Teatro | Crítica

Lo bueno siempre perdura

09.07.2016 | 05:00
Un momento de «Mamma Mia!».

Mamma Mia!

  • Compañía: Stage Entertainment. Directora: Phyllida Lloyd. Intervienen: Nina, Olga Hueso, Eva Diago, Albert Muntanyola, Nando González, Paul Berrondo, Clara Altarribia, Carlos Solano, entre otros.

De aquel primer paso de Mamma mia! El musical con las canciones de Abba por el Teatro Cervantes en 2009 nos quedó un magnífico recuerdo. Ahora en 2016, remozado, se nos vuelve a presentar con la misma lozanía. La misma, la misma, porque entre otras cosas, Nina, la conocida intérprete de musicales, y única superviviente, parece que se hubiera clonado a sí misma y está tan estupenda como hace siete años. La historia es la de una chica que invita a tres posibles padres a su boda con la intención de saber cuál de ellos la engendró, para sorpresa de la hippy de su madre que nunca le contó quién pudo ser de estos. Todo en el ambiente de una isla griega donde tienen madre e hija una pensión taberna de paredes encaladas a la sombra de una higuera. Por supuesto el hilo conductor son las canciones del grupo Abba con el que mamá se ganaba el sustento junto a dos muy buenas compañeras y amigas (también invitadas al acontecimiento) antes de recluirse en el paraíso en el Mar Egeo. Lo cierto es que esta nueva versión no ha introducido prácticamente ningún cambio perceptible, salvo algo de la estétic,a que se nos antoja más sicodélica en los colores y algo más minimalista en las líneas de decorado. Sea como sea, el espectáculo sigue teniendo, sobre todo para los amantes de ABBA, un gran atractivo, por la calidad de su puesta en escena, que eso lo saben hacer muy bien los de Stage Entertainment. Aunque el primer día, en el estreno alguien no estuvo muy fino con el sonido. Disfrutar se disfruta. Y además, a pesar de sus dos horas cuarentaycinco de duración con intermedio incluido, en ningún momento se hace larga; al contrario se pasa en un pispás. Y eso que se supone que, oyendo a los espectadores, no éstos, los otros teatrales, acercándose a la hora y media ya es insufrible. Se ve que para los musicales no es así. Y de hecho gran culpa la tienen no sólo el libreto y la música, si no el propio elenco. Magnífico, aunque con esa curiosa dicotomía que se suele dar entre los intérpretes de menos de veinticinco (perfectos en afinación y que las clavan todas hasta danzando) y los de más de cuarenta (imperfectos, pero que se apoyan más en el sentido de las palabras). Y ahí, lo siento pero he de decirlo, Olga Hueso se llevó la palma de entre todos, con una vis cómica que enganchó a la primera y no había quien le quitara ojo. Ahora, como hace siete años, me reafirmo en ese optimismo y ese subidón que logra que el espectador salga pero que muy contento de un musical que ya es histórico.

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