Curioso itinerario

La clave siempre está en Pitufo

Rai Ferrer y Jaime Castell son otros protagonistas de una ruta singular a partir de las curiosas criaturas del dibujante belga

24.09.2016 | 14:00

Viaje de la Valencia de Rita Barberá, la senadora imputada por participar en los 'pitufeos' del Partido Popular, a la Barcelona franquista a través del tebeo 'Strong', que bautizó en castellano a los míticos personajes de Peyo. Un bautismo que, por cierto, le supuso a su responsable, Miguel Agustí, un mes entero de devanarse los sesos, como confesó

Algo une a Rita Barberá con un gran grupo financiero del franquismo y la muerte de veinte personas en el atentado del teatro del Liceu de Barcelona con el escritor Javier Tomeo. Ese algo son los Pitufos.

Rita Barberá, senadora que se ha dado de baja en el Partido Popular para pasar al Grupo Mixto, está siendo investigada por el Tribunal Supremo al considerarla relacionada con el blanqueo de capitales que se hacía en el Ayuntamiento de Valencia, ciudad de la que fue alcaldesa de 1991 a 2015. Concejales y asesores donaron miles de euros que, presuntamente, les reintegraba el partido en billetes de 500. A ese blanqueo de dinero lo llaman pitufeo por el color de los personajes de los tebeos y dibujos animados, azules como los billetes de 500 euros.

Los pitufos son unos enanos de color azul claro y pantalón y gorro blancos creados en 1958 por el dibujante belga Peyo (Pierre Culliford, Bruselas, 1928-1992) en el semanario Spirou. Su éxito es universal. Más de cuarenta álbumes cuentan sus historias, Hanna- Barbera Productions hizo 427 episodios de dibujos animados en nueve temporadas entre 1981 y 1990, y Sony hizo una película de animación 3D sobre estos muñecos deliciosos que están en todo lo que pueda ser soporte de merchandising. Hasta un pueblo, Júzcar, en Málaga, está pintado entero de azul en su honor.

En su versión original francófona se llaman Schtroumpfs, palabra impronunciable que usan como nombre común de todos los objetos y como verbo (schtroumpfer) para todo tipo de acciones. En Estados Unidos se llaman Smurfs y, como en el resto de los idiomas, tienen esa misma característica lingü.stica. El semiólogo Umberto Eco utilizó el lenguaje de los pitufos en Kant y el ornitorrinco para ilustrar sobre las facultades de la mente humana en la interpretación de los datos.

Antes que en el resto de España, los pitufos eran conocidos en Cataluña como Els Barrufets. Sus historias se publicaban en Cavall fort, revista quincenal en lengua catalana para niños y jóvenes fundada en 1961, con el patrocinio de los obispados de Vich, Gerona y Solsona, conscientes de que Spirou era una revista regida por principios católicos.

En España se llaman Pitufos desde 1969. El nombre se le ocurrió a Miguel Agustí (Barcelona, 1945) cuando era redactor-jefe de la revista de historieta Strong, donde las aventuras de estos personajes se publicaron por vez primera en castellano. Agustí, periodista en revistas de cómics como Spirit y Vampirella, en mensuales como Playboy y Bazaar, autor de novelas como El organista del Cosmos y Amante muerta no hace daño, contó cómo fue el bautismo castellano de los gnomos azules. Como traductor pasó «más de un mes devanándome los sesos en busca del nombre adecuado. (€) una mañana, paseando por la calle Caspe, vi a la entrada de Radio Barcelona una talla de En Patufet, un personaje de la mitología catalana semejante a Pulgarcito. ¡Se me abrió el cielo al verlo con su barretina, parecida al gorro frigio de los Schtroumpfs! Y de Patufet surgió la palabra€ ¡Pitufo!, la única posibilidad que tenía porque Patufo, Petufo, Potufo o Putufo me sonaban realmente mal». Pitufo ha quedado para nombrar cariñosamente a los niños. La revista TBO publicó a los personajes de Peyo unos años después con el nombre de Tebeítos y ningún éxito. La veterana TBO ya había tenido mucha fortuna bautizando un tipo de publicación: los tebeos.

Strong fue una revista semanal estupenda, con precio razonable (8 pesetas), completamente en color y en un papel de calidad inusitada en un mercado dominado por Pulgarcito y Tío Vivo, de Bruguera, que se rizaban con sólo mirarlos. Publicaba historietas francobelgas de tanta calidad como Lucky Lucke, Espirú y Fantasio, Gastón, el gafe, secciones culturales bastante progres y cómics de producción propia, en proporción cada vez mayor a lo largo de los 90 números más dos extraordinarios que llegó a editar. Entre los autores españoles destacó Jan, luego autor de Super López.

