Detrás de las cámaras

Vidas ejemplares de fotógrafos ilustres

Los grandes fotógrafos de la historia han tenido casi todos una curiosa prevención a ser retratados por la cámara

23.04.2016 | 05:00
Hannah Höch, la gran fotógrafa dadá.

Juliet Hacking, directora del máster en fotografía del Sotheby´s Institute of Art de Londres, acomete la biografía de 38 grandes fotógrafos, en general trotamundos, autodidactas, de escasa formación académica, profesionales que se ganaban la vida con encargos de toda índole..., pero que hoy alcanzan la consideración de grandes artistas

«Podría decirse que la historia del arte de Occidente empezó con las biografías de los artistas: Giorgio Vasari fue el primer historiador del arte occidental con su obra Vidas de los más excelsos arquitectos, pintores y escultores italianos: desde Cimabue a nuestros tiempos. Las biografías escritas por Vasari constituyen relatos moralizantes de la evolución artistica personal de determinadas figuras, como Miguel Angel y otros». Esto escribe Juliet Hacking en el prólogo de su libro. Luego advierte que, a finales del siglo xx, se ha hecho cada vez más dificil restringir el status de artista magistral, de creador canónico, al colectivo constituido exclusivamente por «varones, heterosexuales y difuntos». Han ido emergiendo otras subjetividades: mujeres, negros, homosexuales, etnias distintas... así como prácticas artisticas consideradas subalternas. La fotografía, identificada como cultura popular o arte medio, ofrece una facilidad connatural para torpedear los conceptos-fetiche del arte clásico: originalidad, singularidad y autenticidad.

El ardid historiográfico de Juliet Hacking es en cierto modo irónico y en todo caso sugestivo: reescribir el texto clásico del Giorgio Vasari (canon fundacional del arte europeo) para aplicarlo a la fotografía, en cuanto representante cualificado de las citadas pretericiones.

La profesora Hacking selecciona 38 fotógrafos que han creado una obra de referencia en la historia de la fotografía. Se apresura a advertir no son los únicos grandes fotógrafos de esa historia. Entre los 38 elegidos hay 1 mejicano, 1 nipón, 1 ruso, 5 franceses, 5 alemanes, y el resto angloamericanos. Y si utilizamos otras categorias sociológicas: 1 negro, 7 mujeres, 10 judíos (llamativa abundancia de fotógrafos de origen judío en la historia de la fotografia), etc.

Giorgio Vasari atiborró su libro de artistas italianos; Hacking, de fotógrafos angloparlantes. El inventario final de nombres es éste: Ansel Adams, Manuel Álvarez Bravo, Diane Arbus, Eugene Atget, Richard Avedon, Margaret Bourke-White, Bill Brandt, Brassaï, Claude Cahun, Julia Margaret Cameron, Robert Capa, Henri Cartier-Bressson, Roy DeCarava, Charles Lutwidge Dogson, Robert Doisneau, Peter Henry Emerson, Walker Evans, Rober Fenton, Clementina Maude, Hannah Höch, André Kertész, Gustave Le Gray, Man Ray, Robert Mapplethorpe, Laszló Moholy-Nagy, Eadweard Muybridge, Nadar, Norman Parkinson, Irving Penn, Albert Renger-Pätzsch, Alexander Rodschenko, August Sander, Edward Steichen, Alfred Stieglitz, Paul Strand, Shomei Tomatsu, Edward Weston, Madame Yevonde.

Sepamos alguna cosa de algunos de ellos.

La madre de Ansel Adams le rogó que no abandonara el piano con la afirmación de que «una cámara fotográfica no puede expresar el alma humana». Su respuesta consistió en dedicar el resto de su vida en demostrar que su madre se habia equivocado.

De Diane Arbus dijo Susan Sontag que su obra era hacer turismo de alto riesgo en el infierno con la que combatir su tediosa existencia burguesa.

Eugene Atget fue el «aduanero Rousseau» de la fotografía. Le enfurecía que lo consideraran artista.

Bill Brandt utilizó las potentes cámaras de focal corta –que utilizaba la policia inglesa para fotografíar escenarios de crimenes y asesinatos– para revolucionar el concepto de desnudo femenino en los años 50.

A la fotógrafa surrealista Claude Cahun le gustaba autorretratarse travestida de hombre. Ella y su compañera sentimental fueron arrestadas por actividades subversivas durante la segunda guerra mundial; ambas intentaron suicidarse con cianuro pero sobrevivieron.

En cuanto a Robert Capa y su legendaria reportaje sobre el desembarco de Normandia, «estudios recientes sugieren que su relato de las terribles vicisitudes que sufrió –en el que afirma que tomó más de cien negativos y que los perdió todos, excepto once, en un accidente en el cuarto oscuro del revelado– es básicamente falso. Se cree que Capa, prisionero del mito de su osadía, en realidad se acobardó durante el famoso desembarco».

Para Cartier-Bresson, el gran maestro del reportaje fotográfico del siglo xx, la fotografía «no es más que un dibujo acelerado». De hecho comenzó su vida creativa como pintor y la acabó como pintor. En el prolongado intermedio se dedicó simplemente a confeccionar «dibujos acelerados».

Lewis Carrol fue escritor genial, matemático competente y fotógrafo de contenida pedofilia victoriana.

Un crítico dijo de la obra deWalker Evans que era difícil saber si en sus imágenes estaban realmente los Estados Unidos de su juventud o los había inventado. Y a propósito de su vida amorosa: «nunca he sido fiel a nada, excepto a mis negativos».

Man Ray también tuvo una vida sentimental poco inerte. Una de sus amantes fue Lee Miller quien experimentó con quimiogramas, que luego se los atribuyó Ray con el nombre de rayograma.

Robert Mapplethorpe, deslumbrante constructor de desnudos que murió de sida, afirmaba: «Mi estrategia para fotografiar una flor no es muy distinta que cuando fotografío una polla. Básicamente, se trata de lo mismo».

Edweard Muybridge, precursor del cine, legendario experimentador de secuencias fotografícas, le pegó un tiro al amante de su mujer.

Gracias a Nadar «le ponemos cara» a los grandes nombres de la literatura francesa del siglo xix, entre ellos Charles Baudelaire. En su tienda fotografica se realizó la primera exposición de los pintores impresionistas. Ser admirador de Mijail Bakunin, el apóstol del anarquismo, le trajo complicaciones serias.

En general, los grandes fotógrafos de la historia han sido trotamundos, gente autodidacta, profesionales que se ganaban la vida con encargos de toda índole y con curiosa prevención a ser retratados; y cuando lo eran, solemos encontrarnos con individuos de aspecto corriente; a menudo, insignificante. La escasa consideración social de la fotografía propiciaba que sus practicantes fuera gente obsesiva pero poco estirada. Tales habitantes de los establos del Castillo del Arte –convertido en los últimos años en cómodo Hotel para Turistas– han sido trasladados poco a poco a las estancias más nobles. En esta reubicación están cooperando eficientemente textos como el de Hacking.

*Ballester es profesor de historia de la fotografía

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