Cine

"No conocí a nadie en los Goya, no estoy en la órbita"

Mario Camus (Santander, 1935), director de 29 películas, entre ellas 'Los santos inocentes' y 'La colmena', presenta estos días su libro 'Quedaron estas cosas' y hace balance de su carrera, a la que puso fin en 2007 con 'El prado de las estrellas'

20.02.2016 | 00:45
Una imagen de archivo reciente del cineasta y escritor Mario Camus.

Mario Camus recibió en 2011 el Goya de Honor de la Academia, pero confiesa que este tipo de eventos no le interesan «para nada» porque «son labores de promoción». Asegura que «vio la gala un poco el otro día» pero que no conoció a nadie porque no está «en la órbita». Lleva años sin pisar un cine porque le molesta el ruido de las palomitas y prefiere disfrutar de una buena película en casa cuando sale en DVD.

Cine alimenticio | Camus se embarcó en proyectos comerciales que no se acercaban especialmente a sus intereses, como películas interpretadas por Raphael (Cuando tú no estás, en 1966, o Digan lo que digan, en 1968) o Sara Montiel (Esa mujer, 1969), para afianzar sus conocimientos y su economía personal. «El público siempre es un misterio. Haces una película buena y fracasas y, sin embargo, otras las ven millones de personas y no sabes ni por qué», confiesa.

Relatos | Camus confesó que escribió su tercer y último libro, Quedaron estas cosas, a mano, con lápiz sobre papel amarillo porque le molesta el ruido de las máquinas de escribir. La idea inicial consistía en escribir unas memorias, pero acabó convirtiéndose en 12 relatos con base autobiográfica. Los primeros hacen referencia a su infancia en la escuela de Hontoria y los años de Bachillerato en el colegio Lasalle de Santander. Después, los que tienen lugar en Madrid, adonde se trasladó en 1953, algunos de ellos relacionados con su profesión. Los hay tan estremecedores como el de la impresión de un niño asiático al ver en un No- Do imágenes de la invasión alemana de su país o el de una monja de clausura que contempla su rostro por primera vez al ver un vídeo sobre el convento.

Narrativa y realismo | Camus, que llevó a la pantalla textos literarios como Young Sánchez, Con el viento solano, La forja de un rebelde o Fortunata y Jacinta, entre otros, confiesa que la adaptación al lenguaje natural para él es «un hecho natural que no tiene reglas». Para escribir sus guiones utilizaba la técnica del «realismo», es decir, observar a la gente de alrededor y escribir algo conmovedor sobre ellos, pero ese estilo «ha desaparecido y la gente se apunta a hacer cine de género americano, con zombis y vampiros poco realistas».

Tiempo de silencio | Pocos saben que el director cántabro fue el encargado de reconstruir la novela Tiempo de silencio, de su amigo Luis Martín-Santos. «Era un escritor disperso, que escribía el capítulo decimotercero y después el segundo. En un viaje en coche me contó su novela y precisamente falleció en un accidente de tráfico, así que su compañera de entonces y yo decidimos recomponerla», cuenta.

Lector empedernido | Camus considera que leer proporciona el placer de viajar, de pensar... y en los últimos años acude mucho a la relectura. «Saura, Mercero... y yo nos nutrimos de la última partida de la generación del 50, a la que conocimos personalmente y que nos ha dejado un gran bagaje cultural», afirma este lector empedernido.

La colmena | Una de las obras que más reconocimientos de valió fue la adaptación cinematográfica de La Colmena, de Camilo José Cela, al que describe como un hombre afectuoso, locuaz y un poco gamberro. «Lo vi en el rodaje, pero no intervino para nada en la adaptación. Se llevaba mal con el productor porque pensaba que los derechos estaban mal pagados, pero conmigo no», aclara.

Escuela de cine | El director cántabro, que contaba entre sus aficiones con el baloncesto, fue a Madrid a estudiar Derecho, carrera que abandonó para entrar en la Escuela de Cine. «Me parecía muy difícil entrar, sólo pasaban a cuatro de cada cien, pero un año se relajaron, metieron como a dieciséis y allí fui yo. Luego colaboré en el guión de Los golfos en el 57 con Carlos Saura, que pagaba poco y mal, y después me llamaron para trabajar en Barcelona».

Relación con los actores | Camus asegura que nunca tuvo problemas con los actores. «No he tratado de influirles porque entiendo que ellos saben mejor que nadie cómo tienen que actuar, lo que sí hago es vigilarlos para comprobar que cumplen lo acordado", contó. "Normalmente no los tengo en mi cabeza antes de grabar, pero en Los santos inocentes, curiosamente, sí tenía pensados los tres actores principales», dice.

Fondo de protección | Camus lamenta la precariedad de los jóvenes cineastas, «que tienen capacidad de crear pero nada pueden hacer frente al monstruo de la publicidad americana, que es asfixiante y te lleva a ver series que no tienen ni nombre en castellano porque son baratas, estamos invadidos». «Me parece más interesante una historia cercana de una abogada de León que no de una de Connecticut, pero el mundo está corrompido», explica. En este sentido, aboga por «no vender el idioma a tres pesetas, que la industria extranjera pague más e invertir ese dinero en la creación de un fondo de protección para que los noveles puedan estudiar y hacer películas, porque el doblaje pesa como una losa». Los que mandan «no lo van a hacer porque entonces dejan de comprarnos el jamón y todas esas cosas los americanos».

Nuevos proyectos | El cántabro no descarta volver a dirigir una película o incluso adaptar alguno de sus libros de relatos, «pero sólo sería capaz si pudiera grabar cerca de casa, sin moverme», aclaró. «Me jubilé hace mucho y me da pereza. No hice mis relatos pensando en adaptarlos, pero podrían grabarse en forma de sketch, aunque hoy en día el cine va por otros caminos, quizá no funcionaría», dice el director, que confiesa que es más difícil encontrar financiación que rodar la película en sí.

Una anécdota | Años después de estrenar Los santos inocentes vio al actor británico Dick Bogarde en un restaurante parisino y le escribió una nota de agradecimiento junto a una botella de vino porque éste había sido presidente del jurado cuando la película triunfó en el Festival de Cannes. Cuando Bogarde terminó de cenar, le saludó y al rato el camarero le entregó una nota de Bogarde que sólo ponía Milana Bonita (era el nombre del pájaro que Paco Rabal llevaba en el hombro en la película que adaptaba la novela de Miguel Delibes).

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine