Directora artística del Museo Carmen Thyssen

"No entiendo que la apertura del Museo de Málaga deba producir un giro en nuestra programación"

La responsable del programa expositivo de la pinacoteca, Lourdes Moreno, ha renovado su compromiso con el Palacio de Villalón

02.10.2016 | 01:54
Lourdes Moreno junto a dos obras de la nueva muestra de Sorolla en el Museo Carmen Thyssen.

Lo ha hecho sólo por doce meses, circustancia que asegura no preocuparle - No se pronuncia sobre si continuará o no cuando agote ese plazo ni sobre si estaría capacitada a asumir la gerencia si el Patronato decidiese acabar con la actual bicefalia directiva del museo

­A Lourdes Moreno le invade el entusiasmo cada vez que alguien le pregunta por una obra del Museo Carmen Thyssen. Entusiasmo que trasmite irremediablemente a los que reciben sus siempre didácticas y enriquecedoras explicaciones. Su impresionante conocimiento de todas y cada una de las piezas que habitan en el Palacio de Villalón es otro de los grandes valores de la pinacoteca, aunque ella no presuma de ello. El centro de la mesa de su despacho, donde atiende a La Opinión, lo ocupa un gran volumen monográfico de Juan Gris. «Haremos una exposición sobre él», confiesa. El Patronato del museo acaba de renovarla (al igual que ha hecho con el gerente, Javier Ferrer) al frente de la dirección artística, pero sólo por un año. Señala que esta nueva situación, que viene acompañada de un recorte salarial, no va a modificar en nada «la ilusión» con el que cada día acude a trabajar.

Su renovación se produce por un periodo de un año. ¿Siente que se ha debilitado la confianza en su labor?
No. No lo siento así. Siento que el museo está en otra etapa distinta. La verdad es que durante estos cinco años he trabajado todos los días como si fuera el primero y mi sensación ahora es la misma. No siento menor apoyo en ningún sentido. Es cierto que cuando se inaugura un museo, o cualquier otra institución, siempre se produce mucho ruido e interferencias alrededor hasta alcanzar un cierto periodo de madurez. Llegado a ese punto, es necesario pasar por un periodo de asentamiento, de madurez, de reflexión, de remirarse, de repensarse...

Madurez suele ser sinónimo de estabilidad. Y lo que trasmite un contrato de doce meses es todo lo contrario.
Pero no lo siento así. Es cierto que es un horizonte más corto, pero aún así hemos hablado de futuro en la pasada reunión del Patronato. Pienso que es una etapa distinta. Ya se verá. He trabajado durante todo este tiempo con total y permanente ilusión. Y ahora voy a seguir exactamente igual.

¿Qué características definirán esa nueva etapa de la que habla?
Quiero pensar que va a ser una etapa en la que el museo va a alcanzar esa madurez y se van a asentar ciertas pautas de trabajo. En cuanto a la línea educativa, seguiremos en base a la pedagogía crítica. Debemos entender que el público debe participar y no tanto recibir una serie de conocimientos y conceptos que después se olvidan. Se trata de que sea un museo participativo y de experiencia. Y en cuanto a la líneas expositiva, el museo siempre ha tenido dos ejes: exposiciones relacionadas con los fondos de la colección permanente y otras basadas en la colección de arte internacional de la baronesa Thyssen, que nos ha permitido hacer muestras de mucho interés para el gran público, como La tradición moderna o Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias. Hemos tenido esos dos pilares. De momento, las propuestas para este año van a continuar en esa línea.

¿Qué veremos después de la recién inaugurada muestra de Sorolla?
En noviembre inauguraremos la exposición La ilusión del lejano Oeste, que ha estado en el Thyssen de Madrid y ahora está en el Espai Carmen Thyssen de Sant Feliu, donde se clausura el 30 de octubre. Aquí se inaugurará después de mediados de noviembre. Es una muestra comisariada por Miguel Ángel Blanco y su relato está muy bien pergeñado. Es la historia de la llegada del hombre blanco a América. El barón Thyssen fue un gran aficionado del Oeste y fue pionero en reivindicar estas obras, antes incluso de que se pusieran de moda en los Estados Unidos. En la muestra hay una colección muy importante de grabados de Karl Bodmer, que convivió con los indios y los retrata. Para Málaga se le ha añadido un capítulo dedicado a los bandoleros. Porque, además de la coincidencia cronológica, de alguna manera hay una concomitancia en las formas de vida y de las representaciones idealizadas que se hicieron de ellos. Después de La ilusión del lejano Oeste tendremos para marzo una exposición sobre el ilusionismo y el trampantojo en la pintura del siglo XVII al XX. Su título provisional es La apariencia de lo real y trata de hacer una reflexión, con el realismo y el naturalismo como hilo conductor, sobre el ilusionismo, sobre cómo el pintor sitúa al espectador en un momento en el que necesita su imaginación para recrear la escena a contar, y el trampantojo, que es un engaño visual. Tendremos obras de autores como Luis Meléndez, del periodo Barroco, y a artistas más contemporáneos como María Moreno, Antonio López, Gerardo Pita, Eduardo Naranjo, Claudio Bravo...

La apertura del Museo de Málaga, prevista en unos meses, entra en directa competencia con lo que ofrece este museo. ¿Han estudiado los efectos de esta situación?
No lo entiendo como competencia en ningún caso. Creo que todos los museos están sumando. Es cierto que con el Museo de Málaga confluimos más que con otros en la línea cronológica de nuestro relato. Pero luego son colecciones muy distintas. Ellos tienen una estupenda colección de obras de grandes formatos, obras que ganaron medallas, que versan sobre la historia... Aquí tenemos otros relato. Es el relato de una colección que recoge más bien el sentir de la burguesía del siglo XIX, para la cual muchas de estas obras fueron realizadas. Son dos colecciones distintas. Diría que son complementarias.

