Último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

"Si los escritores jubilados cobramos más de 600 euros al mes nos penalizan"

El poeta leonés Antonio Colinas descansa en Ibiza después de un año lleno de emociones y buenas noticias

29.08.2016 | 05:00
El poeta leonés Antonio Colinas.

La más potente fue la concesión del XXV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que recogerá en noviembre

Antonio Colinas y su mujer, María José Marcos, abren con la hospitalidad que les caracteriza las puertas de su casa en Can Furnet de Jesús donde descansan después del ajetreo de los últimos meses. Sobre la mesa del salón reposan las galeradas del próximo libro del poeta, Lumbres, una antología cuya publicación forma parte del XXV Premio Reina Sofía que recogerá en noviembre. El galardón incluye también una exposición sobre su obra, que recorrerá diez campus universitarios, y un curso monográfico sobre su figura en la Universidad de Salamanca. Un álbum de fotografías, algunas completamente inéditas, también se incluirá en el volumen. En ellas se descubre a Colinas de niño en La Bañeza, de adolescente en Córdoba, con María José en 1968 en una de sus primeras citas, por supuesto en Ibiza (donde vivió 20 años y a donde regresa fiel cada verano) o acompañado por nombres tan importantes de las letras españolas como José Hierro, Rafael Alberti o María Zambrano. Entre ellas destaca su semblante afectado en el entierro del premio Nobel Vicente Aleixandre.

En el libro Memorias del estanque recuerda que intuyó la muerte de Vicente Aleixandre.
Me desperté un día a las siete de la mañana pensando en él de manera obsesiva. Nunca se me hubiera ocurrido llamarle a las nueve de la mañana [en el libro explica que no estaba disponible hasta mediodía], pero le llamé desde una cabina a las nueve y cinco o nueve y diez. La asistenta me dijo: «Al señor lo han ingresado hoy a las siete de la mañana muy grave». Me había enviado una postal hacía un tiempo que terminaba diciendo: «Hasta pronto», pero había tachado pronto y había escrito «hasta siempre»...

La publicación del libro ha llegado en un año muy especial...
Sí, ha habido cuatro cosas muy especiales: el libro Memorias del estanque, el Premio Reina Sofía, la reedición de la Obra poética completa para España y América y ahora este libro, Lumbres, que forma parte del premio.

Una buena manera de celebrar su 70 cumpleaños.
Dije en su día que había algo de cabalístico este año: 70 años, 70 libros y 50 años escribiendo.

No sé si hay que hablar de destino, pero la impresión que dan sus memorias es que su vida ha virado en función de hechos más o menos fortuitos...
Sí, hay una frase que repito y es que no he ido a donde he querido sino a donde la vida me ha llevado. Una de las funciones del libro es dar respuesta a preguntas que siempre me hacen: por qué fuiste a Italia, por qué regresaste de Italia, por qué a Ibiza, por qué a Salamanca y no a León y siempre hay explicaciones... El destino me ha llevado a esos sitios.

¿Le ha provocado vértigo mostrarse en sus memorias, escribir sobre hechos duros [como la muerte de su primer hijo, que incluso algunos amigos cercanos desconocían]?
He tenido que desnudarme entre comillas en determinados momentos para contar cosas de las que no había hablado y de las que tampoco me gustaba hablar. Es un libro respetuoso en el sentido de que el lector no tiene que ir buscando chismorreos o a ver con quién me meto. Los lectores se sorprenden porque descubren a otro Antonio Colinas. No me imaginan volviendo en autostop de Londres a Barcelona porque se me acabó el dinero o participando en la manifestación de los catedráticos de 1965, que fue muy importante en la universidad y en la que acabé en unas barricadas tras las mesas de los comedores.

En el libro sí que subyace un cierto resquemor porque hay personas que han confundido en usted la sensibilidad y el respeto a los demás con una cierta...
...Pasividad, sí. En 1977 ó 1978 escribí un artículo sobre el famoso tópico de la gallina de los huevos de oro. Los temas medioambientales siempre me han preocupado y están en mis libros, en obras como los Tratados de Armonía... A veces hay esta idea de que soy un autor lírico con una vida muy interiorizada. Me considero ideológicamente un independiente radical, muy a contracorriente siempre. Yo no he ignorado la realidad más viva. Nunca he estado en una torre de marfil.

Es llamativo en el libro el peso de la cultura, la cantidad de referencias que hay sobre literatura, arte o música.
Para mí la cultura no es solo decorado. Siempre debe ir acompañada de vida, debe ser un sustrato de vida. Después de la literatura y la poesía, la música juega un papel muy importante en mi vida. Siempre ha sido muy importante para mí también el cine. Del cine italiano, que conocí en mis años de Italia, me interesa todo. Esta es una de las cosas en las que hay disidencia con mi generación, porque Castellet [autor de la famosa y polémica antología Nueve novísimos poetas españoles] estableció una serie de tópicos como que nos gusta el cine americano, la música pop, que éramos antimachadianos y yo he sido el único machadiano de la generación.

¿No encajar en una generación le ha puesto en una situación complicada?
Sí, aunque las generaciones tienen una utilidad didáctica y, a la larga, lo que quedan son autores independientes.

Ha apostado por un oficio apasionante pero inestable y con altibajos económicos. ¿El premio en concreto [con una dotación de 42.100 euros] supone un ha merecido la pena?
Todo premio que sea serio, como este, es un estímulo para seguir. Soy un escritor autónomo jubilado, pero mientras cabeza y corazón funcionen voy a seguir escribiendo. No concibo escribir un libro y tener que meterlo en un cajón... Ahí tenemos que entrar en el tema que estamos viviendo los escritores autónomos jubilados. Que no podemos ganar más de 600 euros al mes porque en el momento en el que lo superamos nos empiezan a descontar de la pensión. Como es mi caso. Ya me están descontando.

Incalificable.
Disparatado, sí. Hay otros escritores que ingresan cantidades mayores porque venden más y que incluso han sido multados. Es una situación disparatada que no pasa en ningún otro país de Europa.

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