Análisis

Hasta el Ayuntamiento abandona el Soho

El cierre de la Sala Cruzcampo de la calle Salitre pone en evidencia el fracaso de la pretendida revitalización del ensanche del Muelle Heredia a través de la cultura institucionalizada y lograda a base de golpe de talonario

08.12.2015 | 13:57
La Sala Fundación Cruzcampo de la calle Salitre se muda de barrio.

Hay proyectos municipales en los que se dan todas las contradicciones posibles. O que son un dislate desde su propio origen. Uno de ellos es la pretendida recuperación del ensanche de Muelle Heredia a través de la cultura. A nadie se le escapa que en la zona se ha desarrollado una política cultural errática y mal entendida, y el resultado del invento está a la vista de todos. Como muchos ya sospechábamos, unos cuantos botes de spray no han podido ni con la prostitución ni con la inseguridad de estas calles. El Ayuntamiento, que exhortado por los vecinos ideó el "milagro cultural del Soho" y sacó la chequera sin miramientos, abandona ahora el autoproclamado Barrio de la Artes echándole el cierre al único espacio municipal abierto con tal objetivo. Hablo de la Sala Fundación Cruzcampo, que venía a dotar de contenido cultural un barrio en "plena revitalización", según decía la nota informativa remitida el día de su inauguración.

Pero parece que los artistas emergentes de la ciudad no se verán perjudicados por el cerrojazo, ya que la empresa cervecera y el Área de Cultura abrirán en breve un lugar similar, aunque, eso sí, lejos de las pintadas de Obey. El aparcamiento público de la calle Salitre se despide de esta forma de la ilusión del arte para volver a ser exclusivo para coches, furgonetas y motos. Y lo hace con la boca pequeña, no vaya a ser que algún ciudadano se pregunte para qué demonios entonces se han invertido más de 300.000 euros en las dos ediciones del programa Málaga Arte Urbano (MAUS) –actualmente en marcha–. Resulta difícil entender que los responsables municipales ofrezcan tales cantidades de dinero a una empresa privada para que le pinte la cara al Soho y al mismo tiempo saquen de la zona uno de los escasos equipamientos destinados a crear cultura y hacer barrio. ¿En qué quedamos?

Quizá la idea última sea tener un barrio pintado pero vacío. De otro modo no se entiende esta manera de actuar. Según Gemma del Corral, la concejala de Cultura, que también lo es del Distrito Centro, la Sala Cruzcampo «necesita dar un paso adelante». Ese paso no es otro que su traslado al Artsenal del Muelle Uno –aunque la primera opción era la sala de exposiciones de la junta de Distrito Centro, sobre el mercado gourmet de la Merced–. Es decir, lejos del Soho, "donde tenga una mayor visibilidad". Decían que al Soho lo iba a salvar la cultura, pero hasta el Ayuntamiento huye de sus calles.

Si echamos cuentas, con los 300.000 euros que se embolsó la empresa de Fernando Francés –representante de las estrellas grafiteras y director del CAC– se podría haber mantenido el proyecto del aparcamiento de Salitre –o de cualquier otra sala en la zona– durante los próximos seis años, a razón de 50.000 euros anuales (que es más de lo que venía aportando Cruzcampo).

Además, el director del CAC vuelve estos días a ser protagonista por su particular manera de entender la función del centro municipal de la calle Alemania. Los que asistimos a la nueva exposición Neighbours III, inaugurada la pasada semana, quedamos maravillados con la obra de Adriana Torres, artista sevillana a la que el gestor ya presenta en sociedad como su "nueva pareja". Nada nos importa la vida sentimental de Francés –nada nos interesan los temas de corazón–, pero que el cántabro, en nombre del CAC, haya comprado en la pasada feria ART Sevilla varios cuadros de esta creadora a cuenta de los fondos municipales no deja de ser un asunto público, por la procedencia del dinero, claro.

Y sobre todo porque, sin entrar a valorar la obra de Torres, la artista no ha mantenido una carrera muy estable que digamos. De hecho, reapareció el pasado año tras casi un lustro de inactividad –según su currículum, llevaba sin exponer en una colectiva desde 2008 y su anterior exposición individual data de 2003–. Pero ahora, de repente, es objeto de deseo contemporáneo en Málaga. No se extrañen si Adriana sustituye a Sandra Pedraja en la dirección del SMS Festival: todos sabemos que el señor de Torrelavega es muy desprendido y detallista, sobre todo cuando la factura la pagan los malagueños.

No estaría de más que ahora que las obras de la sevillana forman parte de la colección de arte contemporáneo de Málaga, Francés publicara el catálogo con las piezas que son propiedad de los malagueños. Por el momento –el CAC abrió en 2003– nadie conoce esta colección que pagamos entre todos. Quizá por este motivo el centro está entre los primeros de España en opacidad, según el último informe de la Fundación Compromiso y Transparencia. Y quizá los claroscuros que acompañan la gestión de Francés sean el único motivo de la negativa de Ai Weiwei a venir a hacerse una foto con él, por muchas piezas Lego que le mande. Y así es nuestro Soho, donde hay mucha gente honrada y trabajadora partiéndose la cara mientras todo esto pasa ante sus narices.

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