Crítica

El latido de Vivaldi

09.01.2016 | 05:00

Joven Orquesta Barroca de Andalucía y Joven Coro de Andalucía

  • Director del coro y musical: Lluís Vilamajó.
  • Solista: Juan Francisco Padilla, tiorba y laud.
  • Programa: monográfico Antonio L. Vivaldi.
  • Lugar y fecha: Auditorio Edgar Neville, jueves 7 de enero de 2016.

La Pala d´Oro de de San Marcos es al incuestionable valor artístico que posee une ser testigo del auge y decadencia de la gran republica de veneciana. Siglos después de su ejecución asistiría al intento de conservar su influencia y decisión en el punto clave de la producción musical de uno de los compositores más escurridizos y determinantes de la historia de la música. El petre rosso, Antonio Vivaldi, su figura representa el gran pilar de la escuela italiana del período barroco donde nos jugamos junto a otros importantes afluentes el gran repertorio que hoy conocemos.

Vivaldi es síntesis y genio, una figura atenta a un tiempo y una época cuyo juicio ha aguardado pacientemente su rescate del olvido. Tal vez por esta razón tenga especial valor el último de los programas ofrecidos por la JOBA y el JCA. Si en último de los conciertos de la Joven Orquesta Barroca de Andalucía, en el mes de septiembre, nos centrábamos en los contenidos del siglo de Bach y Haendel, era lógico que esta nueva propuesta del conjunto incidiese en alguna de las tres grandes escuelas, siendo la elegida la italiana con un claro protagonista.

Poco a poco, el personaje de Vivaldi es más conocido y valorado, se aleja de sus sobrexplotadas Cuatro Estaciones para destacar otras facetas artísticas de su catálogo. La condición de sacerdote del compositor veneciano le aventaja en el delicado trabajo del repertorio sacro protagonista del sobresaliente trabajo expuesto tanto por la Joven Orquesta Barroca de Andalucía y el Joven Coro de Andalucía bajo la atenta batuta de Lluís Vilamajó un repertorio, a pesar del escaso tiempo de preparación, finamente bruñido y de alto nivel técnico sembrando el interés tanto de músicos como de público.

Timbre y efecto forman parte sustancial del escenario sonoro creado en el barroco y el maestro Vilamajó manejaría estos mandos con la suficiente habilidad para acentuar la importancia del texto litúrgico al que pone música Vivaldi pero también destaca el importante valor dramático que encierran estas páginas. Debemos unir la peculiar disposición física del coro con la idea de resaltar el efecto de la emisión, un sonido cercano a esa idea del "estéreo" que ya se practicaba con éxito en la Venecia de la república.

Todos estos mimbres determinarán el repertorio elegido para este último encuentro de la JOBA que se abriría con el Beatus vir RV598, partitura ágil y de pronunciado carácter laudatorio aunque sin incurrir en algarabías corales de corte indeterminado y sin personalidad. Al JCA apreciamos un gran sentido de la medida aunque no todo lo empastado que hubiéramos deseado, un elemento a desbastar. La precipitación sirve de poco al intérprete y el buen hacer es una cuestión de tiempo y escucha. Si en el ágil Beatus vir leído por Vilamajó destacaría la voz de la soprano Irene Garrido en el conjunto vocal del Magnificat RV610 volvería a brillar con luz propia despertando buena parte esos armónicos que posee, aún por exprimir.

La segunda parte comenzaría con una página concertante como el RV113, obra para conjunto de cuerdas que muchos han entendido como sinfonía y sin embargo su forma tripartita declara su estructura de concierto. Nuevamente el músico barcelonés optaría por tiempos muy dinámicos para destacar la frescura y el carácter contrastante entre los motivos extremos frente al movimiento grave central.

En el Gloria en Re mayor, otra de esas partituras sobre las que Vivaldi volverá en distintos momentos, nos encontramos en un punto de síntesis como un recurso más dentro del repertorio de hallazgos que encierra, y que unidos a los propios de la interpretación de JOBA y JCA brindaron momentos realmente brillantes como los números introductorio y el quoniam tu solus sanctus, que precede al incisivo cum sanctus spiritu final pasando por el sobrecogedor et in terra pax o el aria para soprano Domine Deus ejemplarmente expuesta por la soprano Silvia Peña, ejemplo del importante trabajo vocal dirigido por Lluís Vilamajó y resto de profesores.

Este concierto apetece un ejemplo del esfuerzo que intérpretes como los que descubrimos en el escenario del Edgar Neville comienzan a traspasar el ámbito de la simple agenda y llegar a esa capilaridad que ha de ser la cultura entendida como un espacio de encuentro y reflejo de una sociedad abierta al mundo.

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