Excéntricos ejemplares

Félix Fénéon, tuitero invisible

Escribió en 1906 novelas negras de tres líneas sobre sucesos, asesinatos, suicidios y accidentes que ocurrían en la ciudad de París. Y todo sin exceso alguno, sin palabras de más, sin sobrepasar, ni por asomo, la delgada línea de los 140 caracteres, y todo ello con un humor exquisito

07.11.2015 | 05:00
Ilustración de José Miguel Castillo.

Fue el primer tuitero en versión papel. De ojos impasibles y perilla de chivo, casi nunca firmaba lo que escribía

Aspiraba al silencio. A ocultar de capas de sombras su enigmática figura. A impregnar de invisibilidad todo lo que tuviera que ver con su nombre. Con su abrumadora biografía: la patria nostálgica de la niñez; el vórtice indomable de la adolescencia; la líquida juventud. Era como si no tuviera recuerdos de infancia. Como si hubiera llegado sin pasado a la batahola imparable del tiempo. Los ojos impasibles, de piedra. Los pómulos huesudos. La fina perilla de chivo tierno, que años después heredaría, más poblada, el oulipiano George Perec.

Félix Fénéon (1861-1944), tuitero de papel, segundón olvidado de lujo, crítico de arte, descubridor de promesas artísticas y literarias (como Seurat, fundador del neoimpresionismo), activo anarquista, traductor al francés de James Joyce (años después, en 1922, la librera de Shakespeare & Company, Sylvia Beach, publicaría en París el Ulises), dejó rastros de su inteligencia y de la precisión y concisión de su estilo por los lugares que anduvo: el Ministerio de Guerra, y los periódicos de noticias parisinos o revistas culturales que dirigió, editó o impulsó como es el caso de La Libre Revue, la Revue blanche (contaba con Debussy o André Gide entre sus colaboradores), la Revue indépendante, la Vogue...

Sí, Fénéon fue un tipo peculiar, raro como la escritora Edith Sitwell, discreto como Joseph Joubert. Escribió novelas negras de tres líneas, noticias de tres renglones en la página tres del periódico Le Matin, en la que abordaba temas de sucesos, asesinatos, suicidios, accidentes de tren, tranvía o automóvil...y todo desde el anonimato o colocando como firma sus propias iniciales, sin exceso alguno, sin palabras de más, sin sobrepasar, ni por asomo, la delgada línea de los 140 caracteres, y todo ello con un humor exquisito.

«Anticipan la velocidad de la sincopada estética futurista. Fénéon tenía poco espacio para contar esos hechos, así que prescindió de todo lo que no fuera esencial. Pero, además, se vio obligado a ir reflejando las novedades que la técnica iba aportando a la vida cotidiana», dice el escritor Antonio Jiménez Morato, que se encarga de la introducción del libro Novelas en tres líneas, editado por Impedimenta en 2011, y que recoge estos textos breves publicados en su día por Fénéon.

Allí el periodista y crítico de arte, que nació en Turín, escribe con ingenio sobre lo que pasa en la vida del París de principios de siglo.

De este modo, ofrece detalles sobre accidentes en la ciudad: «Atropellado de nuevo por un tranvía, que acababa de lanzarlo a diez metros, el herbolario Jean Désille, vecino de Vanves, resultó cortado en dos»; acerca de detenciones: «Joël Guilbert, detenido en Saint-Germain por marcharse de un bar sin abonar su consumición, bebió sublimado corrosivo. Se le desintoxicó, pero ayer moría de delírium trémens»; sobre despidos: «Despedido el martes por su patrón, el chico de trece años Godillot, vecino de Bagnolet, no se atrevió a regresar a su domicilio. Vuelve, muchacho: tu familia te espera»; de política: «Dieciocho de los diecinueve concejales del ayuntamiento de Tournus (Saona y Loira) consideran que el sueldo de los parlamentarios es excesivo, mientras que el suyo es insuficiente»; sin olvidar, además, los asesinatos: «La viuda de Jules Morel, de setenta y dos años, rentista en Arnas (Ródano), ha sido estrangulada. Estaba durmiendo cuando fue tratada de esta guisa» o «Abandonada por Delorce, Cécile Ward rechaza acogerlo de nuevo, salvo en matrimonio. Él la apuñala, puesto que esta condición le había parecido escandalosa»; los desaparecidos: «Un bisutero del distrito 3º (nombre desconocido) y su mujer estaban pescando en barca en Mezy. Ella se cayó. Él se tiró detrás de ellas. Desaparecidos»; o unos simples cítricos: «Unas naranjas (doscientos sesenta mil kilos) están esperando en los andenes de la estación de Cerbére a que los agentes y los descargadores se pongan de acuerdo».

Nada escapa a la mirada excepcional, singular y afilada de Félix Fénéon que, durante un año, va a escribir estas nouvelles, término que no sólo se traduce como novelas cortas, sino también como noticias.

Décadas después, la escritura de inventario de otro extravagante, el francés George Perec, recordará a menudo al autor de Impressionistes, un libro que apareció en 1886, que Fénéon sí firmó y del que sólo se publicaron varias decenas de ejemplares.

Cuando se lee las Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos de Perec, que dedicó a Italo Calvino y que está incluido en su obra Lo infraordinario (Editorial Impedimenta), se percibe también el arte literario de la brevedad, aunque no llevan la carga de tragedia de las nouvelles: «Aquí estamos en Lavandou. Es precioso. Comemos muy bien. Me he hecho muchos amigos. Volvemos el 25»; «Estamos en el hotel des Dunes. Sesiones largas de bronceado. Estamos bien. Todas las noches bailamos Jerk en una discoteca abarrotada. ¡Mil recuerdos para los que se han quedado en París!»; «Estamos explorando Oléron. Esto es encantador. Grandes paseos a caballo. ¡Lástima que nos tengamos que volver en 3 días!».

Esta concisión, este arte de la enumeración, se encuentra también en su obra Me acuerdo (Editorial Berenice): «Yo me acuerdo de Robert Mitchum diciendo Children€ en el filme de Charles Laughton The night of the hunter»; «Yo me acuerdo de que mi tío tenía un 11CV matrícula 7070 RL2»; «Yo me acuerdo de un queso llamado La vaca seria» (La vaca que ríe demandó y ganó).

Feneón consiguió muy joven una plaza en el Ministerio de Guerra que le obligó a trasladarse a París. Pero lo que verdaderamente determinó su biografía fue la acusación que cayó sobre él como responsable de un atentado ocurrido el 4 de abril de 1894 contra el lujoso restaurante Foyot, cerca del Senado parisino, donde estalló una bomba en una maceta de geranios, y en el que no se contabilizó ningún muerto, aunque sí un herido.

En su oficina se encontró mercurio, sustancia con la que presuntamente se había confeccionado el artefacto. Estuvo en la cárcel de manera preventiva. Compareció en el Proceso de los Treinta y finalmente fue absuelto por falta de pruebas.

Fénéon, dandy del silencio. Escritor casi sin obra. Olvidado inolvidable. Pionero de lo breve. Sublime. Exacto. Breve. Eterno.

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