Un recuerdo, una reivindicación

Chanquete no ha muerto

'Verano azul' cumple 35 años de su estreno y un ensayo de Mercedes Cebrián reivindica la ficción de Antonio Mercero como "lugar de memoria común" de los españoles

06.07.2016 | 14:40
Imagen de la reunión del reparto de ´Verano Azul´ en 2011.

La dinámica de la pandilla era la materia prima de la serie: con ella trataban de mostrar "cómo se desearía que fuesen las cosas".

¿Chanquete, un padre de la democracia española? La escritora y traductora Mercedes Cebrián responde rotundamente que sí. Tras visitar el Museo de la Transición de Cebreros, el pueblo abulense donde nació Adolfo Suárez, comprobó que se vendían llaveros e imanes de nevera con la imagen del expresidente del Gobierno, pero que no había ni una mención al personaje de televisión encarnado por Antonio Ferrandis y cuyo mensaje, en aquellos mismos años de transformación nacional, «caló mil veces más hondo que el del expresidente en toda una generación», los cuarentones de hoy en día.

Esta afirmación figura en el desprejuiciado ensayo Verano azul, unas vacaciones en el corazón de la transición, que acaba de publicar Alpha Decay. El librito, chisposo, entre lo sesudo y lo friki, sale justo cuando están a punto de cumplirse los 35 años de la emisión del primer capítulo de la serie de televisión de Antonio Mercero, aquel domingo 11 de octubre de 1981, justo a las 16.05 horas. Cebrián regresa a aquel verano rodado en Nerja cargada con una pregunta: «¿Podría una serie tan completa y con tanta enjundia ser reivindicable como patrimonio cultural inmaterial de España, al igual que lo es el silbo gomero?». Sin necesidad de lanzar una candidatura a la Unesco, la autora ya hace una propuesta alternativa. Verano azul es «un lugar de memoria español», un «enclave de reunión nacional». Ahí lo tienen. Para que luego digan que ver la tele atonta.

¿Y qué se ve, tantos años después, en ese «lugar de memoria español»? Pues para verlo y mostrarlo Cebrián hizo un viaje a Nerja, un viaje real para participar en la ruta turística por los escenarios de la serie. La visita está explotada por uno de los actores, Miguel Joven, el que encarnaba a Tito, el más pequeño de aquella pandilla. Tito se ha convertido con el tiempo en Pancho. Es decir, es el único que en la vida real se quedó en Nerja. Los otros actores tomaron caminos divergentes y todos anónimos, menos María Garralón (Julia) y Juanjo Artero (Javi). La visita guiada por Miguel Joven, en plan fan absolutamente entregado, le sirve a Cebrián para ir enhebrando reflexiones sobre la serie y rescatando sus ecos.
Primer concepto clave: la pandilla, esa unidad de acción que articulaba la serie. La dinámica de la pandilla (chicos y chicas de distintas edades sumado a libertad) era la materia prima de Verano azul. Con ella trataban de mostrar «cómo se desearía que fuesen las cosas». Era una «sinécdoque», dice Cebrián rescatando sus apuntes de EGB sobre figuras retóricas. Se trataba de mostrar la parte, una parte, de España como reflejo condensado del todo. Eso sí, a la pandilla «le falta el lado rancio de la población del momento». «La pandilla funciona como grupo sin grandes riesgos de romperse precisamente porque tolera y acepta las diferencias de cada uno de sus miembros. Eso huele a que así querían que fuese España, y pensaron que quizá metiéndolo en una serie juvenil el mensaje podría entrar como esa píldora de Mary Poppins que azucarada se podía tragar mejor». La pandilla, analiza Cebrián, significa «la construcción del nosotros», un nosotros cuyo enemigo era entonces «el que vivía en el portal de al lado».

Los niños de Mercero, apunta Cebrián, no eran los del franquismo que jaleaban el Movimiento (Marisol, Joselito, Pablito Calvo), tampoco eran los del tardofranquismo, la tristeza infinita y mirona de Ana Torrent en Cría cuervos y El espíritu de la colmena. Lo que fabricó Mercero es diametralmente opuesto: «Emiten opiniones, resultan impertinentes con frecuencia y hablan con el lenguaje de la calle del momento». Era su particular «fábrica de nuevos españoles». Una fábrica que trabaja en verano, el tiempo del aprendizaje, en la que saldrán alusiones a la Guerra Civil, se abordará la necesidad de consenso para no repetir la masacre nacional, las relaciones entre los padres criados con Franco y los hijos de la democracia, etcétera?

Cada detalle esbozaba el espíritu de la época. Y de todas las muchas claves de la serie, Cebrián escoge una: la ortodoncia de Desi. La «fea» era el personaje que «simbolizaba la nueva disposición de España hacia el embellecimiento físico y moral de sus generaciones más jóvenes».

Y llegamos a Chanquete, el muerto más vivo de la Transición, excepción hecha de Franco. Ahí lo tenemos en el «exilio interior» de su barco, una especie de «sobrino de Alberti», dice Cebrián. Chanquete, en conflicto «con el presente tecnológico en el que el ascenso social a través del consumo cada vez cobra más protagonismo». Chanquete, como «contumaz elogio de la lentitud». Chanquete, el que no se integra en el progreso desarrollista, el que se resiste a vender su barco, La Dorada, para que la inmobiliaria Promobisa levante allí un rascacielos llamado Torre de los Cuatro Vientos. (¿Están ustedes escuchando: «Del baaarco de Chanquete no nos moooverán»?). Chanquete, en definitiva, el que ya divisaba la gran España del ladrillo, ésa que se nos agrietó hacia 2008 y cuyo cadáver arrastramos desde entonces. Chanquete, el que dijo no a los de Promobisa de este modo: «Esto no es una isla, no es Manhattan, y esta gente quiere tirarse un pedo de cemento como se lo tiró en otros lugares». Mercero tenía soluciones narrativas sonrojantes –recuerden el episodio de la regla de Bea–, pero esto del «pedo de cemento» alguien debería rescatarlo para renombrar el «milagro económico español».

El ensayo de Mercedes Cebrián sobre Verano azul aborda estas cosas tan sesudas como, ahí va otra, una amplia reflexión sobre el personaje de Julia (María Garralón) como la imagen del tipo de mujer «sencillamente moderna» que «sería bueno que primase en la nueva etapa democrática de España, con camisas amplias, bolsos de rafia y un recogido capilar cómodo y eficaz». Julia, la «anti Bernarda Alba», concluye Cebrián. Pero también da información para fans dados a la anécdota banal, como el destino de los actores protagonistas de la serie. Entre esas pistas, una que arruina una de las grandes leyendas urbanas de la España contemporánea. Que el actor que encarnó a Pancho, José Luis Fernández, no murió de sobredosis. Según Miguel Joven (Tito) le indicó a la autora, cuando Pancho se hizo adulto trabajó como doblador en programas como Fraguel Rock y Los caballeros del Zodiaco. «Ahora Pancho es mileurista, como yo», dijo Tito en 2014. Desde entonces hasta hoy ser mileurista ha pasado de ser una palabra despectiva a la etiqueta descriptiva de una clase media que no tiene esperanza de vivir muchos veranos azules. Y es que con Chanquete vivíamos mejor.

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