Música

"Me gusta el flamenco, no el flamenquito ni lo aflamencao"

Entrevsita a la cantaora y pianista María Toledo, que este domingo actúa en el Teatro Cervantes de Málaga

07.10.2016 | 10:47
Foto promocional de María Toledo, que acude este domingo al Teatro Cervantes.

El Cervantes recibe el domingo (19.00 horas) a la nueva sensación flamenca, María Toledo, que acude para presentar Magnética, disco de versiones de temas de Camarón, Los Chichos y Las Grecas, entre otros, nominado a los Grammy Latinos.

Llega a Málaga tras haber sido nominada a los Grammy Latinos y con un Teatro Cervantes con el cartel de sold out en la puerta. ¿Cómo está viviendo esta racha de popularidad y reconocimiento?
Te confieso que llevo casi un día entero sin dormir. Con esto quiero decir que las cosas no te las regala nadie. Yo no hago otra cosa que no sea dedicarme a la música. Y no me refiero únicamente a cantar.

¿No le alegra que lo que hace unos años era un sueño se esté poco a poco materializando?
Pienso que si uno no lucha por sus sueños, acaba luchando por los sueños de otros. Hace muchísimo tiempo que llevo soñando con esto. Y, la verdad, espero conseguirlo algún día.

¿No teme toparse con la maldición de los sueños cumplidos?
Pues es una cosa que a veces pienso. Y me pregunto: «¿Me merecerá la pena cumplir al final el sueño de mi vida?». Pero luego subo al escenario y veo a la gente feliz... En ese momento se me despejan todas las dudas y se me quitan todos los males. Se me olvida todo.

¿Cómo entró el flamenco en su vida?
A la edad de siete años, mis padres me apuntan al coro del colegio porque no podían recogerme. La profesora, que era de Málaga, descubrió que tenía muy buen oído, y le aconsejó a mis padres que me metieran en clases de música clásica. Pero mi padre, que era muy aficionado al flamenco, me llevó a dar clases con Antonio Arenas, que ha sido maestro de Camarón y Alejandro Sanz. Desde la primera vez que escuché esta música supe que quería ser cantaora.

¿Y cuándo se interesó por el piano?
El piano llegó al mismo tiempo. Iba al conservatorio y aprendía composiciones de Mozart, Beethoven y Bach. Empecé a preguntarme cómo sería mezclar flamenco con el piano. Era algo que hacía en la oscuridad de mi cuarto, hasta que un día María Jiménez me animó a que lo hiciese en la televisión. Así comenzó todo.

Hay que ser atrevido para introducir nuevas tesituras en el flamenco. ¿Sabía que los puristas devolvían La leyenda del tiempo de Camarón al grito de «¡esto no es flamenco!»?
Hay que atreverse con lo que uno siente y hacer lo que a uno le sale de dentro. Mira lo que hicieron Camarón o Enrique Morente: ellos han hecho evolucionar al flamenco.

Picasso evolucionó la pintura desde la admiración y el conocimiento de los maestros. ¿Cree que así se deben transmitir los valores del arte jondo?
El flamenco debe evolucionar como todo. Cuando fui al Reina Sofía y vi el Guernica o los cuadros de Miró, pensé que estos artistas, que hicieron lo que quisieron con la pintura, antes habían estudiado a los maestros. Esa es la buena evolución. Después te pueden criticar cómo haces esto o aquello. La crítica está ahí y tiene derecho a estar.

Al menos la comparan con artistas como Miguel Poveda o Arcángel y no la han metido en el cajón del flamenquito. ¿Le molesta este término?
No me gusta ni lo flamenquito ni lo aflamencao. Me gusta el flamenco. Este disco es, desde el primer hasta el último tema, de flamenco y de artistas flamencos. Porque Los Chichos y Las Grecas son artistas flamencos a los que he querido reivindicar.

¿Percibe los efectos de esa reivindicación del flamenco tradicional?
Lo más bonito que me ha pasado en este sentido es que niños de doce años, que acuden a mis conciertos, me digan que después de escucharme han comprado discos de La Niña de los Peines, La Perla de Cádiz o La Paquera de Jerez. Y me traen discos de ellos para que yo se los firme.

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