Cantautor

"Los que escribimos versitos no vamos a cambiar el mundo"

El músico y autor argentino Alberto Cortez (Rancul, 1940) vuelve a los escenarios tras varios años de silencio por problemas de salud

09.05.2016 | 05:00
"Los que escribimos versitos no vamos a cambiar el mundo"

Lo hace con una gira en la que repasa sus grandes éxitos, como, por ejemplo, 'El abuelo' o 'Las palmeras'

¿A qué Alberto Cortez verá el público en este regreso?
Se le ha llamado El regreso, pero en realidad, nunca me fui del todo. Tuve que bajarme de los escenarios porque me rompí la cadera izquierda y luego la operación no salió demasiado bien. Simplemente, no podía responder a quienes querían contratarme porque no estaba en condiciones. En este llamado regreso, lo que hago es cantar las canciones que la gente espera escuchar siempre en mis conciertos.

Cincuenta años en la música. ¿Cuál es el secreto para tener una carrera tan longeva?
Un poco de ánimo y amar tu oficio. Yo amo lo que hago y lo hago con mi mejor sapiencia, con todo lo que he ido aprendiendo a lo largo de los años. Y sobre todo, siendo respetuoso con el público.

¿A qué le canta hoy Alberto Cortez?
Le canto a las cosas que siento, a las cosas que veo, a las que me sugieren algún tipo de poema para poder musicalizar y cantar. Le canto a las cosas que me sorprenden cotidianamente. Hay una canción, La miel o las abejas, por ejemplo, que nació de un cartel publicitario en el que se veía el dibujo de un anciano y decía: «¿Dónde dormirá esta noche?». Y cuando uno tiene ya la experiencia de haber caminado mucho y de saber el precio de las cosas, uno se dice: «Caray, con el dinero empleado para hacer todas esas pegatinas quizá hubieran podido construir un asilo para esos ancianos que no saben dónde dormir esta noche». Otras están relacionadas con la relación amorosa...

¿Y le canta más al amor o al desamor?
Fundamentalmente, le canto a lo que sacude mi corazón, a mi sensibilidad, y puede ser el amor o el desamor. Por eso, hay canciones de desamor, como Aromas, y otras que no lo son, como En un rincón del alma.

¿Cuál diría que es el tema que no puede faltar en sus conciertos?
Las palmeras, por ejemplo, que ha atravesado el tiempo como una ballesta inmensa y la gente me la sigue reclamando cuarenta años después.

¿Qué hace que un tema atraviese el tiempo, como dice usted, y se convierta en un clásico?
Esta es una lotería que tenemos que jugar todos los que nos subimos a un escenario. Supongo que a los autores de teatro debe pasarles lo mismo: escriben una obra y luego tienen que ver cómo reacciona la gente. No he analizado por qué unas canciones funcionan más que otras. Solo sé que gustan al público y eso es más que suficiente.

¿La poesía puede cambiar el mundo?
No somos los que escribimos versitos los llamados a cambiar el mundo. Esto está en manos de otra gente, de aquellos que se dedican a manejar gran cantidad de gente, los gobernantes. La poesía siempre es bienvenida porque es una obra de arte, esté bien o mal escrita, a la que podemos juzgar y decir me gusta o no me gusta.

Si echa la vista atrás en su trayectoria profesional, ¿qué sensaciones le vienen, qué es lo que ve?
Veo un tiempo muy feliz. Yo soy muy feliz cuando me subo a un escenario y canto. Ganarse la vida cantando es algo que mucha gente quisiera y no lo consigue. Por eso no puedo quejarme. Además, me gusta mucho mi profesión y siempre intento ser el mejor Alberto Cortez que existe, más allá de lo que pueda ser comparativamente con otros artistas.

¿Cómo ve el panorama cultural actual?
Es una cuestión muy compleja. No es una cosa que pueda juzgarla por encima. Pero lo que quisiera es que dejáramos de ser imitadores de cosas, de querer ser americanos para ser finalmente españoles, y vivir en una España total y fundamental para la historia de la humanidad, mucho más allá de lo que podamos llegar a ser si aprendemos inglés, francés o alemán.

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