Vida y milagros de un zurdo

Querido caimán

29.01.2016 | 05:00

Una vez, entrando por la puerta del ZZ Pub un tipo elegantemente enchaquetado que salía al mismo tiempo me cogió de los hombros y me espetó un sentido: «¡Poeta!». Era la primera vez que veía en persona al tal Caimán. Hacía poco tiempo que andaba por las redes sociales, en las que entablamos una buena amistad internauta. El estrenaba disco con su Motel Caimán y yo empezaba a urdir el lanzamiento de los Vicios Caros. Ahora compartimos casi todos los fines de semana escenario en nuestras aventuras musicales aparte de nuestras carreras en solitario, con una amistad consolidada y a prueba de terremotos, tras muchas batallas encerrados en el local en mil y una películas en las que nos enrolamos. Risas, alegrías y, sobre todo, diversión, con mucho trabajo y esfuerzo.

Adolfo Flores, natural de la república de Huelin y uno de los pioneros del rock malagueño. Extraños aquí y Los Caimanes le hicieron recorrer los 80 y buena parte de los 90 por multitud de escenarios, compartiéndolos con las primeras espadas de aquellos tiempos, El Ultimo de la Fila, Gabinete Caligari, Loquillo, etc. Como técnico de sonido la lista es todavía más amplia, estando presente en la mítica grabación del directo de Tabletom, como uno de los artífices de la misma. Como ingeniero de grabación en la mítica Cambayá tiene firmadas mas de una decena de producciones y hace unos años obtuvo la licencia de su Motel Caimán en el que lleva a sus espaldas algunos sold out y un disco hasta la fecha.
Lo mejor de Adolfo, aparte de su arte y esa voz de barítono de calle Mendoza, es lo que la gente no ve, lo que sólo los que lo conocemos sabemos que ayuda en la sombra. Sólo hay que abrir la boca con un problema delante de él y ya está intentando solucionar el roto y el descosido. Es el señor Lobo entre los músicos de su local y el abanderado de causas perdidas y alguna que otra ganada, como el cierre de Candilejas, que estuvo sembrado movilizando al personal. No sorprende que gastando ese corazón tenga esa capacidad de dar un toque de atención y tener a cientos de amigos acudiendo a la llamada.

La complicidad que hemos alimentado estos años tiene la guinda de su pastel en que cumplimos año el mismo día, 26 de enero, los guiños del destino, la alineación de planetas o las casualidades más afiladas. Esta vez, la cifra es redonda: cincuenta primaveras. Como buen rockero es un presumido de la muerte, pero como yo le digo: «Estás hecho un chavea». Cuánta gente puede decir que con medio siglo y con la de cargas y responsabilidades que la vida te echa encima pueda seguir haciendo lo que le gusta, con la venia del público y el respeto absoluto de sus compañeros de profesión, trabajando ocho horas diarias en un trabajo de los de toda la vida.

Por eso este viernes estáis todos invitados a La Cochera Cabaret, donde todos sus amigos le rendiremos un merecido tributo con una fiesta de cumpleaños por todo lo alto. Por el escenario pasaran decenas de amigos músicos como Los Fabrizzios, Mad Dog, Motel Caimán, Fernando Martín –que vendrá de Madrid–, El Trío Del Saco, Zero Zero, Chana, José Gallardo y Mama Kin , entre muchos más.

«Los amigos no se conocen; se reconocen», le dije una vez. Y ya ha llovido desde que un tipo me cogió de los hombros y me espeto el «¡Poeta!» sellando así un destino que nos ha unido y del que buena cuenta estamos dando en cada concierto o en cada momento compartido con semejante personaje. Se le quiere mucho, señor Flores. Quédate ya en los cincuenta, porque gente como tú es muy necesaria y quedan muy pocos. La ley de vida, ¡que haga la vista gorda carajo!

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