Crítica de teatro

El arte de conmover

16.04.2016 | 05:00

Ficha técnica

  • Frágil, en el Teatro Echegaray
  • Compañía: Laviebel. Autor y director: Emilio Goyanes. Intervienen: Larisa Ramos, Antonio Leiva, Piñaki Gómez.

Cabaret o no, pero siempre aires estimulantes y desenfadados, las historias de Laviebel y su director Emilio Goyanes tienen ese aire retro pero con una conciencia que se busca en el espejo. La fiesta es parte fundamental de la ceremonia, celebración participativa, porque se trata de eso, de una invitación. Interactiva pero amable. Todos los espectadores acaban dentro del acontecimiento, puede que no todos físicamente, que no da el espacio escénico para tanto, pero sí del ambiente. Y es que es inevitable dejarse arrastrar por la ternura de sus protagonistas: tres centenarias artistas. Tuvieron sus momentos de gloria, sus fracasos profesionales y sentimentales, su declive, pero también muchas vivencias y muy rica experiencia acumulada. Es eso lo que nos van narrando a través de sus comentarios: su vida. Deliciosos personajes que te atrapan desde el primer momento con la estupenda caracterización física que aportan los actores. Son como tres versiones de la tita soltera que te da todo su cariño y de la que intuyes que hay una sombra de misterio que la hace tan especial. Estas mujeres han pasado por momentos de la historia, la de mayúsculas como supervivientes, enfrentándola con carácter y como parte activa, al tiempo que subsistían en esa otra historia, la que se escribe en minúsculas con más o menos miedo pero con desparpajo. Esta fiesta del escenario es lo que deciden regalarnos por su cumpleaños. Este precioso espectáculo que se dirige a otro lado del musical contiene todos los elementos propios del género, pero tal vez lo que sobresale es la propia historia, la forma en que se ha narrado, la rica confección de los personajes y su entrañable descripción. Impecable en la puesta en escena, con momentos hermosos, y con un ritmo adecuado –aunque por momentos se recree excesivamente–, cuidada en los detalles más ingeniosos. La dramaturgia transcurre sinuosamente entre momentos musicales y una enorme carga de humor hasta ese punto en que el espectador se queda atrapado y conmovido. Un trabajo de una aparente sencillez pero con una sólida confección, reflejo de los muchos años de experiencia de una compañía con una trayectoria inmejorable.

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