Vida y milagros de un zurdo

Telespañolito

07.03.2016 | 03:37

Vamos saltando de un día de la marmota a otro. Es prender el televisor y a cada cambio de canal ya sabes de antemano qué te va a saltar a la cara. No hay más: la infanta y su consorte, un imputado, el no a Pedro Sánchez, alguna salida de tono de algún concejal de Podemos, Rajoy y su lengua de trapo, la Pantoja, su vástago o alguna novia del mismo, alguno disfrazado de gallifante en Cámbiame y si tienes suerte Pedrerol te perdonará la vida, si no lo hace cualquiera de la familia Matamoros... ¡Ah! Y Málaga, que siempre sale cuando hay una huelga de Limasa en todos los canales.

Que el único interés que tenemos por el televisor en casa sea, tipos abriendo trasteros, nuestra amiga Chus del canal de Casa, que es como ver a Millán Salcedo disfrazado pintando un pupitre antiguo de los Salesianos, Cuarto Milenio para coger el sueño los domingos, los Gipsy Kings para ver hasta dónde se puede estirar el chicle del estereotipo esperpéntico gitano que tienen en sus mentes los guionistas y cuando canta Manolo Tena con su perpetua cara de asombro en A Mi Manera... Sí, somos así de freaks. Luego está su uso masivo como reproductora de discos compactos y películas en DVD.

Recuerdo haciendo el juego con mi hermano Joaquín de lo que salga para ti en los anuncios y cuando salían muñecas o cosméticos para señora me chinchaba hasta sacarme de quicio. Las cintas de carnavales de los ochenta, que mi madre me escondía porque seguramente le daría el coñazo aprendiéndome todas las letras y cantándoselas después el resto del año. Mi padre compró un video Beta y para hacernos callar nos decía que guardáramos silencio cuando grababa algo, que si no se grababan nuestra voces también. Juani, el del videoclub que siempre te recomendaba películas malísimas, con unas portadas de terror brutales. Re-animator y todas las similares las vimos en casa.... Creo que ahí le cogí terror a las cucarachas, cuando vi con tan sólo un ojo Las Historias de la cripta. Cineclub realizó su cometido con total eficiencia, desde La Naranja Mecánica a La Vida de Brian. Martes y trece me animaron a hacer el tonto en clase imitando a ese señor de la corbata, Luis Aguilé. Pedro Reyes era mi ídolo y grababa todos sus chistes cuando salía en No te rías que es peor, evitando grabar al anterior y al posterior humorista que se iban turnando en una escalera. Luego vino al Tivoli y yo tenía fiebre para ir, pero allí me planté; fue uno de los mejores días de mi infancia. Mis padres se iban a la playa y yo me quedaba encargado de contarles lo que le había pasado a Carlos Mata y a Jeanette Rodriguez. Paco de Lucia apareció una vez en televisión, allá por el noventa y uno, yo quería tocar la guitarra después de eso. Mi colega Manolito tenía Canal Plus y me grabó una cinta con muchos conciertos: Stevie Ray Vaughan en el Mocambo, Andrés Calamaro en Básico Cuarenta... Yo quería ser ellos dos a la vez. Quién me iba a decir que veinte años después grabaría con esa banda. Recuerdo con cariño las merendolas de batidos de sirope de fresa y pan con paté Pamplonica durante Fraggle Rock, o el día que los del pressing catch vinieron a Barcelona y lo retrasmitían en Telecinco: mi madre salió a comprar y no había nadie en casa; a la desesperada mi amigo Salva me invitó a su casa y su madre nos puso un plato de batata en almíbar, que en ese momento me supo a solomillo a la pimienta, mientras se tiraban los trastos los hermanos rocanroleros contra El Enterrador. Me saca una media sonrisa cuando leo que vienen a Málaga a partirse la cara al Carpena. «Yo creo que llevo unos veinte años odiando y amando la televisión. Las épocas de nuestra vida se pueden fijar en el recuerdo en función de la programación» [Roger Wolfe]

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