Ni tan tragi ni tan comedia

Crítica de la obra 'el discurso del Rey', representada en el Teatro Cervantes

29.11.2015 | 05:00

El discurso del Rey

Compañía: Zebra Producciones. Autor: David Seidler.
Dirección: Magüi Mira.
Intervienen: Adrián Lastra, Roberto Álvarez, Ana Villa, Gabriel Garbisu, Lola Marceli, Ángel Savín.
Lugar y fecha: Teatro Cervantes, 27 de noviembre

Magüi Mira nos presenta de la mano de Zebra Producciones El discurso del Rey en el Teatro Cervantes, la tragicomedia del Rey británico Jorge VI. Como tragicomedia se define esta historia en la que el príncipe y posterior monarca se enfrenta a uno de sus problemas, más vergonzantes. Es tartamudo. Puede que hoy día nos resulte exagerado este temor intrínseco, pero hay que situarse en el contexto; años treinta, heredero de uno de los imperios más influyentes y grandes del mundo.

No poder expresarse con claridad y las continuas bromas vejatorias provocan que el carácter del personaje, altanero por nacimiento, sea retraído y tímido en sus relaciones. Para superar el problema, su esposa, una santa, le busca (tras muchos otros intentos fallidos) al novedoso doctor que logrará salvarlo de su enclaustramiento. El proceso de aprendizaje es importante en esta historia, pero no sólo el que le conduce a mejorar su dicción, si no el que le lleva a salir del mundo de cristal palaciego en que vive cobijado. El objetivo es que el futuro monarca (que por otro lado no estaba destinado a tal honor, pero que le viene dado tras la renuncia de su hermano mayor), de la imagen ´real´ conveniente y segura ante su pueblo como no podría ser si titubeara ante los micrófonos de la época. Por detrás, los momentos históricos propios de una guerra que envolvió a Europa y el mundo.

Este drama personal, tiene un hándicap, y es que toda la vida hemos reído con chistes de tartamudos, y ofrecer la historia de un señor con ese trastorno y tomárnoslo en serio, requiere de sutileza. Esto está logrado. Pero la historia está cargada de humor, es una comedia. Y diferenciar ambas risas hace que por parte de la dirección se halla sujetado el tono divertido en exceso. Parece que hubiera un miedo a pasarse. Lo que ocurre es que ese sometimiento acaba por ofrecer linealidad, Y sin embargo los momentos trágicos se acentúan inesperadamente exacerbados. Exagerados enojos surgen de la nada, mientras que para llegar a ello no hay un proceso intrínsecamente caótico en los personajes.

Tragicomedia sin tragedia y sin comedia que recurre a paliar las transiciones con coreografías más o menos útiles para variar el espacio minimalista en que se desenvuelve una escenografía con aires de ópera, pero estática por lo recurrente. Y sin embargo la labor interpretativa tiene valores muy destacables, especialmente en las confrontaciones entre un estupendo Adrián Lastra y Roberto Álvarez que merece la pena disfrutar.

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