Danza

Luz Arcas pone a Beckett a bailar hacia dentro

La bailarina y coreógrafa malagueña, uno de los nombres pujantes de la danza nacional, lleva hoy y mañana 'La voz de nunca' al Teatro Cánovas

28.01.2016 | 05:00
Un momento de ´La voz de nunca´, de La Phármaco, hoy y mañana en las tablas del Teatro Cánovas.

'Tick...tick...boom!' en el Teatro Echegaray

  • 'Tick€ Tick€ Boom!' es la propuesta de hoy del Festival de Teatro –Teatro Echegaray, 21.00 horas; también mañana–. Dirigen y actúan Andrés Jiménez y Arturo Vargas, coprotagoniza la obra Nerea Vega y Nacho Doña firma la adaptación y dirección musical. Es decir, de lo mejor de la nueva savia local en el género musical para poner en marcha esta pieza autobiográfica del Pulitzer Jonathan Larson. Se trata de una comedia de regusto amargo en la que el protagonista duda entre seguir intentando triunfar como compositor de musicales tras 5 años de infructuosos intentos de vender su obra o tener una vida normal.

El estilo de La Phármaco es el de "intuiciones abstractas con una dirección muy clara"

Decir que la malagueña Luz Arcas es uno de los talentos rotundos del presente y el futuro de la danza nacional es ya un lugar común. El año pasado ella y, por supuesto, su compañía, La Phármaco, recibió un buen puñado de reconocimientos, entre ellos los de El Ojo Crítico de RNE y de los Premios de Teatro Andaluz, por La voz de nunca, su coreografía inspirada en Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Si quieren ver y oír cómo el universo de Beckett danza con Claro de Luna, de Beethoven, y la Sonata para viola de Shostakovich, hoy y mañana en el Teatro Cánovas, a partir de las 20.00 horas.

«La compañía busca un movimiento que revela lo que pasa por dentro, lo que el cuerpo necesita comunicar. Pueden parecer intuiciones abstractas o imprecisas, pero lo que tratamos de desentrañar tiene una dirección muy clara», explicó Arcas a este periódico recientemente. La Phármaco nació con el objetivo principal de  devolverle a la danza su sentido original: «Cada obra es un paso más en una búsqueda para volver a explicar la danza como lenguaje sagrado del alma humana y del cuerpo y para demostrar la importancia de rodear a la sociedad para que presencie el mensaje que el cuerpo humano viene a comunicar», remarca la bailarina y coreógrafa afincada en Madrid desde hace años. Desde su fundación, en el año 2009, la compañía –que codirige Arcas con su marido, el escritor Abraham Gragera– intenta recuperar el concepto clásico de ceremonia escénica: el espectáculo total, donde los elementos expresivos se reúnen y se afinan en una misma tonalidad, comprometida con el mensaje.

La voz de nunca es un nuevo punto y seguido en la obra de Arcas, definida con tino por El Ojo Crítico de RNE como una «humanista de las artes escénicas» caracterizada por su «especial manera de expresar la música a través del movimiento, abriendo nuevos caminos expresivos a la danza».

En estos momentos, La Phármaco prepara su nueva obra, Kaspar Hauser: El huérfano de Europa, basada en la historia del singular personaje del siglo XIX cuyo origen y muerte son carne de leyenda –y también de cine: conviene recordar la estupenda película del director alemán Werner Herzog El enigma de Gaspar Hauser–.

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