Crítica teatral

Retrato de cobardías

29.09.2016 | 20:24

Ficha técnica

  • Los puercos, en el Teatro Echegaray
  • Compañía: Factoría Echegaray.
  • Autor y director: Ignacio Nacho.
  • Músicos: Juan Carlos Montilla, Andrés Suárez, Fernando Jiménez Salmerón.

Importante día de estreno para Málaga. Primer día del primer espectáculo de la andadura de Factoría Echegaray, la productora teatral de los Teatros Municipales, el sueño de Miguel Gallego que ha llevado a buen término Juan Antonio Vigar. Producciones de calidad con factura malagueña. Y el que ha tenido el privilegio de darle comienzo, Ignacio Nacho, autor y director de Los puercos. La costumbre manda que para hacerlo todo más fácil cataloguemos los espectáculos, las películas, las novelas, por géneros con estándares que nos den hecho el trabajo a la hora de razonar una obra. Misión difícil cuando las creaciones no se someten a patrones más o menos correctos. Y una cuestión, muchas veces, absolutamente innecesaria. De cualquier modo y ya puestos, Los puercos es un texto espléndido donde abunda la ironía en juegos de palabras fáciles de oír y difíciles de asimilar. Nos reímos escuchando los parlamentos porque suenan a la primera como un ingenioso juego, pero debajo hay una puñalada que te hace ver que te has reído de lo más despreciable de ti mismo. Es un retrato de estamentos sociales, de estratificación piramidal en la que la posibilidad de ascender de la base a la punta es casi imposible por ese efecto apisonador que es la cobardía. En este caso todo queda en familia, una familia un tanto sui géneris, pero que por sus extravagantes relaciones y dependencias crean esa intriga cómica que engancha al espectador. Porque hay mucho humor detrás de esta presentación; al final se trata de poder trascender lo serio con una carcajada. Cosas tremendas pasan, pero es la cínica interpretación del mundo de este submundo familiar la que nos atrapa con su dialéctica por obra y gracia de Nacho. Con un ritmo pausado y necesario para atender a los muchos giros y metáforas, la obra transcurre con fluidez. Tal vez habría sido necesario que ese ritmo se viese alterado en algunos momentos para dar mayor emoción a los sucesos. O tal vez hubiese sido conveniente que el movimiento escénico aprovechara mejor el espacio. Las interpretaciones, estupendas: todos espléndidos en ese estilo declamatorio que sublima los diálogos. Enhorabuena a todos y usted que lo disfrute.

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