Crítica de arte

Escasa presencia malagueña en ARCO

La Feria de Arte Contemporáneo es un lugar en el que hay que estar, un mercado que sirve para proyectar lo que los artistas hacen, donde conviven galeristas, coleccionistas e instituciones. La presencia local ha sido baja, algo que hay que revertir en próximas ediciones

06.03.2016 | 16:15
Un visitante paseando por una de las obras de ARCO.

Un año más vuelvo a ARCO. Mi visita del año pasado la resumí en un artículo para La Raya Verde, una pequeña publicación online que sobrevive, sin ningún tipo de ayuda, gracias a la pelea de un grupo de profesionales con ganas de hablar y plantear aquellas cuestiones que nos interesan del arte en la contemporaneidad. En aquel texto hablaba de ARCO como un punto de encuentro con los amigos del pasado y me planteaba la feria como un paseo, una deriva, un dejarse llevar a través del maremágnum de las obras allí expuestas, que nunca iban a poder poseer. También hablaba de otro tipo de posesión que revertiera esa situación, algo que todo el mundo ha hecho alguna vez, un tipo de posesión que permite la mirada y que hace que cada cual se monte su propia colección en la cabeza con la ayuda de la imaginación. De eso hablaba en aquel artículo, de convertirnos en coleccionistas, un coleccionista romántico ajeno a la vorágine del mercado que plantea, desde otro punto de vista, el consumo del arte. Un modo de consumir arte más allá de lo económico, una manera de posesión más basada en la experiencia del enfrentamiento con el cuerpo del deseo y que deja huella en nosotros.

En esta ocasión, planteo otro tipo de debate muy diferente pero también de calado, sobre la representación del arte malagueño en la feria. Recordemos que Málaga se ha posicionado como referente cultural en el panorama nacional, o al menos ésa es la sensación que da, gracias a la política cultural que se está llevando a cabo aquí y que ha explosionado con la apertura de sucursales de algunos de los museos más importantes de Europa como son Pompidou, Thyssen o la Colección San Petersburgo. Un proyecto que sentó sus bases en la figura de Picasso, con la apertura del museo que lleva su nombre, y con la creación del Centro de Arte Contemporáneo, gracias al cual han podido verse en la ciudad a algunos de los artistas contemporáneos más importantes del mundo. Después de todo lo dicho, y en relación a la visita a la feria, pareciera que todo va bien, no obstante, planteo varias cuestiones referentes al tema; por ejemplo, ¿cómo puede ser que una ciudad que se postula como referente cultural con tantas aperturas de museos no tenga galerías representadas en ARCO? ¿Cómo puede ser que tan sólo haya tres galerías de arte contemporáneo en una ciudad que se quiere erigir en referente cultural? ¿Dónde está el apoyo de las instituciones que permita proyectar a nuestros artistas contemporáneos a un nivel más allá de lo local? Da la sensación que la política cultural únicamente vaya enfocada hacia el divertimento turístico y que aquello que realmente genera un tejido artístico en la ciudad se deja de lado.


Manu Muniategi (Espacio Mínimo) Javier Garcerá (Álvaro Alcázar) Diego Delas (F2)


Vuelvo de la feria cabizbajo: tan sólo diez artistas malagueños han podido verse en esta edición de ARCO, ¡diez!, de los cuales, la mayoría, por no decir la totalidad, desarrollan sus carreras fuera de la provincia. Hablamos de Simón Zabell, Regina de Miguel, Antonio R. Montesinos, Leo Serrano, Luis Bisbe, Rogelio López Cuenca, Carlos Aires, Alfonso Albacete, Manuel Franquelo y María Bueno. Me parece, a nivel cuantitativo, un bagaje muy pobre para una ciudad que, insisto, quiere ser un referente. Tampoco es que la comunidad andaluza quede bien parada con tan sólo dos galerías representadas como son Rafael Ortiz y Alarcón Criado, ambas de Sevilla.

Cualquier territorio con intereses artísticos tiene que tener un peso en una feria como ésta, que, recuerdo, está considerada como una de las diez más importantes del mundo en el ámbito artístico. Lo digo porque es una plataforma perfecta para publicitarnos y al mismo tiempo proyectar a nuestros artistas contemporáneos a otras partes del globo. Creo, en este sentido, que, aunque haga falta más apoyo institucional al respecto, deberíamos hacer un esfuerzo entre todos para intentar revertir esta situación. Voy a ser optimista: hay mimbres para conseguirlo. Tenemos un nivel artístico que nada tiene que envidiar al de otras regiones e incluso países, y la nueva hornada viene pegando fuerte. Trabajemos todos juntos para hacer que lo de este año no se vuelva a repetir.

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