Música | Crítica

El Desafío Granada: Integral Dsch

25.01.2016 | 05:00

La Sala María Cristina, espacio privilegiado de tantas e importantes citas, acogió este sábado copado de teatro y comparsas al conjunto independiente más relevante del que podemos presumir, el Cuarteto Granada. Navas, Ferriz, Moreno y Sanz volvieron a convocarnos en la inauguración del proyecto más ambicioso de los que se han llevado a cabo musicalmente hablando en los últimos años en Málaga. Proyecto que para muchos aficionados apeteció siempre como un sueño inalcanzable, sólo reservado a las grandes apuestas madrileñas o catalanas. Tras las incursiones de The Beatles songbook o The Juliet letters, vuelven con la idea de enfrentarse a un autor tan cubierto de apriorismos como despreciado de la centuria pasada. Su envoltorio soviético ha levantado un muro en occidente, que a fuerza de genialidad se abre paso en el repertorio. La integral de los cuartetos de cuerda de Dmitri Shostakovich vuelve reclamando su trato monumental y el lugar privilegiado que debe ocupar en la música.

Estos cuatro intérpretes desmontarían en el recital, al llenar la María Cristina, dos grandes ideas que planean sobre el repertorio, el gusto y manías que dicen caracterizar a nuestro auditorio. Por un lado, han sido capaces de llenar la mítica sala devolviéndole el protagonismo que nunca ha debido perder en favor del Auditorio del Picasso; y por otro, que hay un público que está por encima de tanto topicazo. La música es música, te gusta o no te gusta, accedes a ella o no, pero no se pordiosea y mucho menos se intenta subyugar a clichés que tienen más de imposición que de criterio. La fuerza de cuatro amigos que se sientan a hacer música ha convertido una ilusión en esa sorprendente realidad que va a ir tomando forma en próximas fechas. Un apunte previo más para reforzar la contundencia de nuestra afirmación: esta integral sólo se ha interpretado tres veces en nuestro país, la última en 2.001 y en Madrid, avalada por la Fundación March.

Con 32 años, Shostakovich, guiado de la mano de Beethoven, Haydn y Tchaikovsky, inició lo que con el tiempo se convertiría en el reflejo de toda una vida: sus cuartetos de cámara. Obra que irá evolucionando en un discurso personal y comprometido, dadas las difíciles circunstancias en las que se desarrolló toda su carrera como compositor. Quizás está dificultad añadida sea la clave para comprender un legado musical que se desliza sobre dos planos y donde la forma ocupa siempre un lugar privilegiado, tal y como se observa en los primeros trabajos para el conjunto clásico de cuerdas, en concreto en el Cuarteto en la mayor, sus cuatro movimientos conforman un discurso muy vinculado al carácter autobiográfico que le imprime. A pesar de las influencias, la partitura descubre un equilibrio de potencias entre los instrumentos. Frente a las tensiones del op.110, focaliza la atención en dinámicas oscilantes entre los extremos fortísimo y débil para conseguir un color concertante, ese tono sinfónico tan descarado en el octavo.

La segunda parte la ocupó el Cuarteto en do menor, el octavo de la integral y el más divulgado de todos. En la pureza de sus hechuras nuevamente se tejen los latidos de su creador; juega con el motivo de su acrónimo e incluso se atreve a citar su propio trabajo. El resultado es una página de excepcional valor interpretada en un solo motivo o quizás sea mejor hablar de tiempos enlazados, una sucesión más plegada al discurso interno de la partitura que la forma, diluida en momentos como la gran fuga, en contraste con el vals del allegreto o la inquietante nota mantenida por el primer violín del primer largo.

El Cuarteto Granada se distingue por la solvencia y el cuidado que imprime a sus trabajos; resalta un sonido que busca la originalidad desde el profundo respeto técnico pero también interpretativo. Prueba de ello fue el recitativo del op. 68, un desafío a la capacidad de mantener la tensión dramática sobre una arquitectura sonora sobria, despejada, que se pierde en el horizonte. Algo parecido sucede en el final del número ocho: Granada conseguiría desdibujar las notas de ese puñado de compases en un océano de silencio que poco a poco lo va engullendo, el fundido en negro cinematográfico que Shostakovich tan bien conocía.

Brillantísimo concierto. La formación malagueña, por encima de los hitos, hizo lo que mejor sabe hacer: música absoluta, música sin etiquetas. Estén atentos: en junio vuelven.


Cuarteto Granada
Músicos: Mario Navas, violín I, Emilia Ferriz, violín II, Manuel Moreno, viola y Jeremías Sanz, violonchelo

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