Ciencia

Las bellas durmientes de la ciencia

Un ránking recopila estudios visionarios, que no fueron reconocidos o citados hasta décadas más tarde. Ensayos de mentes prestigiosas como Albert Einstein o Karl Pearson, entre muchísimos otros genios de nuestro tiempo, se vieron afectados por el síndrome del artículo que 'hiberna'

28.11.2015 | 05:00
La Teoría de la Relatividad de Einstein cumplía 100 años hace unos días.

Son descubrimientos, quizás adelantados a su época, que luego hibernan durante décadas. Se dice de los genios que tienen un sexto sentido visionario. Por eso a veces sus artículos caen en desgracia y pasan años inadvertidos. Le ha ocurrido a los científicos más reputados del mundo. Por ejemplo, a Einstein. Un estudio cae en el olvido hasta que, de repente, alguien descubre su radical importancia, que viene a explicar una intrincada incógnita. A estos artículos se les denomina bellas durmientes y la prestigiosa PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos) les rinde homenaje. Ha realizado un exhaustivo repaso por más de un siglo de ciencia para desvelar qué mentes se adelantaron a su tiempo, algunas hasta más de un siglo. E incluso han elaborado un ranking.

El récord de letargo se lo lleva otro prestigioso científico, el matemático estadístico Karl Pearson, cuyo estudio publicado en 1901 no despertó hasta 101 años después, en 2002.

«Nuestro análisis es la evidencia empírica de cómo un estudio puede ser un verdadero adelantado a su tiempo», asegura el investigador del Centro de Sistemas Complejos de la Universidad de Indiana, en EEUU y firmante del artículo, Alessandro Flammini. Los autores han aplicado el método a 22 millones de artículos científicos publicados en todas las disciplinas de las ciencias naturales y sociales en un lapso de tiempo más largo de un siglo. «Nuestros resultados revelan que el fenómeno de las bellas durmientes no es excepcional. Hay un espectro continuo de retraso reconocimiento». Entre los quince estudios que más años han tardado en llamar la atención de la comunidad científica, cuatro fueron publicados hace más de cien años y es que «la potencial aplicación de algunos estudios era simplemente imprevisible en su época», indicó Flammini.

Un claro ejemplo de bella durmiente es un articulo fundamental de Albert Einstein, Boris Podolky y Natahn Rosen sobre la Paradoja EPR, un importante rompecabezas en la teoría del entrelazamiento cuántico. Einstein, que recibió el Premio Nobel de Física en 1921, tenía en 1935 reputación de sobra como para que un estudio firmado por él y otros colegas lograra un amplio eco en la comunidad científica, sin embargo, este no fue citado de manera generalizada hasta 1994.

Pero la más dormilona de las bellas durmientes en el mundo de los estudios científicos es el citado, del influyente estadístico Karl Pearson. Lo publicó el primer año de siglo XX en el Philosophical Magazine y que no se despertó hasta 2002. También es el caso de una investigación publicada en 1958 sobre la preparación de óxido de gráfico, que mucho más tarde se convirtió en un compuesto empleado para la producción de grafeno, un material cientos de veces más resistente que el acero y de gran interés para la industria. Parece que hasta 2007 no comenzó a ser citado de forma masiva. Y es que el óxido de grafito permite obtener grafeno a escala industrial y rentable –y este material tiene un papel protagonista en la nueva revolución tecnológica–. Nadie vio la puerta abierta desde 1958 hasta que, en 2004, Konstantin Novoselov y Andre Gueim aislaron grafeno por primera vez, lo que les valió un premio Nobel de Física en 2010. Consultado sobre las bellas durmientes, el investigador gallego y experto en Paleoclimatología y Geología, Anxo Mena, indica un caso más: el del astrónomo, matemático y geofísico serbio Milutin Milankovic. El ingeniero, muy reconocido por su teoría de edades de hielo que relaciona las variaciones de la órbita terrestre y los cambios de larga duración del clima, lo que se conoce como variaciones orbitales o ciclos de Milankovitch fue un adelantado a su tiempo. «Avanzó en su teoría orbital que las glaciaciones dependen de la radiación solar que nos llega», indica Anxo Mena. El astrofísico falleció en 1958. Sin embargo, esta teoría no fue «aceptada» ni tomada como referencia hasta los años 80, asegura el investigador.

El estudio indica que las revistas PNAS, Nature y Science son la que publican más bellas durmientes. Disciplinas malditas Según la revista, las disciplinas más malditas son la física, la química, las ciencias multidisciplinares, las matemáticas y la medicina general e interna, en las que ha contabilizado una gran cantidad de estudios que han pasado por periodos de hibernación de hasta 70 años hasta obtener el reconocimiento a su teoría. El estadístico Anthony van Raan acuñó el término bella durmiente para referirse a estos fenómenos. En su estudio de 2004 citaba el caso extremo de un estudio de 1986 sobre supergravedad y teoría de cuerdas que durmió durante nueve largos años antes de resucitar cuando el campo sobre el que versaba había florecido. Para calcular el coeficiente de belleza de un artículo, los especialistas de la Universidad de Indiana tuvieron en cuenta la historia de citas de un estudio, el número máximo de citas logradas en un año y aquel en el que más se le hizo referencia, entre otros factores.

Consultado sobre este tema Félix de Moya, fundador del grupo Scimago de medición científica e investigador del CSIC –por el diario El País–, este ofreció la siguiente opinión: «Es interesante, sobre todo porque muestra que los resultados de un científico no se pueden analizar con índices de impacto que solo tengan en cuenta los últimos años [...]». Pero señala que ya hay otros indicadores como el índice h «que cada vez son más usados» y que sí tendrían en cuenta una bella durmiente.

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