Teatro | Crítica

La nueva comedia de salón

Crítica de la obra 'Losers (Perdedores)', de la dramaturga catalana Marta Buchaca

27.10.2015 | 05:00

Losers (Perdedores), de la dramaturga catalana Marta Buchaca, recién estrenada ahora por María Pujalte y Vicente Romero, se presentó en el Teatro Alameda este pasado fin de semana. Esta obra que ya había tenido un buen éxito en su anterior andadura, se retoma ahora por dos excelentes actores que dan un buen ejemplo de dominio de comedia. La obra nos habla de dos personajes perdidos en los cuarenta y con un bagaje poco estimulante en sus relaciones amorosas. Ambos poseen esa especie de maldición que define a los losers, los perdedores, denominación cariñoso-despectiva para aquellos que se autoinfligen con la crisis en la estima. Estos dos personajes viven en un presente muy reconocible, y bien utilizado por la autora, una vertiginosa situación que les lleva a enamorarse con todas sus consecuencias tras una rápida y afortunada coincidencia en el establecimiento regentado por él. Los giros de los acontecimientos son los predecibles, o más bien los deseables por el espectador, ante las vicisitudes que constriñen a los personajes y sus reacciones más o menos afortunadas o torpes. Y ese es uno de os grandes valores del texto, que logra desde el primer momento que el asistente a la representación desee con fervor que sean felices porque se lo merecen como creemos que nos lo mereceríamos nosotros mismos si tuviéramos esa oportunidad. La llaneza con que los actores dan vida a los representados, la cercanía, la bondad de sus intenciones y ese poquito de candor favorecen que la historia sea seguida con interés. No cabe duda de que, además del texto, la labor de los intérpretes es notable en esta producción, y así María Pujalte borda una nerviosa mujer de edad madura llena de tics y rápida de lengua que nos ofrece además un lado tierno superpuesto a ese otro mandón típico de aquellos que tratan de ocultar sus nerviosismos y falta de confianza, en un proceso magnífico. Está Pujalte que se sale, y consigue sacar partido a cada frase que sale de su boca para hacer reír al auditorio con poco que haga. Vicente Romero es el compañero perfecto en esta pareja de actores, y en su guiño al tipo apocado y pelín cínico no deja de asombrar con un lado tierno que engancha con facilidad en las situaciones más desesperantes. El ritmo incansable y esos apartes deliciosos en que los personajes nos confiesan sus pensamientos hacen que la historia, gratamente dirigida por Guillem Clua, suceda rápida y divertida, dentro de un estilo clásico pero con lenguaje cercano y un desarrollo proporcionado.

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