Teatro | Crítica

Un excelente trabajo

Crítica de la obra 'Toma que toma, toma que time', de Kachaka Producciones

09.02.2016 | 05:00

Toma que toma, toma que time

  • Lugar: Teatro Echegaray. Compañía: Kachaka Producciones. Coreografía y dirección: Olga Magaña. Intervienen: Tania Santiago, Sandra Cisneros, Mª Isabel González, Manuel del Río, Beatriz Fernández, Ana Janer, Marta Cañizares.

'Toma que toma, toma que time', de Kachaka Producciones, logró el Primer Premio Málaga-Crea 2015. Es un estupendo y laborioso trabajo de puesta en escena donde destaca la labor coreográfica de Olga Magaña como directora de escena. Hay una utilización del espacio que resulta muy sugerente. Las coreografías fluyen en la diversidad y desarrolla una historia que, tal vez y como único pecado, no tenga una narración clara, pero que sí están sustentadas por un hilo conductor concreto. Es el tiempo, el paso del tiempo, la pérdida de tiempo, la concepción infantil o madura del mismo, la espera, la prisa, es ocupar el tiempo y cómo este se manifiesta en diversas formas.

El trabajo de los intérpretes es notable, no cabe duda de que el elenco tiene un muy buen nivel y se somete a las directrices con entrega. Pero también existe un gusto especial, un saber mostrar los, momentos aprovechando los medios técnicos, escenográficos y artísticos que consigue recrearse en los climas y que aporta ligereza y ritmo a la evolución del espectáculo. Es de destacar cómo el apoyo de un buen diseño de luces contribuye a la presentación formal. Y en este caso corresponde a Fernando López y José Rojo. Pero está claro que el total del montaje, el saber coordinar todos estos elementos corresponde a una cabeza creativa y bien formada que puede dar mucho que hablar, y es la de Olga Magaña.

El espectáculo contiene coreografías con una fuerte base de flamenco y otros diversos estilos perfectamente integrados y que dan gracia y novedad a ese mundo de la danza que normalmente nos ofrece esquemas bastante cerrados. Pero lo que es realmente apreciable es ese uso dinámico del espacio escénico para que, sin romper con lo visual, exista un ajetreo continuo. Esas coreografías fluyen sin dejar huecos haciendo coexistir el centro de atención con otros sucesos que lo enriquecen y al que aportan sin que por ello dejemos de prestar atención al elemento que debe ocupar el centro de atención. Una puesta en escena que nada tiene que envidiar a los profesionales ya situados.

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