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Crítica

Buen comienzo del festival de teatro

"Santiago Molero como Rulo Pardo alcanzan ritmo y desparpajo más que suficientes para dar carácter a unas interpretaciones brillantes"

11.01.2016 | 09:36

'Rinconete y Cortadillo'

Compañía: Sexpeare.
Autor: Alberto Conejero sobre el original de Cervantes.
Director: Salva Bolta.
Intervienen: Santiago Molero, Rulo Pardo.

El Festival de Teatro de Málaga da comienzo a su trigésimo tercera edición con la versión que la compañía Sexpeare hace de la obra de Miguel de Cervantes Rinconete y Cortadillo, versión o más bien visión que el autor Alberto Conejero escribe sobre la vida de estos pícaros. Así en el Teatro Echegaray asistimos al estreno de una peculiar revisión que los propios personajes pretenden de esa novela que El Manco firmó y que a ellos tanto perjudicó. Rinconete y Cortadillo, Pedro del Rincón y Diego Cortado, tras la publicación y éxito del manuscrito en que se describen sus peripecias asisten a un primer momento de fama que luego se vuelve en su contra ya que se ven atrapados en un encasillamiento que afecta a sus vidas. Ellos, los dos jovencitos pícaros que se encuentran por azar en Toledo y que se trasladan a la gran ciudad de Sevilla donde se ven sometidos al arbitrio de un personaje mafioso y jefe supremo de toda la profesión de ladrones de la gran y cosmopolita urbe hispalense, crecen, envejecen, maduran y se revelan ante lo que ellos consideran mentiras impresas. Buscan, pues, una rectificación y tratan de hacer llegar al propio Rey un texto con la auténtica historia de sus peripecias. Naturalmente esto no llega a ocurrir, nadie les va a hacer caso, y su dilema se convierte en un periplo existencial donde afloran anhelos y frustraciones, conflictos y reencuentros, entre los dos ya maduros hombres en que se han convertido tras toda una vida inevitablemente unidos por el destino y la pluma de Cervantes. La dramaturgia nos va dirigiendo hacia esos momentos entre delirantes y posibles donde los actores tienen que demostrar la veracidad de situaciones que pasan del más enternecedor melodrama a la delirante comedia. Y se emplean a fondo. Hay que decir que tanto Santiago Molero como Rulo Pardo alcanzan ritmo y desparpajo más que suficientes para dar carácter a unas interpretaciones muy creativas y ciertamente brillantes. Evidentemente gracias también a una identificación entre los actores que va más allá del tiempo. Y gracias también a una dirección que ha sabido sacar el máximo provecho de esa conexión, de esos actores y de un texto que desgrana con inteligencia las fases de los personajes y la narración dramática, dotando el espectáculo de anacronismos históricos que nos acercan a paralelismos actuales de irremediable sonrojo para cualquier persona inteligente. Una buena apuesta de salida a este festival que se presenta con propuestas muy diversas e interesantes.

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