Toros

Fortes, adiós a San Isidro sin el objetivo cumplido

El malagueño se va de vacío en su segundo y último paseíllo en la Feria de Madrid, en una corrida en la que el murciano Paco Ureña tiraba de heroica para cortar la única oreja del festejo

23.05.2016 | 02:13

El malagueño Saúl Jiménez Fortes afrontaba ayer su segundo y definitivo compromiso en la Feria de San Isidro. Tras no tener opción ninguna en el festejo que abría este ciclo, hacía nuevamente el paseíllo ante una corrida de Las Ramblas a la espera de que, por fin, un toro le metiera la cara y le permitiera desarrollar su toreo.

Desde su vuelta a los ruedos el pasado mes de febrero, la suerte siempre le ha sido esquiva a Fortes en los sorteos; y ayer tampoco comenzaron las cosas bien ya que el primero de su lote volvía a los corrales tras acusar flojedad extrema. Salía un sobrero de Julio de la Puerta, y por fin parecía haber salido cara la moneda.

Vio el diestro sus virtudes, y lo cuidó en los primeros tercios para exprimir con la muleta todas sus opciones. Ceremonioso, se fue al centro para brindar al público y luego prometía emociones fuertes con el inicio por alto y un pase cambiado por la espalda. Quiso apostar con todas sus fichas y se fue a lo medios, sin importar el viento. Sin embargo, tras una primera tanda muy templada y con los pitones rozándose la taleguilla, toro y torero no terminaron de entenderse en las distancias y el conjunto final terminaba en tierra de nadie.

No obstante, aún le quedaba crédito a Fortes en el sexto, un toro que se frenaba en los capotes y con el que parecía regresar el mal fario. Mal lidiado, con infinidad de capotazos y pasadas en falso en banderillas, se afrontaba la faena de muleta con la certeza de que el manso era el garbanzo negro de una corrida que dio opciones a los toreros. Y curiosamente, el malagueño estuvo mejor con el malo que con el bueno; aunque el burel nunca se entregó a la franela que le presentaba su lidiador. Aún reconociendo su enorme mérito, no era toro de triunfo y así se pasaba una nueva tarde sin que pasara nada importante para dar un golpe de atención y situarse entre la nómina de jóvenes espadas que están revolucionando el escalafón de matadores en esta temporada, tal y como era el objetivo marcado antes de afrontar sus dos compromisos en Las Ventas.

Abría cartel El Cid, que se encontraba en primer lugar con un toro que de salida hizo cosas raras con la vista; manseando en los primeros tercios y desentendiéndose de los engaños. Sin embargo, llegaba a la muleta repitiendo sorprendentemente por el pitón izquierdo; aunque se trató de un espejismo y la faena no despegó pese a los intentos de su matador por el comportamiento cambiante del animal.

También tuvo sus opciones en su segundo, otro burel con posibilidades. El astado, de la ganadería de Buenavista, permitió ligar las tandas al de Salteras; en un trasteo lucido pero sin la rotundidad necesaria para que Madrid valore el esfuerzo.

Completaba el cartel Paco Ureña, que se está consolidando esta temporada como uno de los toreros más reconocidos por los aficionados. Su honestidad está siendo valorada en su justa medida, y ayer comparecía con los puntos frescos de una cornada sufrida el pasado lunes en Francia. Supo aprovechar la calidad de su primero, al que cuidó de salida para terminar por exigirle con la mano muy baja por ambos pitones.
De haber sido más efectiva la estocada, de la que resultó prendido, podría haber tocado pelo.

Tras pasar por la enfermería, regresó para ponerse de rodillas a porta gayola en una clara muestra de intenciones. Nuevamente hubo momentos brillantes, con verdad y temple al natural. Y épica, con una nueva cogida de la que salió dolorido aunque milagrosamente indemne. Mermado de facultades, el público premió la heroicidad del torero con una oreja.

@danielherrerach

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