Crítica

Fauré frente al mar

13.03.2016 | 02:01

OFM y Coro de Ópera

Programa: Pelléas et Mélisande, op. 80 suite y Requiem en re menor, op. 48 para coro mixto, solos y orquesta, de G. Fauré. Solistas: Alba Moreno, soprano y Luis López, bajo. Director del Coro de Ópera: Salvador Vázquez

Fauré procuraría, a lo largo de su obra, no adherir ideas filosóficas o valores literarios a su propia música, al concebirla en un movimiento fluido y dinámico con sus propias asociaciones y tensiones dialécticas sobre ese lenguaje musical tan concreto que lo llevaría a lo más alto de la escuela francesa de finales de diecinueve. Aunque las fechas invitan a programar esta partitura, en un sentido amplio, este Requiem destila más una reflexión serena e íntima que la adscripción a un género cultivado por los grandes nombres de la historia de la música.

El ciclo La Filarmónica Frente al Mar, que llega a su cuarta edición, reservaría su gran apuesta para el monográfico Fauré que hemos podido disfrutar en el abarrotado Edgar Neville el pasado viernes. Las claves del éxito parten de la propia filosofía de estos conciertos: una retrospectiva de incipientes intérpretes nacionales y, por supuesto, locales. Trabajo intenso que tiene a la OFM como testigo en el último cuarto de siglo. Coro de Ópera de Málaga, las voces ilusionantes de Alba Moreno y Luis López, la batuta del maestro Salvador Vázquez y la propia Filarmónica facturarían un cartel que, pese a todo, muestra la fuerza creadora que es capaz de generar esta ciudad. Lo que antes era un sueño, hoy es una realidad que viene pasando de la excepcionalidad a la deseada y aplaudible realidad. No es raro, por tanto, las lógicas aclamaciones al término del concierto.

Vázquez optó por subir al podio sin la guía de la partitura, detalle que nos interfirió el intenso trabajo volcado por esta batuta. Entre sus cualidades destaca los equilibrios dinámicos en las interpretaciones, ajenos a espejismos y exageraciones de la que sobresale una emisión fluida que hace aflorar los acentos llevando sus lecturas al ámbito de la interpretación. La visión que realizaría Vázquez de la suite de Pelléas et Mélisande refuerza esta afirmación mientras que en el Requiem nos deslizó por la página en una línea ascendente, por otro lado lógica.

Las voces de Luis López y Alba Moreno, bajo y soprano toman el pulso del trabajo docente que ha podido parir Málaga, con más incomprensión y bastante postureo en la mayor de las ocasiones. Alba Moreno se distingue por el cuidado del empaste con el conjunto sumado a un fraseo enmarcable, el registro alto se sucede con naturalidad gracias a una técnica que dilata más aún si cabe un instrumento que está llamado a ofrecernos grandes momentos. Por su parte, Luis López asumiría el rol de barítono pese a su tesitura en la cuerda más grave. López destaca por la precisión, la búsqueda de la emisión perfecta tanto en el plano técnico como en el amplio horizonte de la interpretación. El timbre profundo, de tonalidades que tornan aceradas en los acentos y cálidas en las zonas medias, del bajo malagueño, mostrarían toda su capacidad en el Libera me; sus notas alargadas harían de este número una muestra de la versatilidad de este gran intérprete.

El Coro de Ópera de Málaga, aunque maltratado en los últimos años, tiene en los aficionados malagueños a sus defensores. La interpretación se volcaría en la concentración de las voces donde siempre destacan el trabajo de contraltos y el cuidado de las sopranos en el difícil papel del In Paradisum.

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