Cine

Prodigio del capitalismo

La película narra el ascenso estratosférico del grupo mítico de rap N.W.A., desde las calles de Compton hasta convertirse en el enemigo número uno de EEUU

19.11.2015 | 17:57
Los cinco de Compton reencarnados para la gran pantalla.

­­La pequeña palabra fuck es un vocablo que tiene gran acogida en el inglés americano. Quien no quiere aparentar ser de Marte, hace bien en entrelazar aquí y allá esta palabra mágica que se puede utilizar también, y sin problema alguno, en cualquier conversación nocturna entre círculos académicos. En toda su sazonada funcionalidad, es capaz de impregnar hasta a la opinión más humilde de cierta firmeza. En Estados Unidos, la palabra fuck es tan democrática como lo puede ser Micky Mouse, Mc Donald´s o Coca-Cola. A pesar de su profunda aceptación social, hubo algún momento en la historia reciente del país en el que su modalidad de uso sí que llegó a provocar un rechazo frontal. Atestarle importantes exquisiteces a la canción de 'Fuck Tha Police' sería pasarse de generoso: el ritmo es tosco y la letra se limita a una repetición infinita del mensaje principal en sus multiples variaciones. Sin embargo, cuando la pieza se lanzó a finales de los años 80, se convirtió en una respuesta desacomplejada a la situación precaria que había creado el régimen de Ronald Reagan en los suburbios de las principales capitales de Estados Unidos. Nadie rapeaba de forma tan dramática sobre núcleos urbanos infestados de crack como lo hacía N.W.A. (Niggaz With Attitude). Que por ello llegaron hasta a ser desalojados de un escenario a porrazo limpio por la policía no hizo más que refrendar la relación crispada que cuidaba la América blanca con su minoría negra. Para la fama, sin embargo, fue mejor que mil campañanas de marketing juntas. Ahora el icono se hace película, 'Straight outta Compton', como el título del primer y seminal álbum de la banda.


Enemigo público número uno. La escena de la pelea inicial del épico biopic de dos horas y media ya marca de entrada la clave para el fulgurante ascenso de N.W.A. Desde sus inicios, hasta convertirse en el grupo más peligroso del mundo. Más de diez años se estiró la producción y en numerosas ocasiones se modificó el guión. Hasta se llegó a cambiar de director. Algo que se debe, entre otras cosas, a que los involucrados que todavía están con vida vigilaran de manera minuciosa su representación. Ahora que la película por fin se estrena en los cines, la propia realidad ha logrado tomarle la delantera a la ficción. Ahí están los recientes disturbios en Ferguson. En Estados Unidos se ha abierto de nuevo la veda y se analiza con lupa la brutalidad policial sobre el hombre negro. Irrumpiendo en este ambiente caldeado, pudiera estar el temor de que la película actué como un incendiario verbal. Llegados a este punto, uno puede respirar tranquilo porque, en contra de lo esperado, Straight Outta Compton se ciñe a predicar el uso de la palabra como mero catalizador cultural.

De entrada, el espectador ve como O´Shea Jackson, mejor conocido bajo el nombre de guerra de Ice Cube, anota versos sueltos en su agenda mientras se encuentra en el autobús camino al instituto; un poeta de la calle que plasma la realidad que le rodea con la integridad de un reportero de guerra. En el momento siguiente, ya se ve como André Young, un chico problemático, que más tarde iba a alcanzar fama mundial como Dr. Dre, sueña bajo unos cascos gigantes con una carrera como productor. Juntos recrutan a Eazy-E para la causa. Es el único del grupo que recuerda realmente a un gángster. Al final, lo convierten en rapero en largas sesiones de trabajo de estudio. Así logran colocar un mensaje. Quien rapea no trafica. Pero, también, se muestra el nacimiento de una idea de negocio. El partyrap del momento servía para satisfacer a los estudiantes pero, en tiempos de crisis, Estados Unidos solicitaba algo más duro. La materia se encontró en Compton. Un barrio periférico de Los Angeles controlado por las bandas callejeras. Straight Outta Compton son dos horas y media de detalles cuidados con pulcritud que convierten al espectador en testigo de cómo los personajes van encontrando paso a paso su propia identidad. Cube, el hombre para lo contundente, Dr. Dre, el estratega del sonido, Eazy-E, la garantía personificada de la credibilidad callejera, además de DJ Yella y MC Ren, dos chicos del barrio que tenían que aparecer por cortesía con la historia. Mientras caen los disparos por la noche, la ira se funde en los textos. Los verdaderos problemas aparecen con el éxito. La segunda parte de la película muestra la recompensa a tanto trabajo. Coches rápidos, mansiones bajo palmeras californianas, fiestas y culos en piscinas gigantes. Pero el dinero trajó consigo las disputas. Ice Cube dejó N.W.A. en 1989. Fue el comienzo del final. Ahora, Dr. Dre tiene el honor de ser el primer multimillonario del hip-hop. Y negro. ¡Fuck!

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