Miguel Agustí es hijo de Ignacio Agustí (Llissá de Vall, Barcelona; 1913-Barcelona 1974), famoso por su serie narrativa La ceniza fue árbol, que novela varias generaciones de la burguesía industrial catalana en cinco tomos. La serializó TVE en diez capítulos que dirigió Pedro Amalio López con el título La saga de los Rius y emitieron desde el 1 de noviembre de 1976 al 24 de enero de 1977. Quiso ser la réplica española de La saga de los Forsythe, que la BBC produjo en 1967 basándose en la trilogía homónima de John Galsworthy. TVE la emitió en 1971 y fijó el prestigio de las producciones inglesas entre los telespectadores españoles.

La saga de los Rius tuvo un reparto encabezado por Fernando Guillén y Maribel Martín, con Emilio Gutiérrez Caba y, ojo, Victoria Vera y Agata Lys, dos estrellas del destape y dejó como escena inolvidable el atentado anarquista en el patio de butacas del Liceo de Barcelona, el 7 de noviembre de 1893. Murieron veinte personas en la realidad y en la ficción lo hizo la adúltera Mariona Rebull, dejando viudo a Rius.

El novelista Agustí, falangista de 1937, director de la revista Destino en sus primeros años, era el dueño de la librería editorial Argos que se asoció con el Banco de Madrid, ganó tamaño y abrió la sección Argos Juvenil, editora de Strong. Agustí metió a trabajar a su hijo Miguel, hasta entonces más interesado en el teatro junto a Mario Gas, Carlos Canut y Emma Cohen.

En la redacción fue muy importante Rai Ferrer (Burgos, 1942), más tarde miembro del colectivo Onomatopeya, que publicaba sus ilustraciones en Por favor, El viejo topo y Fotogramas. Ferrer conoció en la cafetería de los desayunos a Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932-Barcelona, 2013), un gigante que rondaba los 40 años, había escrito un libro titulado El cazador y trabajaba en el departamento de enciclopedias. Cuando los directores de Strong reclamaron un colaborador a la editorial, les dijeron que cogieran a alguien de Enciclopedias y eligieron a Tomeo, quien dibujó chistes, firmó guiones de historietas y artículos como Estallo, su segundo apellido. Hizo en un día el guión de Celtiberión, un Astérix español que dibujó Pedro Alférez. Tomeo se ganó la vida como escritor y dramaturgo y dejó una obra muy singular, experimentalista, kafkiana, con sentido del humor.

Strong cerró abruptamente. Se enfrentaba en la distribución al dominio abrumador y la competencia no siempre leal de la Editorial Bruguera con su Mortadelo y muchos más títulos.

En el libro La aventura de Strong. Historia de una revista juvenil de culto, Agustí da también una explicación extratebeística. «Ocurrió entonces que, de repente, la empresa había descubierto (eso me dijeron a mí) que Jaime Castells, dueño del Banco de Madrid y principal accionista de Editorial Argos, se había fugado a Suiza con una morterada de millones. Mi sorpresa y –repito– mi perplejidad fueron además dobles porque mi padre, también accionista del grupo, no me había avisado de nada».

Jaime Castell Lastortras (Manresa, 1915-Lausana, Suiza, 1984) fue un ingeniero, empresario industrial y banquero catalán. Xavier Vidal-Folch lo definió como vivaz, dicharachero y simpático, autor de obras de teatro y bien conectado con El Pardo a través de la familia Martínez-Bordiú. Inició su carrera bancaria en los años cincuenta comprando la Banca Suñer de Ripoll, que en 1954 convirtió, con alguna sucursal más, en Banco de Madrid y tuvo de primer presidente a José María Martínez Ortega, consuegro de Franco; de secretario, a José María Martínez Bordiú, hermano del yerno de Franco, y por la parte catalana a Juan Antonio Samaranch antes de que llegase a ser presidente de la Diputación de Barcelona (y, por supuesto, presidente del Comité Olímpico Internacional) y a Josep María de Porcioles y Joaquín Viola, futuros alcaldes franquistas de Barcelona.

En 1974, tres años después del cierre de Strong, el grupo Castell reunía 120 empresas en el sector textil, metalúrgico, turístico, financiero, editor y de artes gráficas y periodístico, pero a partir de 1977 se debilitó, incapaz de hacer rentable la empresa Intelhorce, comprada cinco años antes al INI; sus actividades constructoras en Barcelona entraron en declive con la democracia y el Banco de España descubrió en 1980 graves pérdidas en el Banco de Madrid y el Banco Catalán de Desarrollo, otro negocio financiero, tuvo que ser saneado por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Castell murió de cáncer en 1984, en Lausana, donde mantenía actividades financieras en Suiza y Estados Unidos. No se fue a ese país hasta 1978, atemorizado por el brutal asesinato de su amigo y socio Joaquín Viola y de su mujer a manos de tres hombres y una mujer enmascarados en un atentado que se atribuyó al grupo terrorista Exèrcit Popular Català por el parecido que tuvo con el asesinato del también empresario José María Bultó.

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