¿No lo afrontan como algo que puede ser transcendental?
No entendemos que tenga que producir un giro espectacular en nuestra programación. Creo que habrá que estudiarlo. Es cierto que en un principio, el Museo de Málaga tendrá muchos visitantes por su inauguración. Pero creo que somos instituciones diferentes y creo que vamos a tener ritmos y formas de trabajar distintas.

¿La apertura del Centre Pompidou y el Museo Ruso les ha restado visitas?
Estoy convencida de que suman. Se ha realizado un proyecto de ciudad que la ha transformado. Es cierto que tenemos que estar todos vigilantes para que la ciudad consiga contener y dirigir este flujo de personas que se está produciendo. Y que exista una buena convivencia de los ciudadanos con la llegada de turistas. En ese sentido creo que la ciudad, como está empezando ahora, está en el momento idóneo de reconducir esta situación. Tomando incluso el ejemplo de otras ciudades, como es el caso de Barcelona, que todos conocemos.

¿La pérdida patrocinios privados, y por tanto de ingresos, ha trastocado los planes expositivos del museo?
Las exposiciones se han visto afectadas y también el funcionamiento del propio museo. El patrocinio es muy importante. Vivimos en una sociedad de carácter mediterráneo, y no anglosajón, en la que la consecución del patrocinio es verdaderamente complicada. También es cierto que Málaga no posee un tejido industrial potente. Nuestra primera industria sigue siendo el sector terciario, que es el turismo. Realmente, se puede decir que Málaga era más industrial en el siglo XIX que ahora. Por eso no tenemos un tejido social al que agarrarnos para conseguir estos patrocinios.

El Patronato le ha bajado el sueldo a usted y al gerente, Javier Ferrer, con el fin de contener el gasto. Y también estudia suprimir uno de los dos cargos el año próximo. Llegado el caso, ¿estaría capacitada de asumir la gerencia junto a la dirección artística?
Ni siquiera me lo he planteado. La rebaja de sueldo se ha hecho al igual que con el resto de gerentes del Ayuntamiento. Sobre el otro asunto, es una cuestión del órgano rector del museo, la comisión delegada de su Patronato. Y ahí yo no tengo nada que decir.

¿Pero la pregunta es sobre si estaría o no capacitada para asumir la gerencia?
Pero si contesto si estoy o no capacidad es que lo he pensado. Pero realmente ni siquiera me lo he planteado. Tengo este año para desarrollar mi labor y estoy satisfecha. No estoy preocupada. De momento no me planteo otra cosa. Tampoco se me ha planteado nada de forma oficial. Y nada sé oficialmente. Así que en mi mente no existe.

¿Cree que esta bicefalia directiva entorpece el normal funcionamiento del museo?
No. Pienso que no.

¿Firmará su renovación el año que viene?
De aquí a un año pueden pasar muchas cosas. Tantas... A día de hoy, tengo que decir que a mí me gusta este proyecto y creo en él. Me parece un proyecto interesante. Como valor añadido, para mí ha sido muy especial estar en los inicios de un proyecto como éste.

¿Cuáles son las fortalezas del Museo Carmen Thyssen?
Una de sus fortalezas es la propia Colección Carmen Thyssen y el vínculo a un apellido que es un símbolo dentro del coleccionismo internacional. Creo que en Málaga no se ha valorado lo suficiente que hayan pasado obras por el museo que no hubieran llegado a verse sin la presencia de la baronesa Thyssen. Hemos tenido obras fantásticas de Matisse, Braque, Juan Gris, Picasso, Renoir... Las primeras exposiciones del museo han sido un catálogo de la historia del arte. Estas obras jamás hubieran venido a Málaga si no es por el valor, el apoyo decidido y la generosidad de la baronesa. Ella tenía claro, además, que la presentación del museo a la ciudad debía contar con esa artillería. Son obras que no se suelen prestar, salvo a grandes instituciones que a la vez prestan a autores del mismo nivel. Otro factor importante del museo es el equipo. Creo en el proyecto y creo sobre todo en el equipo que lo lleva a cabo. Además, no somos un museo de gran presupuesto si lo comparamos con otros de la ciudad. Y siempre hemos apostado por exposiciones de producción propia.

También hay que felicitarles por ser el sexto museo más transparente de España y el primero de Málaga, según el último informe de la Fundación Compromiso y Transparencia.
Así es. Estamos los primeros en la categoría de ´translúcidos´ [el informe cataloga a los museos en tres categorías: transparentes, translúcidos y opacos]. Pero tomaron como base de información la página web anterior, no la que hemos renovado. Nuestra nueva página es aún más transparente. Con lo cual, esta situación podrá verse mejorada en el futuro.

¿Si las visitas crecen quiere decir que están haciendo bien las cosas y al revés?
Las visitas significan que somos atractivos y que al público le gustamos. De todas formas, en este sentido quiero decir que no todo está refrendado por las visitas en un museo. El público en general conoce diez autores, Van Gogh, Renoir, Matisse, Picasso, Sorolla y alguno más. Pero el museo también tiene una misión de investigación y de poner en valor a otros autores. No me arrepiento en nada de haber hecho la exposición de Darío de Regoyos. Era una necesidad, aunque no fue la más vista. No es un autor muy conocido por el gran público, ¿pero es por eso menos válido? No. Vivimos en una sociedad muy consumista, pero un museo no es sólo el consumo.

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