Crítica de arte

El artista como historiador

Como un eco, el pasado retorna de distintas formas. En la recuperación de documentos; poniendo en valor a aquellos que dieron su vida por la libertad o rechazando el legado vigente con el que gran número de ciudadanos no se sienten identificado

08.10.2016 | 13:41
Imagen de la exposición «A trip to Spain».

01 «A train to Spain. Traveling art project dedicated to Scandinavian volunteers in Spanish Civil War 1936-1939».
Coordinadora: Katariina Lillqvist Sala de Exposiciones de la facultad de Bellas Artes, hasta el 11 de octubre

Como su propio título indica, esta exposición temporal, que durará sólo dos semanas, plantea una investigación en torno a los voluntarios escandinavos que participaron en la Guerra Civil española, por parte del bando republicano, haciendo uso de multiplicidad de lenguajes que oscilan entre el documental, la performance o la animación. Denominado como proyecto transmedia, el aparato expositivo pretende hacer cómplice al espectador con lo que está ocurriendo en escena –pantalla–, para hacer retornar ciertos fantasmas del pasado. La pregunta seguiría vigente, o es que ¿hemos cerrado ya nuestras heridas del pasado? La sutura estaría del lado de reparar todo el daño producido a las víctimas del conflicto, los perdedores de la guerra. Pero, ¿qué han hecho nuestros sucesivos gobiernos al respecto? Hay una ley de memoria histórica que no se cumple, puesta en marcha por el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. A diferencia de países como Bélgica, Argentina, Chile, Inglaterra y un largo etc... en España no se ha tratado de esclarecer lo ocurrido durante la Guerra Civil, no ha habido reparación histórica, sino un echar al olvido el pasado. En esto consistió la Transición: en un acuerdo tácito entre los diferentes partidos políticos que buscaba una reconciliación entre ambos bandos que hiciera perdurar la paz; una conquista sobre la que se sustentaba la victoria franquista en la Guerra. Esto obligaba al olvido, algo inserto hoy día en gran parte de la sociedad, y a no querer hacer revivir nuestro pasado.

No obstante, y ante ello, los artistas contemporáneos de nuestro país se han posicionado y han tratado de criticar con sus proyectos el legado de la Transición y nuestra historia reciente. Proyectos como Málaga 1937, de Rogelio López Cuenca, con formato web, que recopila información sobre la invasión en Málaga del ejército franquista y la posterior huida por la carretera de Almeria por parte de la población. Lo que hace López Cuenca es un texto histórico que se nutre de distintas fuentes y que permite al espectador el que pueda reconstruir la propia historia. Por su parte, el proyecto de Francesc Torres Oscura es la habitación donde dormimos se enmarca dentro de la excavación de la fosa de Villamayor en Burgos donde se pensaba podía haber hasta 36 republicanos enterrados. Lo que hace el artista es una recopilación fotográfica de todo el proceso de la exhumación convirtiéndose el proyecto en una publicación que además de las imágenes contenía testimonios de las familias de las víctimas, informes forenses y ensayos sobre el trauma, la historia y la memoria.

A estos proyectos se pueden sumar muchos que no hacen más que reivindicar el arte como medio de cuestionar el relato dominante mediante una crítica de la historia, lo que le otorgar la función de contribuir en lo social, es decir, tener una relevancia social. La exposición A train to Spain es otra manera de recuperar la memoria de las víctimas. En este caso de brigadas internacionales escandinavos que lucharon contra el fascismo. El voluntario es una película documental de 7 minutos acerca de Martin Schei, un joven noruego que murió en 1937 a la edad de 19 años en la batalla de Brunete. El documental trata de reconstruir este último suceso de su vida basándose en un libro titulado Pasaremos. Recuperando material del archivo, fotografías familiares, imágenes de la guerra, se trata de reconstruir el relato de la historia desde otros puntos de vista. Micronarrativas que se ensamblan unas con otras como en Alcoi, otro de los conglomerados de imágenes que pueden verse en la exposición y que se estructura como cinco cortometrajes acerca de un hospital sueco-noruego en esta localidad. Intentar reconstruir lo que allí ocurrió, o una parte de lo que se vivió mediante cualquier tipo de material. Eso es, intentar narrar la historia pese a todo.

02 «Sam Wright». Martínez Bellido, comisariada por Patricia Bueno del Río
Columna JM hasta el 26 de noviembre

Tras Niebla, su último proyecto, Martínez Bellido se sitúa como uno de esos jóvenes creadores difíciles de catalogar. Su práctica transita en torno a la potencialidad de la imagen de crear desconcierto. A la creación de una narración ambivalente. Que el espectador sea quien termine la historia. En Sam Wright la historia puede tener muchas aristas y la memoria conduce a ello. Apoderarse de una colección de imágenes de Sam Wright eliminando los personajes que allí aparecen. El álbum familiar burgués de principios de siglo se convierte en el trabajo de un etnólogo en un lugar desierto. Paisajes siniestros. Una forma parece haberse desvanecido en el interior de la fotografía. El recurso artesanal de un pintor. ¿Es el artista un pintor? ¿Un fotógrafo? La superficie se convierte en un encuentro entre ambos lenguajes. Las pequeñas instantáneas han sido manipuladas para que parezca que no lo han sido. Pero la pintura deja su rastro. Es por ello que la imagen se antoja tan desconcertante y desasosegante. Ya no hay marcha atrás. La fotografía original se ha perdido en el tiempo. Tan sólo un grupo de restauradores altamente cualificados serán capaces de eliminar la capa de Martínez Bellido encima de Sam Wright. Esperemos que no se le ocurra hacerlo.

El trabajo se despliega de manera lineal por todo el espacio de la Columna JM. Los distintos formatos se van sucediendo y el movimiento performático del espectador consigue que vea el leitmotiv que aparece como opacidad ante el reflejo. El óleo rompe con la superficie luminosa del gelatinobromuro de plata. Quizás lo mágico tenga que ver con la ausencia de lo digital. Trabajar en las antípodas, con la imagen original sin posibilidad de retorno. Aparecen como formas fantasmales en algunas imágenes. Me viene a la mente el trabajo de Bill Viola, donde la presencia humana emerge de la oscuridad. En Sam Wright ese punto entre la aparición y la desaparición lo toma el paisaje que se vuelve siniestro. Como un lugar que conocemos pero que oculta algo detrás de él. Dicen que la condición y límite de lo bello. El album refleja momentos de ocio. Como unas vacaciones. La fotografía se convierte con su democratización en posibilidad de recuerdo de nuestros momentos felices. Hoy, con el auge de los medios sociales y aplicaciones como Instagram todo parece mediado por la imagen fotográfica. Si lo que visito no es fotografiable no me interesa. Estética a golpe de like, como diría Fernando Castro Flórez. Martínez Bellido no tiene Instagram pero sus imágenes ya andan por ahí, un poco como el caso de Richard Long o Robert Smithson. Desmaterializar para acabar en una sala de exposiciones.

Realmente me parecen muy bellas las imágenes. Paisajes de otro tiempo. Un trabajo capaz de hacer cohabitar distintos lenguajes y temporalidades. Opaco y claro al mismo tiempo. Como una niebla que no deja ver el camino tras de sí.

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