Crítica | Música

El color de Dvorák

25.09.2016 | 05:00

Ficha

  • Orquesta Filarmónica de Málaga Concierto abono nº 1. Director: Manuel Hernández Silva. Solista: Guillermo Pastrana, violonchelo. Programa: Concierto para violonchelo y orquesta, de A. Dvorák y Sinfonía nº 3 en mi bemol mayo, op.97 Renana, de R. Schumann. Lugar: Teatro Cervantes, viernes 23 de septiembre de 2016

Da la impresión de que el cambio en los días de encuentro con la OFM ha causado cierta acogida entre el público dada la respuesta que, el primero de los abonos de temporada de la Filarmónica, disfrutó este pasado jueves y viernes. Las dos páginas que componían el programa algo han debido influir también en la apuesta realizada por el maestro Hernández Silva para iniciar la temporada: por un lado, el color de Dvoràk y Schumann, y por otro, el cello del granadino Guillermo Pastrana junto a un conjunto sólido y confiado.

La lectura del cello de Pastrana y la batuta de Hernández Silva junto a la OFM pudo convencer más o menos al oyente en el plano de la audición como tal del Concierto para violonchelo de A. Dvoràk, pero en la línea argumental defendida por batuta y solista nos presentan la obra con decidido carácter programático. Si a ello sumamos la propia arquitectura de los tres movimientos, independientemente de las referencias de tempo clásicas, vemos que el edificio se erige sobre una sucesión de danzas, cantos e imágenes bohemias.

Guillermo Pastrana no sólo mostró oficio, sino que se mantuvo en una línea discursiva clara, sin emborronar agilidades, acentuando, sin exageraciones, un tono lírico del instrumento que toca; en sus manos adquiere una sonoridad que arrolla. Momentos claves fueron los pasajes escritos para el movimiento central y –sería injusto no apuntarlo– los diálogos entre el violín concertino de Nicolae Ciocan junto a Pastrana llegados al Finale.

Hernández Silva contagió el entusiasmo que profesa por R. Schumann, si en su concierto de presentación con la OFM fue una declaración de intenciones, en la cuarta del compositor romántico, al abordar La Renana destaca el punto de entendimiento entre director y conjunto. La Filarmónica, de principio a fin, desgranó un hilo coherente entre los distintos temas que engarzan los cinco movimientos que articulan esta sinfonía, y los distintos planos sonoros creados por las secciones de la orquesta. El titular modeló la interpretación sobre la claridad de los tiempos, apreciable en los dos motivos extremos, el color que caracteriza cada motivo y el cuidado mostrado por los profesores del conjunto: una cuerda sólida en contraste a unos definitivos bronces, la envidia de cualquier orquesta.

Comienzo, por tanto, muy ilusionante que sirve de pórtico al equilibrado cartel que nos propone la OFM en el comienzo de esta nueva e intensa temporada de abono.

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