vez por eso lo mejor de la versión es que logra centrarse en el retrato de la persona.

Una añeja historia portuaria reconducida hacia la intimidad. Hortensia es revivida por María Barranco, que le aporta una veracidad imprescindible para el relato que deja de ser folclórico y se convierte en humano. La gran capacidad de la actriz está en mostrar la veracidad de lo que narra el personaje. Tiene María momentos, giros y ademanes que son guiños preciosos de una interpretación muy interiorizada. De ahí que logre la empatía con el auditorio con rapidez. Y eso a pesar del lenguaje descarado y soez del personaje. Se muestra franca y cercana como lo son las personas que tienen la capacidad de reírse y sacar provecho positivo de la vida frente a cualquier acontecimiento. La naturalidad prima en la construcción del personaje en un monólogo que va directo a los espectadores. Lo que falla es la evolución, que parece destinada a llegar a un final más impactante y dramático, pero que no se recrea por el camino. Resulta dramáticamente lineal, a pesar de la franqueza de la narración.

El juego dramático necesitaría de momentos intermedios que hagan más amena la evolución del espectáculo. Tímidamente se vislumbra un intento en la ambientación, pero la iluminación es tan terrible que sólo logra entorpecer. Necesita momentos donde la reflexión o una explosión emocional nos permitan disfrutar aún más del buen trabajo interpretativo de la malagueña. Que por otro lado se llevó un gran aplauso de un público entregado.

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