Crítica de teatro

Formalidad

"La apuesta por la corrección formal por encima de la pasión provoca desapego"

23.11.2015 | 05:00

'Equus'
Teatro Echegaray

Compañía: Compañía Ferroviaria de Artes Escénicas.
Director: Paco Macià.
Intérpretes: César Oliva Bernal, Román Méndez de Hevia, Eloísa Azorín, Toni Medina, Anaïs Duperrein, Antonio Mateos, Lorenza Di Calogero.

Equus de la Compañía Ferroviaria de Artes Escénicas se presentó en el Teatro Echegaray. Y lo hizo dentro de la programación de Danza, una de esas cosas explicables o inexplicables que hacen los programadores y vendedores para girar sus espectáculos. Porque si bien los caballos de Equus danzan, la propuesta es totalmente teatral, y más de un espectador queda confundido a la hora de seleccionar.

El texto de Shaffer ya es bien conocido: un psiquiatra debe tratar a un adolescente que ha apuñalado los ojos de varios caballos en una cuadra.
El porqué de esta conducta es lo de menos, lo que interesa es el proceso de implicación del doctor con las ideas que va descubriendo de su paciente. Esa metamorfosis que se produce en los conceptos más o menos arraigados de las personas e incluso de las sociedades frente a actitudes que nos resultan nocivas. Conductas que nos alteran la seguridad y que tratamos no de entender sino de eliminar porque atentan contra nuestra seguridad y el control de nuestras doctrinas. Equus es la investigación para descubrir otro lado posible de sentir el mundo que nos rodea.

La puesta en escena aprovecha un espacio que evidentemente está diseñado para otro concepto más abierto, no tan a la italiana, pero resulta aún así atractiva y muy limpia... Y, sobre todo, formal, la palabra que mejor calza con la representación. Y ahí empiezan los problemas: la apuesta por la corrección formal por encima de la pasión provoca desapego. Con todo el espectáculo y aparato teatral perfectamente aprovechado, con las correctas interpretaciones en dicción y movimiento, el desarrollo dramático resulta falto de emoción; y eso a pesar de los momentos más álgidos, perfectamente montados. Ahora se entiende por qué en el ciclo de danza, porque detrás hay un diapasón excesivamente rígido que marca el tiempo y el ritmo pero no concede libertad actoral. Aún así, sometidos a este estilo de dirección apretado, hay buenos resultados entre el elenco. El tándem de jóvenes formado por Román Méndez de Hevia y Anaïs Duperrein, en sus escenas juntos, logra una evidente conexión que traspasa.

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