Crítica de teatro

La intensidad de la estupidez

12.03.2016 | 02:28
Un momento de ´La estupidez´.

La estupidez

Compañía: Feelgood Teatro. Autor: Rafael Spregelburd. Director: Fernando Soto. Intervienen: Javier Márquez, Fran Perea, Toni Acosta, Javi Coll, Ainhoa Santamaría.

La compañía Feelgood está formada por un grupo de actores apasionados del teatro y para su segundo montaje han elegido La estupidez, una muy compleja y divertida comedia del autor argentino Rafael Spregelburd que se presentó en el Teatro Cervantes. La obra es una suerte de híbrido de una típica road-movie del cine norteamericano pero sin carretera, con toda la acción atrapada en una habitación de motel en Las Vegas, con distintos grupos de personas que pretenden hacerse ricos inventando artimañas. Dos estafadores de arte con un cuadro inexistente, tres policías corruptos, un grupo de amigos que hacen trampa a la lotería, un genio de las matemáticas con una nueva teoría revolucionaria y un actor hedonista que maltrata a su hermana discapacitada, son los cinco ejes argumentales que multiplican situaciones y habitaciones, en un ritmo desaforado regulado por dos puertas y una ventana, marcando las numerosas entradas y salidas de personajes. Las tres horas de duración de la representación, con un pequeño intervalo de diez minutos, ofrecen un aceitado mecanismo de relojería con un excelente trabajo de los cinco actores, quienes interpretan una muy variopinta galería de personajes con apenas segundos para pasar de uno a otro. El director Fernando Soto ha sabido impregnar de extrema velocidad la interacción y los larguísimos y complicados diálogos, superponiendo o combinando distintos focos de habla y acción casi hasta el punto de la saturación. Marcando arquetipos y personalidades, diferencias físicas o emocionales de los estereotipados o afectados roles, con un muy solvente trabajo actoral. Javier Márquez, Fran Perea, Toni Acosta, Javi Coll y Ainhoa Santamaría se lucen en escena con su comicidad y elocuencia, manteniendo los diferentes tipos físicos que se corresponden a cada situación. La escenografía resuelve y contiene muy bien el frenético desarrollo, con una habitación desdoblada entre su interior y su exterior. Con más o menos fortuna, o más o menos ambición, todos pretenden estúpidamente conseguir más dinero, en un irónico juego donde se plasmarán todas las pasiones humanas desbordadas, el amor, la violencia, la ironía, el dolor, la soberbia, la histeria, la obsesión, el deseo, todo mezclado y enredado. Para así burlarse del arte, de la ciencia, de la familia, de los medios, de la moral, de toda la sociedad, y por supuesto y muy especialmente del cine norteamericano con todos sus marcados tópicos de género, impuestos en un mercado de consumo globalizado.

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