Teatro | Crítica

Arriesgada y exitosa puesta en escena

Crítica de la obra 'La noche de las tríbadas', de la compañía Dagmar Producciones

15.10.2015 | 05:00

Dagmar Producciones arriesga el todo con una complicada obra, La noche de las tríbadas de Per Olov Enquist. En el Teatro Echegaray pudimos disfrutar de la puesta en escena realizada por José Carlos Plaza y la buena intervención de sus intérpretes. Un texto en el que lo más importante es la palabra, los diálogos que nos dan a conocer a los dispares personajes que se enfrentan entre sí. La anécdota es la supuesta reunión del famoso autor teatral Strindberg, con su esposa actriz, la amante de ésta y un conocido actor y director para ensayar La más fuerte –obra realmente escrita por el primero–. La relación entre este texto y los acontecimientos que en su día sucedieron con el grupo, van revelando los distintos puntos de vista de los personajes con la trama. El conflicto está servido. Y resulta muy interesante ver cómo estos personajes evolucionan de la más educada frialdad nórdica a explosivos momentos emocionales.

El relato parece recaer sobre el propio Strindberg, pero pronto nos damos cuenta cómo las intervenciones de éste van haciendo mella en los demás personajes y cómo con el silencio son recibidas por los actores. Es la parte más atractiva, esa en que se demuestra que el personaje está presente padeciendo o interviniendo en todo momento sin necesidad de recurrir al diálogo. Todos tienen su momento de lucimiento. Óscar Ortiz de Zárate compone, con toda naturalidad, el tipo divertido, pusilánime, que descarga la tensión de la obra en los momentos álgidos para relajar el ritmo. Jorge Torres se compromete con un Strindberg sicótico lleno de fuerza nerviosa e inagotable, que a su vez se permite instantes íntimos preciosos. Zaira Montes, construye un espléndido tipo, al margen de su condición lésbica, con carácter y enorme credibilidad. Montse Peidro nos regala una dama, una grande de los escenarios, esa diva que sufre con radiante desesperación las consecuencias de ponerse el mundo por montera, y reír ante los demás lo que en el fondo le produce más dolor.

Personajes muy bien construidos y muy uniformes en sus interrelaciones. Y un ritmo vivo que se recrea en instantes decisivos fluctuando en episodios más ligeros y que nos conduce durante toda la representación por ese entresijo complicado que son las relaciones humanas. Eso que hace interesante asistir a una sala de teatro. Dagmar Producciones ha arriesgado fuerte con un texto difícil y ha logrado un espectáculo muy atractivo de pura esencia teatral. El riesgo en este caso ha tenido su recompensa.

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